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Capítulo 12 - El precio de un padre

Chapter 12 - Capítulo 12 - El precio de un padre

Bryce no pidió dinero.

Pidió control.

Quería que Madison firmara una autorización irrevocable sobre el fideicomiso infantil, una declaración retirando las acusaciones contra Ethan y un acuerdo de venta de la patente a una sociedad extranjera.

—Tienes una hora —dijo—. Si llamas a la policía, tu padre no llegará a verte.

La imagen se cortó.

Madison permaneció inmóvil con Emma en brazos.

Ruth habló primero.

—No firmaremos nada válido.

—Tiene a mi padre.

—Y quiere que reacciones como Patricia esperaba aquella noche: bajo miedo, sin tiempo y creyendo que obedecer es la única salida.

Dana ya rastreaba la señal. La llamada había rebotado por tres torres, pero el fondo mostraba agua y una luz roja intermitente.

Noah miró la grabación.

—Eso no es la estación meteorológica. Es el viejo faro de Tibbetts Point.

Había trabajado en un rescate allí el invierno anterior.

Dana envió unidades sin sirenas.

Madison recibió los documentos por correo electrónico. Claire, todavía presente como testigo y no como abogada, detectó una cláusula escondida: incluso si la firma era obtenida bajo coacción, Bryce pretendía usarla para abrir una cuenta puente durante minutos. Le bastaba ese tiempo para mover la patente.

—Podemos darle una versión con una clave bancaria falsa —dijo Ruth.

—¿Y si lo descubre?

—Necesitamos que crea que ganó hasta que entren.

Madison grabó un vídeo firmando.

No fingió miedo. Lo sentía.

—Haré lo que pides —dijo a la cámara—. Pero quiero hablar con mi padre.

Bryce respondió con otra llamada.

Jonathan levantó la cabeza.

Tenía el cabello completamente blanco y el rostro hundido. Madison reconoció sus ojos antes que cualquier otro rasgo.

—Maddie —susurró.

Nadie la llamaba así desde que murió.

—Papá.

Jonathan intentó sonreír.

—No firmes.

Bryce lo golpeó en el hombro, no en el rostro.

—Se acabó la reunión familiar.

Ethan habló desde el suelo.

—Déjalo. Ya tiene lo que quiere.

—Tú no entiendes lo que quiero —respondió Bryce.

Durante años, Bryce había movido dinero, falsificado documentos y protegido a los Whitmore. Patricia le prometió una participación que nunca llegó. Daniel le ofreció otra. Ambos lo trataban como empleado incluso cuando dependían de él.

—Esta vez la empresa será mía —dijo.

Madison sostuvo la mirada de la cámara.

—Nunca dirigiste nada. Solo aprendiste dónde escondían las llaves.

Bryce sonrió.

—Tu padre también me habló así.

Jonathan movió una mano atada.

Ethan lo vio.

Había un fragmento de metal bajo la silla.

—Envía la firma —ordenó Bryce.

Ruth transmitió el archivo preparado.

Bryce lo abrió en un portátil. Durante unos segundos dejó de mirar a Ethan.

Jonathan empujó el metal con el pie.

Ethan lo alcanzó.

La cámara cayó cuando se lanzó contra Bryce.

Se oyeron golpes, una mesa arrastrándose y un disparo.

Madison gritó el nombre de su padre.

La conexión se perdió.

Dana recibió confirmación: los agentes estaban entrando en el faro.

Los siguientes cuatro minutos duraron más que el parto.

Madison oyó órdenes por la radio, pasos, la palabra «herido» y una petición de ambulancia. Ruth le pidió que se sentara. Ella no podía. Caminó por la habitación con Emma contra el pecho, repitiéndole a la niña que estaba segura, aunque las palabras eran también para sí misma.

Noah llegó desde el pasillo y se detuvo a distancia.

—¿Quieres que la coja?

Madison negó. Después cambió de opinión y le entregó a Emma.

El gesto le produjo un miedo absurdo: soltar a su hija mientras su padre podía estar muriendo. Noah no la tranquilizó con promesas que no podía cumplir. Sostuvo a la niña y permaneció allí.

—No sé si podré soportar perderlo otra vez —dijo Madison.

—Entonces no intentes soportar también lo que todavía no ha ocurrido.

Las sirenas se oían a través del altavoz de Dana. Un agente informó de que Bryce había disparado durante el forcejeo y que Ethan se interpuso cuando el arma apuntaba hacia Jonathan. Aquello no convertía a Ethan en inocente, pero Madison se negó a mentirse: había hecho una elección distinta cuando el coste era real.

Finalmente, el teléfono de Dana sonó.

—Jonathan está vivo —dijo—. Ethan también.

Madison cerró los ojos.

—¿Y Bryce?

—Herido. Detenido.

El disparo había alcanzado a Ethan en el costado. Jonathan tenía deshidratación, lesiones antiguas y una nueva fractura de muñeca. Ambos fueron trasladados.

Madison no fue al hospital de Ethan.

Fue al de Jonathan.

Entró en la habitación empujando la cuna de Emma. Su padre estaba conectado a monitores, pero consciente.

Cuando vio a la niña, empezó a llorar.

—Llegué tarde —dijo.

Madison se quedó junto a la puerta.

—Cinco años.

—Lo sé.

—¿Por qué no confiaste en mí?

Jonathan miró sus manos.

—Porque pensé que protegerte significaba mantenerte fuera de una guerra que yo había creado.

—Todos decís lo mismo.

—Entonces todos nos equivocamos de la misma manera.

Madison acercó la cuna, pero no lo abrazó.

—Ella es Emma.

Jonathan tocó el borde transparente.

—Tu madre habría amado ese nombre.

—No uses a mamá para que esto duela menos.

Él asintió.

—No lo haré.

El médico pidió que la conversación terminara. Jonathan necesitaba descanso y evaluación neurológica.

Antes de que Madison saliera, él la llamó.

—Daniel no quiso matarme al principio.

—¿Qué hizo?

—Me ayudó a escapar de Mercer. Después descubrió que podía usar mi ausencia para quedarse con la empresa.

—¿Y Patricia?

Jonathan cerró los ojos.

—Patricia sabía que estaba vivo. Le pagaba a Daniel para que me mantuviera lejos de ti.

Madison sintió una nueva oleada de frío.

—¿Por qué?

—Porque yo guardaba una prueba sobre Caroline.

La muerte de la hermana de Ethan no había sido una sobredosis accidental.

Jonathan había visto el informe toxicológico original.

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Y según él, la dosis mortal no estaba en las pastillas de Caroline.

Estaba en la inyección que Samuel Mercer le administró después de llegar a la casa.

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