Capítulo 09 - El segundo bebé

Chapter 09 - Capítulo 09 - El segundo bebé
Sofía pidió que apagaran la conexión con la sala del consejo.
Owen se negó.
—He pasado veinticinco años oyendo conversaciones incompletas sobre mi cuerpo. Esta vez me quedo.
La doctora se sentó junto a la cama.
La noche en que nació Owen, otra mujer estaba de parto en Whitmore Medical Center. Era Isabel Salazar. Su hijo, Mateo, nació prematuro y con graves problemas respiratorios.
Walter ofreció pagar toda la atención si Isabel autorizaba un tratamiento experimental de soporte inmunológico. Grace, todavía bajo los efectos de la anestesia, recibió un documento distinto: una autorización para usar sangre del cordón umbilical de Owen en una terapia compasiva destinada al otro bebé.
—Eso fue lo que firmó tu madre —dijo Sofía—. Creía que estaba ayudando a salvar a Mateo.
—¿Y qué hicieron realmente? —preguntó Owen.
—Administraron V-9 a los dos.
Clara se quedó inmóvil.
—Mi madre nunca me habló de un hermano.
Recordó una caja que Isabel llevaba en cada mudanza. Clara creyó que contenía documentos. Una noche, siendo niña, la abrió y encontró un gorro diminuto de lana azul. Su madre se lo arrebató con una dureza que después intentó reparar preparando chocolate caliente. Nunca explicó de quién era.
Clara había guardado aquel recuerdo como una rareza. Ahora entendía la forma en que Isabel se quedaba quieta frente a las tiendas de ropa infantil y por qué nunca celebraba el mes de septiembre.
El duelo de su madre había vivido en la casa sin nombre, sentado a la mesa con ellas.
—Mi madre nunca me habló de un hermano.
Sofía cerró los ojos.
Mateo sobrevivió seis meses. Isabel supo que había sido tratado, pero Walter le hizo creer que la muerte era consecuencia de la prematuridad. Años después, al trabajar en el laboratorio, encontró el código del ensayo y comprendió que Owen y Mateo habían sido los primeros sujetos.
—Por eso ayudó a Grace —dijo Clara.
—Sí.
—¿Por qué me lo ocultó?
—Porque se culpaba. Pensaba que, si no hubiera aceptado la ayuda de Walter, ninguno de los dos bebés habría sido utilizado.
Clara caminó hacia la ventana.
Durante toda su vida había creído que Isabel empezó a trabajar con Grace por amistad. Ahora descubría que su madre ya llevaba un duelo dentro cuando ella nació.
—¿Victor tenía una hija allí? —preguntó Nathan.
Sofía negó.
—Victor estaba terminando la universidad. Walter lo llevó al hospital para que observara el ensayo. Quería prepararlo para dirigir el negocio médico.
Nathan recordó a su hermano volviendo a casa aquella madrugada, excitado, hablando de una tecnología que cambiaría el mundo. Nathan no preguntó de dónde venía aquella seguridad.
—Yo estaba celebrando el nacimiento de Owen —murmuró—. Victor estaba observando cómo lo convertían en sujeto de prueba.
Elena interrumpió.
—Necesitamos el original del consentimiento y los registros de Mateo.
Sofía miró a Clara.
—El libro verde de Isabel contiene la ubicación.
—Laura mencionó ese libro.
—Porque ella ayudó a esconderlo.
El libro no estaba en la antigua clínica. Isabel lo había dejado en una pequeña casa de adobe donde vivió sus últimos meses. La propiedad seguía a nombre de una asociación religiosa.
Clara, Elena y Nathan viajaron a Santa Fe esa misma tarde. Owen permaneció en Connecticut, vigilado por Sofía y Helen Park. Antes de que el avión despegara, Clara recibió una llamada de Owen.
—No tienes que encontrarlo por mí —dijo.
—También es por mi madre.
—Lo sé. Solo quería decir que no te debes a esta familia porque Grace te dejara una tarea.
Clara miró por la ventanilla.
—Mi madre pasó media vida escondiéndose. Necesito saber que no fue para nada.
—No fue para nada. Estoy vivo esta noche.
La frase la acompañó durante el vuelo.
La casa de adobe estaba vacía. Una mujer de la asociación les entregó una caja que Isabel había dejado con instrucciones. Dentro había ropa, fotografías de Clara de niña, cartas sin enviar y el libro de tapas verdes.
En la primera página aparecía una fotografía de Mateo.
Clara la sostuvo con ambas manos.
El bebé tenía el cabello oscuro y una pequeña marca junto a la ceja, igual que ella.
Nathan se alejó para permitirle llorar sin sentirse observada.
No fue un llanto grande. Clara apoyó la frente en la fotografía y dejó caer tres lágrimas. Después respiró y abrió el resto del libro.
Los registros demostraban que Grace autorizó una donación de cordón, no V-9. También había copias de doce expedientes y un mapa de la clínica abandonada.
Llegaron al lugar al anochecer.
El edificio estaba rodeado por una valla oxidada. Varias ventanas habían sido tapiadas. En el interior encontraron archivadores vacíos y marcas recientes de neumáticos.
Victor se había adelantado.
Pero Isabel había dibujado una segunda ubicación bajo el antiguo laboratorio. Elena encontró una trampilla cubierta por baldosas. Debajo había una cámara fría, todavía conectada a un generador.
Las cajas contenían muestras, consentimientos y grabaciones.
Nathan abrió una carpeta con el nombre de Owen.
En la primera página había una firma suya.
No correspondía a la autorización de Isabel.
Era un consentimiento directo para incluir a su hijo en V-9.
—No firmé esto —dijo.
Elena comparó la fecha.
El documento fue firmado tres meses después del nacimiento.
—Entonces no fue una decisión tomada en la emergencia —dijo Clara.
Nathan recordó una cena en casa de Walter. Su padre le presentó papeles sobre el seguimiento pediátrico de Owen. Nathan firmó sin leer, mientras sostenía al bebé con el otro brazo.
—Sí firmé —murmuró.
Clara lo miró.
—Otra vez.
Nathan no buscó refugio en la ignorancia.
—Sí.
En el fondo de la caja hallaron una carta de Grace dirigida a él.
«Nathan, descubrí tu firma. No sé si sabías qué autorizabas. Lo peor es que ya no sé si esa diferencia puede salvar nuestro matrimonio».
Nathan tuvo que sentarse.
Pero Elena encontró algo más urgente.
El registro de sujetos incluía una columna de estado.
Junto a Owen aparecía: ACTIVO.
Junto a Mateo: FALLECIDO.
Junto a otros nueve: FALLECIDO o NO LOCALIZADO.
El último expediente llevaba el nombre de Eva Ríos.
Estado: ACTIVA.
Dirección reciente: una residencia de rehabilitación a veinte minutos de la clínica donde Owen estaba ingresado.
Victor no había mantenido vivo a un solo sujeto.
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Había dos.
Y aquella misma noche, la residencia informó que Eva acababa de desaparecer.