Capítulo 03 - La mujer antes de Patricia

Chapter 03 - Capítulo 03 - La mujer antes de Patricia
El marido fallecido de Patricia, Richard Whitmore, había estado casado antes.
La primera esposa se llamaba Eleanor Voss.
Claire encontró el matrimonio en los registros del condado de Westchester: duró seis años y terminó en una anulación, no en divorcio. Dos meses después, Eleanor ingresó en una clínica psiquiátrica privada. Permaneció allí casi una década.
—¿Sigue viva? —preguntó Madison.
—Sí. Tiene setenta y cuatro años y vive en Vermont.
—¿Qué tiene que ver conmigo?
Claire conectó la memoria USB.
Había documentos médicos escaneados, extractos bancarios y una grabación de vídeo antigua. En ella aparecía Eleanor, mucho más joven, sentada en una habitación de hospital.
—Richard dice que estoy confundida —decía—. Patricia dice que me ayudará si firmo. Pero cambiaron mis pastillas. No puedo mantenerme despierta.
Madison sintió un escalofrío.
La grabación terminaba con una enfermera retirando la cámara.
Dana pidió que no tocaran nada más hasta que un técnico forense examinara el dispositivo.
—Quien envió esto conoce la historia de la familia —dijo.
—¿Ethan? —preguntó Madison.
—El mensaje dice que no sabía lo de las cápsulas. Puede ser un intento de protegerlo.
Claire se cruzó de brazos.
—O de dividir responsabilidades antes de que empiecen los interrogatorios.
La policía localizó al doctor Howard Sloan esa tarde.
Negó haber escrito la declaración sobre Madison. Su firma había sido copiada de un informe antiguo. Sin embargo, reconoció que Patricia lo llamó dos semanas antes del parto.
—Preguntó qué síntomas justificarían una observación psiquiátrica posparto —explicó por videollamada—. Creí que estaba preocupada por los antecedentes de Madison.
—¿Le dio información? —preguntó Dana.
Sloan bajó la mirada.
—General. Nunca imaginé que usaría mi nombre.
Claire fue menos amable.
—Le describió exactamente cómo conseguir una evaluación de incapacidad.
—No sabía lo que pretendía.
Madison escuchó aquella frase por segunda vez en pocas horas.
No sabía.
Parecía la oración favorita de los adultos cuando las consecuencias llegaban.
Mientras tanto, Ethan permanecía en un hotel bajo orden de no acercamiento. Su abogado pidió una audiencia urgente para permitirle conocer a Emma. Alegó que la grabación mostraba una disputa patrimonial, no intención de causar daño físico.
Claire leyó la petición en voz alta.
—Dice que actuó bajo «información errónea proporcionada por terceros».
—Su madre —dijo Madison.
—No la nombra.
—Claro.
La audiencia se celebraría en cuarenta y ocho horas.
Madison no había dormido más de veinte minutos seguidos. Emma necesitaba alimentarse cada dos horas. El dolor aumentaba al caminar y una parte de su cuerpo seguía esperando oír el pitido de la cerradura.
La enfermera Nina la encontró mirando la puerta.
—Aquí nadie entra sin permiso —dijo.
—Lo sé.
—Saberlo y sentirlo no son lo mismo.
Madison empezó a llorar entonces. No por Ethan ni por Patricia. Lloró porque una desconocida había entendido algo que su marido llevaba meses negándose a ver.
Nina se sentó a su lado.
—¿Quiere que llame a alguien?
Madison pensó en su padre, muerto cinco años atrás. En su madre, fallecida cuando ella era adolescente. En la casa enorme que había compartido con Ethan, llena de habitaciones y vacía de personas a las que llamar.
—A Noah Bennett —dijo al final.
Noah era el vecino que había roto el resto de la ventana del sótano para ayudar a los paramédicos a sacarla. Tenía treinta y siete años, trabajaba como bombero y apenas conocía a Madison más allá de saludos en la entrada.
Llegó con una bolsa de ropa que la policía había recuperado de la casa.
—No sabía qué necesitabas —dijo—. Cogí cosas de varios tamaños.
Dentro había un pijama, calcetines, cargadores, una manta y el osito de tela que Madison había comprado para Emma.
—Gracias.
Noah evitó mirar los documentos sobre la mesa.
—La señora Wallace quiere saber si puede venir. Dice que la niña debería conocer a la mujer cuyo nombre lleva.
Madison sonrió por primera vez.
—Mañana.
Noah se quedó junto a la ventana.
—Hay algo que debo contarte.
La noche del encierro, antes de oír a Madison, había visto el coche de Ethan aparcado dos calles más abajo. Ethan estaba dentro con otro hombre. Cuando llegó la ambulancia, el segundo hombre se marchó en un sedán negro.
—¿Lo reconociste?
—No entonces.
Noah mostró una fotografía tomada por la cámara de su timbre.
El hombre era Bryce Caldwell, abogado corporativo de Patricia.
El mismo nombre aparecía como redactor del documento que Madison debía firmar.
Claire amplió la imagen.
Bryce sostenía una caja pequeña de farmacia.
Dana llamó de inmediato al equipo de investigación.
Media hora después, encontraron a Bryce en el aeropuerto de LaGuardia. Llevaba un billete a Zúrich y tres teléfonos.
En uno de ellos había mensajes con Patricia.
«Las cápsulas ya están mezcladas».
«Ethan solo debe mantenerla dentro hasta que esté suficientemente desorientada».
«Si llama a emergencias, activa el plan Eleanor».
Madison leyó la última frase.
—¿Qué es el plan Eleanor?
Claire no contestó.
Dana sí.
—Convertir a una esposa en paciente antes de que pueda acusar a la familia.
Pero el mensaje siguiente cambió la historia.
Había sido enviado por Ethan.
«No volveré a darle nada. Esto se está saliendo de control».
Madison sintió una punzada de confusión.
Ethan sabía que existía algo.
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Quizá no las cápsulas.
Quizá algo peor.