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Capítulo 02 - La grabación de la casa

Chapter 02 - Capítulo 02 - La grabación de la casa

La policía pidió a Ethan y Patricia que abandonaran la planta.

Patricia protestó durante tres minutos. Ethan no.

Se marchó mirando hacia atrás, como si esperara que Madison cambiara de opinión antes de que las puertas del ascensor se cerraran.

No lo hizo.

Cuando la habitación quedó en silencio, Madison volvió a sentarse. El dolor de la cesárea le atravesó el abdomen. Claire le acomodó una almohada detrás de la espalda, mientras la agente —Dana Brooks— revisaba las copias de la orden.

—Ha hecho bien en no discutir más —dijo Dana.

Madison observó la puerta.

—Sigue siendo el padre de Emma.

—Eso no obliga a que hoy sea seguro.

La frase le permitió respirar.

Durante meses, Ethan había convertido cada límite en una acusación contra él. Si Madison pedía revisar las cuentas, era desconfianza. Si no quería firmar un documento sin leerlo, era falta de apoyo. Si se negaba a vivir con Patricia después del nacimiento, estaba intentando separar a la familia.

Había llegado a preguntarse si realmente era difícil de querer.

Ahora sostenía a una niña de tres kilos que dormía sin saber nada del miedo que había precedido a su llegada.

Claire abrió el portátil.

—Tenemos que revisar la grabación.

El sistema de seguridad de Riverside guardaba audio en los sensores interiores cuando se activaba una alarma médica. Ethan había intentado borrar los registros a las 23:08. La empresa conservaba una copia automática durante veinticuatro horas.

Dana consiguió una orden urgente.

El primer archivo comenzó a las 21:31.

Se oyó a Madison llamando desde el pasillo.

—Ethan, la puerta no abre.

Después, la voz de Ethan a través del altavoz del sistema.

—Firma el documento que está sobre la mesa.

Madison cerró los ojos.

Había olvidado el tono exacto: tranquilo, casi cansado.

En la grabación, ella jadeaba.

—Estoy de parto. Llama a una ambulancia.

—El hospital está a doce minutos. Firmas y voy a buscarte.

—No puedo bajar bien las escaleras.

Otra voz apareció al fondo.

Patricia.

—No le sigas el juego. Siempre encuentra una crisis cuando pierde el control.

Dana detuvo el audio.

—¿Quiere continuar?

Madison miró a Emma.

—Sí.

La grabación siguió.

Se oía a Madison intentar abrir la puerta trasera, después la del garaje. Cada vez, el sistema emitía un pitido.

Ethan habló otra vez.

—Solo es una autorización temporal. Si algo te pasa durante el parto, mi madre necesita capacidad para tomar decisiones sobre la niña y sobre las acciones.

—La niña no es una acción.

—No empieces con eso.

Luego llegó un sonido que Madison no recordaba haber hecho: un gemido bajo, animal, cuando una contracción la obligó a arrodillarse.

Ethan guardó silencio durante nueve segundos.

—Madison, ¿de verdad ha empezado?

—He roto aguas. Te lo he dicho cinco veces.

Patricia respondió:

—Puede estar fingiendo.

Dana cerró los ojos un instante.

Claire anotó la hora.

La grabación duraba cuarenta y siete minutos. A los treinta y dos, Ethan llamó a un abogado. No a emergencias.

—Todavía no ha firmado —dijo—. ¿Podemos activar el documento con consentimiento verbal?

El abogado respondió que no.

A los treinta y ocho minutos, Madison rompió el cristal pequeño de una ventana del sótano con una maceta. El ruido activó la alarma exterior.

Una vecina, Emma Wallace, llamó al 911.

Ethan llegó a la casa nueve minutos después que la ambulancia.

Para entonces, Madison ya estaba dentro del vehículo.

—Dijo a los paramédicos que yo sufría un ataque de pánico —murmuró.

Dana asintió.

—También pidió que la llevaran a un hospital de la red Whitmore.

—Yo elegí St. Anne.

—Eso probablemente les salvó de controlar el expediente desde el principio —dijo Claire.

Madison levantó la mirada.

—¿Controlarlo para qué?

Claire giró el portátil.

El documento que Ethan quería que firmara no era una simple autorización médica. Transfería temporalmente a Patricia el voto sobre un fideicomiso creado por la abuela de Madison.

El fideicomiso contenía acciones de Parker Biolabs, la empresa fundada por el padre fallecido de Madison.

Mientras Madison no tuviera hijos, ella controlaba el sesenta por ciento.

Cuando naciera un descendiente vivo, el cuarenta por ciento pasaría a un fideicomiso infantil administrado por ambos progenitores.

Pero había una cláusula.

Si Madison era declarada incapaz durante las primeras setenta y dos horas tras el parto, el otro progenitor obtenía control total provisional sobre ambos paquetes.

—Querían que firmara antes de que naciera Emma —dijo Madison.

Claire no respondió de inmediato.

—Querían evitar que pudieras bloquear decisiones durante la transición.

—¿Qué decisiones?

La abogada abrió un correo recuperado del teléfono de Ethan.

Había sido enviado por Patricia a un banco de inversión.

«La adquisición puede cerrarse en cuanto nazca la niña. Ethan tendrá los votos necesarios si Madison permanece bajo observación psiquiátrica».

Madison sintió náuseas.

Parker Biolabs estaba a punto de vender una patente relacionada con tratamientos neonatales. Su padre había rechazado ofertas durante años porque temía que la patente terminara siendo utilizada para aumentar precios.

—¿A quién pensaban vender? —preguntó.

Claire amplió el nombre del comprador.

Whitmore Health Ventures.

La empresa de Patricia.

Ethan no solo quería control.

Quería que Madison financiara la expansión de su familia con el legado de la suya.

Dana recibió una llamada y salió al pasillo.

Volvió con el rostro serio.

—Tenemos otro problema.

El laboratorio del hospital había encontrado un sedante en la sangre de Madison.

—No me dieron nada antes de llegar.

—Lo sabemos.

Claire revisó el historial prenatal.

Madison tomaba vitaminas preparadas por una farmacia privada recomendada por Patricia. El último frasco había llegado cuatro días antes del parto.

Dana colocó una bolsa de pruebas sobre la mesa.

Dentro estaban las cápsulas.

—La policía analizó una —dijo—. Contiene una dosis baja de clonazepam.

Madison miró a Emma.

—¿Querían que pareciera inestable?

—O que estuviera demasiado sedada para resistirse —respondió Claire.

En ese momento, la enfermera entró con una caja.

—Alguien dejó esto en recepción para la señora Parker.

No tenía remitente.

Dentro había una memoria USB y una nota escrita a mano.

«Ethan no sabía lo de las cápsulas. Pregunte a Patricia qué le ocurrió a la primera esposa de su marido».

Madison nunca había oído hablar de otra esposa.

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Pero Claire sí.

Y la expresión de la abogada dejó claro que el secreto era peor de lo que parecía.

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