Capítulo 10 - La trampa escondida en el voto

Chapter 10 - Capítulo 10 - La trampa escondida en el voto
Mateo no explicó nada hasta que las puertas del consejo se cerraron.
Victoria y tres de sus aliados seguían dentro del edificio. Creían haber ganado tiempo. Dominic se había marchado a una sala contigua, incapaz de mirar a nadie después de conocer la verdad sobre su nacimiento.
Audrey encontró a su hermano en el pasillo.
—Tienes diez segundos —dijo—. Después llamaré a seguridad y haré que te saquen.
Mateo mostró una copia de los estatutos internos.
—Si la participación de mamá se reconocía por mayoría simple, Victoria podía impugnarla alegando que el consejo había votado bajo información incompleta. Nos habría mantenido años en los tribunales.
—Así que votaste con ella.
—Voté para provocar un bloqueo superior al treinta por ciento. Lee la cláusula cuarenta y dos.
Inés tomó el documento. La disposición, añadida por Elisa poco antes de morir, establecía que cualquier oposición coordinada a la incorporación de un heredero activaría una auditoría automática sobre la titularidad real de todos los bloques de voto relacionados.
Mientras durara la auditoría, las acciones financiadas mediante sociedades vinculadas quedaban congeladas.
—Las empresas de Victoria están conectadas a Northbridge —dijo Mateo—. Su treinta y uno por ciento acaba de quedarse sin voto.
Mateo explicó que había pasado dos años asistiendo a cenas donde Victoria hablaba de Audrey como de una niña caprichosa. Había votado con sus aliados, aceptado insultos contra su propia familia y permitido que Dominic creyera que despreciaba a su hermana.
—No lo hice solo por ti —admitió—. También quería demostrar que papá se equivocó al pensar que yo había huido de todo.
Audrey vio entonces que la infiltración no había sido una aventura limpia. Su hermano también había utilizado la misión para resolver una herida antigua. En aquella familia, incluso los actos valientes llevaban mezclada una necesidad personal.
—Cuando esto termine —dijo ella—, tendremos que aprender a hablarnos sin disfraces.
—No se me da bien.
—A ninguno.
Esteban entendió antes que Audrey.
—Y con sus acciones suspendidas, Audrey no necesita mayoría. Solo probar la validez del fideicomiso.
—Exacto.
Audrey miró la cruz dentro del círculo junto a la firma de Mateo.
—Podrías habérmelo dicho.
—Si Victoria sospechaba la trampa, habría retirado a dos consejeros antes de la votación y no se habría alcanzado el porcentaje de bloqueo.
—Otra mentira para protegerme.
Mateo aceptó el reproche.
—Sí. Y cuando esto termine, podrás decidir si quieres volver a verme. Pero hoy necesitaba que ella creyera que me había comprado.
En ese momento, varios agentes de la unidad de delitos económicos entraron en la planta. Llevaban órdenes para registrar las oficinas de Northbridge, la Fundación Belmonte y el despacho de Ricardo Vela.
Victoria salió de la sala acompañada por su abogado.
—Esto es una puesta en escena —dijo.
—No —respondió Audrey—. La puesta en escena fue dejarme frente al hospital para que pareciera una mujer abandonada y confusa. Esto es una auditoría.
Victoria la observó con un desprecio sereno.
—Te pareces más a tu padre cada día.
—No. Me estoy pareciendo a mí.
Los investigadores incautaron ordenadores y cajas. En el despacho reservado para Dominic encontraron borradores de una solicitud de custodia, informes psicológicos sin firma y una carpeta titulada «Contingencia A.N.».
Dentro había una póliza de seguro de vida por veinte millones de euros a nombre de Audrey.
La fecha de contratación era de nueve meses atrás, pocos días después de confirmarse el embarazo.
La firma de Audrey aparecía al final de cada página.
—Nunca he visto esto —dijo.
Inés revisó el beneficiario. No era Dominic directamente. Era un fideicomiso para Leo administrado por Northbridge durante la minoría de edad del niño.
Si Audrey moría, Dominic controlaría el dinero como representante legal y Northbridge cobraría varias deudas garantizadas con la póliza.
—Es una garantía financiera —explicó Mateo—. Usaron tu vida como aval para mantener a flote la empresa.
Audrey sintió un sabor metálico en la boca.
—¿Dominic firmó?
En la página de autorización del cónyuge estaba su firma manuscrita.
Esta vez no parecía falsificada.
Dominic regresó a la sala cuando ya habían colocado la póliza en una bolsa de pruebas. Al verla, se detuvo.
—Eso no es lo que parece.
Audrey soltó una risa amarga.
—Llevas cuatro días diciendo exactamente lo mismo.
—Mi madre dijo que era una protección familiar. Que si algo ocurría durante el embarazo, Leo estaría cubierto.
—¿Leíste el documento?
Dominic no contestó.
—Firmaste una póliza sobre mi vida sin decírmelo.
—Confiaba en ella.
—Y esperabas que yo confiara en ti.
La policía pidió a Dominic que entregara su teléfono y permaneciera disponible. No fue detenido, pero su rostro dejó claro que comprendía lo cerca que estaba.
Audrey se sentó. La cicatriz palpitaba bajo la ropa y Leo comenzaba a despertarse en brazos de Paloma.
Dominic se acercó un paso.
—Quiero hacer una prueba de paternidad real.
—La harás cuando lo ordene el juzgado y bajo supervisión independiente.
—Audrey, si es mi hijo…
—Es tu hijo. Yo nunca dudé. Tú elegiste dudar porque la mentira te convenía.
Dominic bajó la mirada.
—No sabía lo de la póliza como aval.
—Quizá no. Pero sabías que me estabas ocultando algo.
Un agente llamó a Inés desde el despacho. Habían encontrado un correo eliminado, enviado por Ricardo Vela a Victoria durante la cesárea.
El asunto decía: «La contingencia puede activarse hoy».
El cuerpo del mensaje contenía una sola línea:
«El riesgo hemorrágico ha aumentado; si no sale del hospital, Northbridge queda salvada».
Audrey sostuvo a Leo con más fuerza.
Dominic leyó el correo por encima del hombro del agente y perdió el color.
—Yo no sabía nada de esto.
Nadie respondió.
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Porque por primera vez, incluso él parecía comprender que su madre no solo había preparado una vida después de la posible muerte de Audrey.
Había esperado que esa muerte ocurriera.