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Capítulo 06 - El hermano que nadie debía ver

Chapter 06 - Capítulo 06 - El hermano que nadie debía ver

Audrey no había visto a Mateo desde el funeral de su madre.

Él tenía entonces veintitrés años y una rabia que parecía dirigida contra toda la familia. Se marchó a Londres poco después, rechazó un puesto en el Grupo Navarro y dejó de responder a sus mensajes.

Durante años, Audrey creyó que simplemente había elegido desaparecer.

Ahora descubría que su hermano había estado cerca todo el tiempo.

—¿Qué significa “infiltrado”? —preguntó.

Esteban permaneció de pie junto a la chimenea apagada.

—Mateo regresó hace dos años con otro apellido y compró una participación minoritaria en la empresa de Dominic. Quería saber por qué Northbridge estaba adquiriendo deudas vinculadas al Grupo Navarro.

—¿Y tú se lo pediste?

—Al principio, no. Después acepté ayudarlo.

Audrey se quedó mirándolo.

—Mientras yo cenaba con Dominic, mientras preparaba la habitación de Leo, mi padre y mi hermano investigaban a mi marido sin decirme nada.

—Intentábamos protegerte.

—La gente que quiere protegerme tiene una costumbre extraña: siempre empieza mintiéndome.

Paloma entró con una taza de caldo y se detuvo al notar la tensión. Audrey le pidió que la dejara sobre la mesa.

—¿Mateo se llevó a Marta? —preguntó.

—No lo sé —admitió Esteban—. Desde anoche no responde.

Inés revisó los movimientos de vehículos alrededor del hospital. Una cámara municipal captó a Marta subiendo voluntariamente a un coche oscuro conducido por Mateo. No parecía forcejeo. Sin embargo, el vehículo desaparecía después en una zona sin cámaras.

A mediodía, alguien llamó al teléfono fijo de la casa.

Paloma respondió. Escuchó unos segundos y entregó el auricular a Audrey.

—Es una mujer. Dice que trabaja para Dominic.

—¿Señora Blake? —preguntó una voz nerviosa—. Me llamo Clara Molina. Soy la asistente ejecutiva de su marido.

Audrey recordaba a Clara. Una mujer discreta de unos cuarenta años que siempre organizaba los viajes, compraba los regalos que Dominic olvidaba y pedía disculpas por retrasos que no eran culpa suya.

—¿Qué quiere?

—Entregarle algo antes de que me encuentren.

—¿Quiénes?

—Victoria tiene gente revisando los correos y las cámaras. Dominic cree que soy leal, pero esta mañana descubrió que copié archivos.

Audrey miró a Inés, que ya estaba tomando notas.

—¿Qué clase de archivos?

—Contratos, informes médicos, borradores de demandas. También grabaciones de reuniones. No sabía lo que planeaban hasta hace tres semanas.

—¿Y por qué no me avisó entonces?

Clara tardó en responder.

—Porque necesitaba el sueldo. Mi marido murió hace un año y tengo dos hijas. Me dije que solo eran maniobras empresariales. Después escuché cómo hablaban del bebé.

La honestidad imperfecta de la respuesta hizo que Audrey la creyera más que una declaración heroica.

Acordaron un encuentro en una iglesia pequeña del barrio de Chamberí. Inés fue acompañada por un investigador. Esteban insistió en que Audrey se quedara en casa.

Esta vez ella aceptó, no por obediencia, sino porque la cicatriz ardía y Leo necesitaba alimentarse.

Clara llegó con gafas oscuras y un abrigo demasiado grueso para la estación. Entregó una memoria USB y una llave de consigna.

—¿Dónde está Dominic? —preguntó Inés.

—Con su madre. Están preparando una reunión extraordinaria del consejo.

—¿Para qué?

—Para declarar incapaz temporalmente a Audrey y nombrar a Dominic representante de sus acciones.

—No pueden hacerlo sin resolución judicial.

—No necesitan que sea legal para crear pánico entre los accionistas. Solo necesitan que parezca inevitable.

Clara miró hacia la puerta de la iglesia.

Contó que, durante meses, había visto a Dominic quedarse solo en su despacho después de las reuniones con Victoria. A veces rompía borradores de demandas. Otras veces llamaba a Audrey y cambiaba de voz en cuanto ella respondía, como si intentara cruzar una frontera entre dos vidas.

—Una noche me pidió que cancelara todo —dijo Clara—. A la mañana siguiente, Victoria llegó antes que nadie y me ordenó restaurar los archivos. Dominic no volvió a mencionarlo.

—Eso significa que tuvo oportunidades —respondió Inés.

—Sí. Y no las utilizó.

Clara no pretendía salvarlo. Esa ausencia de indulgencia hizo que su relato resultara aún más creíble.

—Hay algo más. Dominic no sabía nada del fideicomiso cuando conoció a Audrey. Victoria sí, pero él se enamoró de verdad. Ella esperó hasta después de la boda para contárselo.

—Eso no cambia lo que ha hecho.

—No. Pero explica por qué discuten. Él quería retirarse del plan cuando Audrey se quedó embarazada.

—Y aun así la dejó en la calle.

Clara bajó la cabeza.

—Victoria le enseñó una prueba de paternidad. Le dijo que Audrey llevaba años engañándolo y que el niño era la forma de entregarle la empresa a Esteban. Dominic no sabía que el informe era falso.

Inés guardó la memoria.

—¿Qué hay en la consigna?

—Los documentos originales. Si me pasa algo, ábranla.

Clara salió por una puerta lateral.

Veinte minutos después, un coche embistió el suyo en un cruce. Sobrevivió, pero quedó inconsciente y fue trasladada a otro hospital bajo identidad protegida.

Aquella noche, Inés conectó la memoria USB en un ordenador sin acceso a internet. Había cientos de archivos.

Audrey escuchó primero una grabación fechada cuatro días antes del nacimiento de Leo.

La voz de Victoria sonaba serena:

—En cuanto dé a luz, estará débil. Dominic conseguirá la firma o presentaremos la evaluación psicológica.

Una voz masculina respondió:

—¿Y si llama a Esteban?

—No lo hará. Lleva tres años creyendo que su padre intentó comprar a su marido.

Dominic intervino entonces, tenso:

—No voy a quitarle el bebé.

Victoria soltó una risa breve.

—No te estoy preguntando qué quieres.

Se oyó una silla arrastrándose.

—Esto termina aquí —dijo Dominic—. No pienso seguir.

La siguiente voz hizo que Audrey dejara de respirar.

—Ya es demasiado tarde para arrepentirse.

No era Victoria.

No era Dominic.

Era Mateo.

En la grabación, el hermano de Audrey parecía formar parte del plan.

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Y a continuación pronunció la frase que lo cambiaba todo:

—Cuando ella firme, yo me ocuparé de que Esteban nunca llegue hasta el niño.

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