Capítulo 14 - Lo que Beatriz devolvía a escondidas

Chapter 14 - Capítulo 14 - Lo que Beatriz devolvía a escondidas
Instalaron las cajas en una sala segura de la fiscalía. Dos peritos comenzaron a digitalizar cada página. Ronan esperaba encontrar una historia sencilla: su familia había robado, la familia de Lucía había sido despojada y Álvaro había dedicado años a ocultarlo. Sin embargo, los libros contables mostraban algo más incómodo.
Durante los últimos ocho años, alguien había transferido dinero de sociedades personales de Beatriz a descendientes de los trabajadores muertos. Los pagos aparecían disfrazados como becas, ayudas médicas y compras de terrenos por encima del valor real. No reparaban el daño ni reconocían la culpa, pero sumaban millones de euros.
—Intentaba devolverlo —dijo Inés.
—Intentaba comprar silencio sin admitir nada —respondió Lucía.
—Tal vez las dos cosas sean ciertas.
Ronan observó la lista. El nieto de Julián, el marido de Inés, había recibido una beca completa para estudiar ingeniería en Valencia. Inés no lo sabía.
—¿Tu nieto? —preguntó.
La gobernanta leyó el nombre. Se sentó lentamente.
—Nos dijeron que era una fundación anónima.
—Beatriz.
Inés apretó la hoja.
—No sé qué hacer con esto.
—No tienes que agradecerlo —dijo Lucía—. Era dinero vuestro.
—Lo sé. Pero tampoco quiero convertirme en una mujer incapaz de ver que alguien intentó corregir una parte, aunque lo hiciera mal.
Ronan pensó en su hermana sacando a Lucía del coche, encerrándola después, mintiendo sobre la muerte de Elara y, al mismo tiempo, pagando estudios a los nietos de los hombres que su padre había traicionado. Beatriz no era inocente ni monstruosa. Era peor para la conciencia: era humana y había elegido mal muchas veces.
Seraphina terminó de declarar por la tarde. El inspector le permitió irse con protección policial. Ronan no quiso que volviera a la mansión. Ella lo aceptó y se instaló en un piso vigilado.
Antes de marcharse, pidió hablar con Elara por videollamada. Ronan dudó. La niña dijo que sí, pero solo durante un minuto.
Seraphina apareció en la pantalla sin maquillaje, con el cabello suelto.
—Lo que hice en la cocina estuvo mal —dijo—. No fue culpa tuya y no espero que me perdones.
Elara la observó.
—Mamá dijo que la idea fue suya.
Seraphina cerró los ojos un instante.
—La idea de fingir una pelea fue suya. Poner el cuenco y pedirte que te quedaras fue mío. Nadie más tiene la culpa de esa parte.
—Bosco ya lo usa otra vez.
—Me alegro.
—Yo todavía no quiero verte.
—Lo entiendo.
Elara terminó la llamada. Ronan sintió orgullo y tristeza a la vez. Su hija estaba aprendiendo a poner límites antes que muchos adultos.
Al anochecer, Beatriz aceptó reunirse en la antigua casa de su madre, un piso vacío cerca del Retiro. Llegó sola. Parecía no haber dormido.
Ronan dejó sobre la mesa la lista de pagos.
—¿Por qué?
—Porque descubrí los libros cuando murió papá. Álvaro quería quemarlos. Yo hice copias.
—¿Por qué no denunciaste?
—Porque mi firma aparecía en la clínica de Lucía. Porque había mentido a la policía. Porque el consejo habría caído, miles de empleados podían perder sus trabajos y yo me dije que podía reparar el pasado sin destruir el presente.
Lucía se sentó frente a ella.
—Me mantuviste encerrada tres años.
Beatriz palideció.
—No fueron tres años.
—Marta… Claudia encontró los registros. Fabián renovaba cada mes una orden privada firmada por ti.
—Firmé durante siete meses. Después Álvaro me dijo que te habían trasladado a Portugal y que habías decidido no regresar.
—¿Le creíste?
—Quise creerle.
Lucía asintió con amargura.
—Otra forma elegante de decir que no preguntaste.
Beatriz la miró.
—No espero que me perdones.
—Entonces deja de hablar como si ya hubieras aceptado el castigo. Todavía no has contado todo.
Ronan mostró la nota de Esteban sobre la falsa Marta.
—Papá sabía que Claudia estaba viva.
—Sí.
—¿Quién es su padre?
Beatriz no respondió.
—Álvaro —dijo Lucía—. Ella lo ha confirmado.
—Álvaro cree que lo es —contestó Beatriz.
La precisión los detuvo.
—¿Qué significa eso? —preguntó Ronan.
—Elena Luján tenía una relación con él. Cuando nació Claudia, le permitió creer que era su hija porque necesitaba protección. Pero papá hizo una prueba de sangre años después.
—¿Y?
Beatriz miró a su hermano.
—Claudia era hija de Esteban Valdés.
Ronan tardó varios segundos en comprender. Claudia no solo era hermana de Lucía por parte de madre. También era hermana de Ronan por parte de padre.
—Papá tuvo una hija con Elena —dijo.
—Sí. Y Álvaro pasó toda la vida creyendo que Elena le había dado una hija, cuando en realidad ella había tenido una relación con su mayor rival.
—¿Claudia lo sabe?
—No.
—¿Por qué Esteban no la reconoció?
Beatriz soltó una risa rota.
—Porque reconocerla habría demostrado que se apropió de la empresa de la mujer con la que mantenía una relación. Papá era capaz de amar a alguien y destruirla para conservar su apellido.
Ronan se levantó y caminó hasta la ventana. La ciudad brillaba abajo, indiferente a los árboles genealógicos de una familia que había confundido propiedad con afecto.
—Tenemos que decírselo.
—Si se entera ahora, entregará la confesión a Álvaro para demostrar que sigue siendo su padre. No la conoces.
—Tú tampoco. Solo conoces la versión que necesitabas vigilar.
Beatriz abrió el bolso y sacó una memoria pequeña.
—Aquí están las grabaciones de la clínica, las órdenes firmadas y los pagos de Álvaro a Fabián. Os las doy si prometéis que Elara no comparecerá públicamente.
—No puedes poner condiciones —dijo Lucía.
—No es por mí. Álvaro ha preparado una campaña para decir que utilizáis a una niña como heredera de una venganza. La convertirá en un símbolo y después en una sospechosa.
Ronan cogió la memoria.
—Entregaremos la verdad a un juez. No a una rueda de prensa.
Beatriz asintió. Parecía aliviada.
Al salir del piso, dos agentes de la Unidad de Delitos Económicos esperaban en el rellano.
—Beatriz Valdés —dijo uno—, queda detenida por detención ilegal, falsedad documental y obstrucción a la justicia.
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Beatriz miró a Ronan, convencida de que él la había denunciado.
Pero la orden se basaba en documentos que solo Claudia tenía.