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Capítulo 16 - La página siete

Chapter 16 - Capítulo 16 - La página siete

Esteban pidió que todos regresaran a la casa de la calle Serrano antes de hablar.

Audrey se negó.

—Llevas dieciocho años eligiendo el lugar, el momento y la versión. Hablarás aquí.

Estaban en el porche de la casa de la sierra. Victoria acababa de ser trasladada. Dominic recibía atención médica dentro de una ambulancia y Leo dormía de nuevo contra el pecho de Audrey, ajeno al círculo de adultos que discutía sobre su futuro.

Esteban miró la página siete.

—La retiré dos días después del funeral —dijo—. El original completo estaba depositado en el archivo de Inés. Yo tenía una copia certificada para el consejo.

—¿Por qué esa página acabó en poder de Victoria? —preguntó Mateo.

—Porque no la destruí. La guardé con los documentos del fraude de Gabriel. Hace seis meses desapareció la caja.

Inés entendió de inmediato.

—Ricardo tenía acceso a mi archivo externo cuando preparó la defensa de una filial.

Esteban asintió.

—Debió entregársela a Victoria.

Mateo caminó hasta el borde del porche y volvió.

—Mamá dejó escrito que Audrey y yo debíamos compartir la herencia. Tú decidiste que era demasiado peligroso y cambiaste el documento.

—No cambié el original.

—Presentaste una copia incompleta como si fuera completa.

—Sí.

—Eso se llama mentir.

Esteban no se defendió.

La página no entregaba a Mateo la mitad del treinta y ocho por ciento de forma permanente.

Audrey leyó en voz alta los nombres de algunas sociedades perjudicadas. Detrás de cada cifra había pequeños negocios, jubilaciones y viviendas vendidas para cubrir pérdidas. Elisa había escrito una nota al margen: «La vergüenza de Gabriel no debe convertirse en comodidad para nuestros hijos».

Mateo se sentó en el escalón del porche.

—Yo odiaba esta empresa porque creía que mamá murió intentando salvarla —dijo—. Resulta que quería obligarnos a cambiarla.

Audrey acomodó a Leo contra su hombro. Su hijo heredaría un apellido, pero ella podía decidir si heredaba también la costumbre de considerar las consecuencias como problemas de otra generación.

—Cumpliremos la cláusula —dijo—. Aunque nos cueste más de lo que recibamos.

Esteban la miró con una mezcla de orgullo y vergüenza.

Esta vez no dijo que Elisa habría estado orgullosa. No utilizó la memoria de una mujer muerta para influir en una decisión que ya pertenecía a sus hijos. Establecía una cotitularidad durante cinco años, tiempo suficiente para identificar a las familias perjudicadas por el fraude de Gabriel y crear un fondo de reparación. Después, Audrey podría decidir si conservaba las acciones, las dividía con su hermano o las transfería a una fundación.

—Mamá no quería castigarnos —dijo Mateo, leyendo otra vez—. Quería obligarnos a trabajar juntos.

—Y papá pensó que podía mejorar su decisión —respondió Audrey.

Esteban parecía agotado.

—Cuando Elisa murió, vosotros apenas os hablabais. Mateo se marchó. Tú me culpabas por todo. Pensé que esa cláusula os encadenaría a un escándalo que no habíais creado.

—Así que cargaste tú con el secreto —dijo Audrey—. Y luego utilizaste ese sacrificio para justificar cada control.

—No espero que me perdonéis.

—Bien. Porque el perdón no puede ser otra decisión que tomes por nosotros.

Inés explicó que la aparición de la página no anulaba el fideicomiso. Al contrario, confirmaba su existencia y mostraba que Victoria había ocultado pruebas relevantes. Pero también exponía a Esteban a una investigación por manipulación documental y encubrimiento.

—Presentaremos el documento completo —dijo Audrey.

Esteban levantó la cabeza.

—Eso puede costarme la presidencia.

—Lo sé.

—Puede abrir de nuevo el caso Gabriel.

—También lo sé.

—Y puede reducir el valor de la empresa.

Audrey miró a su padre con una serenidad que no tenía una semana atrás.

—Una empresa que solo conserva su valor escondiendo a quienes dañó no vale lo que dice valer.

Mateo se colocó a su lado.

—Presentaremos todo.

Fue la primera decisión que tomaron juntos.

Dominic salió de la ambulancia con el brazo vendado. Se acercó lentamente, sin pedir ver a Leo.

—La policía quiere que declare esta noche —dijo—. Les entregaré las grabaciones que guardé en una cuenta privada.

—¿Qué contienen? —preguntó Inés.

—Conversaciones con Victoria y Ricardo. También una llamada en la que acepté solicitar la administración temporal de las acciones de Audrey.

—Eso te incrimina —dijo Mateo.

—Lo sé.

Dominic miró a Audrey.

—Firmaré la custodia provisional exclusiva a tu favor. No impugnaré que Leo viva contigo.

—Eso no borra nada.

—No intento borrarlo.

Sacó del bolsillo un papel doblado. Era una carta escrita a mano.

—Es para él. No ahora. Cuando sea mayor, si tú consideras que debe leerla.

Audrey no la tomó de inmediato.

—No convertiré a Leo en el lugar donde descargues tu culpa.

—Entonces quémala. Pero necesitaba escribir la verdad una vez sin que mi madre me dijera cuál era.

Audrey aceptó el sobre y se lo entregó a Inés para que lo guardara.

Dominic observó a su hijo durante unos segundos.

—Cuando lo tuve en brazos dentro de la casa, pensé que salvarlo arreglaría algo. No arregló nada.

—Porque proteger a tu hijo no es una hazaña —dijo Audrey—. Es tu obligación.

Él asintió.

Antes de subir al coche policial, se volvió hacia Esteban.

—Victoria va a ofrecerles tu cabeza para reducir su condena.

—Que lo intente.

—Tiene una grabación en la que admites haber pagado al investigador del accidente para cambiar la hora del informe.

Esteban palideció.

Audrey lo miró.

—¿También es verdad?

—La hora oficial hacía parecer que Elisa había muerto antes de llegar la ambulancia. Yo la cambié para ocultar que sobrevivió y habló con Inés.

—¿Por qué?

—Porque su declaración protegía a Victoria del fraude y revelaba la identidad de Dominic. Pensé que cumplir su última voluntad exigía silencio.

Audrey cerró los ojos un instante.

Incluso la verdad de Elisa había sido enterrada en nombre del amor.

Horas después, la fiscal llamó a Inés.

Victoria aceptaba devolver el dinero, identificar a sus cómplices y entregar los archivos de Northbridge. A cambio, quería un acuerdo reducido y una condición adicional.

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Exigía que Esteban fuera acusado junto a ella.

Y había presentado una grabación que podía conseguirlo.

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