Capítulo 14 - La deuda de Claire

Chapter 14 - Capítulo 14 - La deuda de Claire
Claire supo la verdad sobre Michael desde el principio.
Lo admitió ante Ruth, Dana y Madison en una sala de reuniones del hospital.
Su hermano tenía veintidós años cuando entró en un ensayo para tratar una enfermedad autoinmune. Parker Biolabs aseguró que el medicamento había superado controles de seguridad. Dos semanas después, Michael sufrió un fallo hepático.
Jonathan visitó a la familia.
—Dijo que era una reacción imprevisible —contó Claire—. Años después me envió la confesión.
—¿Y aceptaste trabajar para él? —preguntó Madison.
—Primero quise destruirlo.
Claire investigó las cuentas, los ensayos y a los Whitmore. Comprendió que Jonathan había sido cobarde, pero Mercer y Daniel seguían operando. Jonathan le ofreció financiar la investigación y proteger a Madison.
—Acepté el dinero porque pensé que podía usar su culpa para hacer algo útil.
—También te acercaste a mí sin decir quién eras.
—Sí.
—¿Me odiabas?
Claire cerró los ojos.
—Al principio, una parte de mí te odiaba por heredar el apellido de la empresa que aparecía en la caja de medicamentos de mi hermano.
La respuesta dolió por su honestidad.
—¿Y después?
—Después te conocí.
Madison no sabía qué hacer con aquello. Claire había sido su apoyo más firme durante el peor momento de su vida. También había entrado en ella con un motivo oculto.
—No puedo seguir confiando en ti como antes.
—No deberías.
Claire abrió su bolso y sacó una fotografía de Michael. Era un joven delgado, de cabello rizado, sentado en el capó de un coche.
—Durante años pensé que justicia significaba conseguir que Jonathan perdiera a su hija como mis padres perdieron a su hijo —dijo—. Cuando empecé a trabajar contigo, buscaba pruebas, no una relación. Después vi cómo Daniel y Patricia hablaban de tu embarazo como una ventana financiera. Comprendí que podía protegerte sin perdonar a tu padre.
—Pero empezaste a quererme.
—Sí.
—Y aun así no me dijiste quién eras.
Claire sostuvo la fotografía.
—Porque temía que, si te daba la posibilidad de rechazarme, perdería el acceso necesario para detenerlos. Eso fue control, aunque yo lo llamara estrategia.
Madison agradeció que no intentara embellecerlo.
—¿Qué habría dicho Michael?
Claire sonrió con tristeza.
—Que siempre fui insoportable cuando creía tener razón.
—No te pregunto para que me caigas bien otra vez.
—Lo sé.
—Quiero saber si piensas seguir usando su muerte para decidir por vivos.
Claire guardó silencio mucho tiempo.
—No.
—Entonces empieza entregando todo, incluso lo que pueda perjudicarte.
—Ya lo he hecho.
Madison no ofreció un abrazo. Claire tampoco lo pidió.
—No deberías.
Claire entregó todos sus expedientes y renunció formalmente a representar a Madison. También aceptó declarar sobre el pago y la confesión de Jonathan.
—¿Qué harás ahora? —preguntó Madison.
—Ayudar a las familias de los ensayos a demandar a Parker Biolabs.
Jonathan escuchó desde su habitación.
—Yo testificaré —dijo.
Madison lo miró.
—Eso puede destruir la empresa.
—Sí.
—¿Lo haces porque Patricia te llamó cobarde?
—Lo hago porque lo fui.
No pidió que lo admirara.
El consejo de Parker Biolabs se reunió de emergencia. Daniel seguía fugado, aunque su lancha había sido encontrada cerca de la frontera canadiense. Mercer estaba detenido. Los inversores exigían explicaciones.
Madison compareció por videoconferencia.
—Abriremos todos los archivos de los ensayos —dijo—. Crearemos un fondo de compensación y suspenderemos la venta de la patente hasta que un comité independiente determine su uso ético.
Un consejero se levantó.
—Eso puede llevarnos a la insolvencia.
—Entonces nos reorganizaremos.
—Su padre construyó esta empresa.
—Y también ocultó un daño. Honrarlo no significa repetirlo.
El consejo votó retirar temporalmente a Daniel y nombrar a Madison presidenta interina.
Ella rechazó el cargo.
—Acabo de dar a luz, estoy en medio de un proceso penal y no pienso demostrar fortaleza destruyéndome para cumplir expectativas.
Propuso a la doctora Helen Moore, científica independiente y antigua crítica de la compañía. El consejo aceptó por un voto.
Madison conservó su participación, pero no el trabajo diario.
Aquella decisión sorprendió a Patricia cuando se enteró.
También sorprendió a Ethan.
—Siempre pensé que querías la empresa —dijo en una carta.
Madison no respondió.
Había querido la empresa cuando significaba conservar a su padre. Ahora tenía a su padre vivo, imperfecto y obligado a responder por sus actos. No necesitaba usar un edificio para mantener un recuerdo.
Emma recibió el alta al cumplir doce días.
Madison no volvió a Riverside. La casa seguía siendo escena de investigación y, aunque estuviera limpia, no quería criar a su hija entre cerraduras que recordaban una orden.
Alquiló un apartamento cerca de Central Park con seguridad sencilla y ventanas que se abrían a mano.
Noah ayudó a llevar las cajas. Nina apareció con comida. La señora Wallace trajo una manta tejida.
Jonathan fue trasladado a un centro de rehabilitación cercano.
La primera noche, Madison colocó la cuna junto a su cama.
Se despertó seis veces para comprobar que Emma respiraba.
A la séptima, llamó a Nina.
—Tengo miedo de dormir.
—Entonces no duerma sola —respondió la enfermera.
Nina llegó con una almohada y se quedó en el sofá.
Madison comprendió que aceptar ayuda voluntaria no era lo mismo que entregar control.
A la mañana siguiente, Ruth llevó una noticia.
La policía había detenido a Daniel en una granja abandonada de Quebec.
Pero él no estaba solo.
Con él encontraron a Natalie.
Y Natalie sostenía un documento firmado por Ethan tres meses antes del parto.
El documento autorizaba a Daniel a «tomar todas las medidas necesarias» para asegurar la venta de Parker Biolabs si Madison se negaba.
May you like
Ethan había firmado mucho antes de que Patricia sacara las cápsulas.
Su cooperación reciente no cambiaba que había abierto la puerta del plan.