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Capítulo 19 - Lo que Beatrice hizo en la carretera

Chapter 19 - Capítulo 19 - Lo que Beatrice hizo en la carretera

Beatrice regresó a Connecticut sin que Nathan tuviera que pedírselo dos veces.

Observó la fotografía en el despacho de Elena y no negó estar allí.

—Grace me llamó desde el coche —dijo—. Dijo que alguien la seguía.

—¿Por qué nunca lo contaste? —preguntó Nathan.

—Porque llegué antes que tú y me pidió que me fuera.

Beatrice había conducido detrás de Grace durante varios kilómetros. Vio un vehículo oscuro aproximarse. Grace perdió el control y chocó contra el muro. Beatrice se detuvo, corrió hasta ella y trató de abrir la puerta.

Grace estaba herida, pero consciente.

—Me dio la carta, el libro de recetas y una bolsa con muestras —explicó—. Luego vio luces acercándose y creyó que era Victor. Me ordenó marcharme con las pruebas.

—¿La dejaste sola? —preguntó Clara.

—Sí.

La palabra no llevó defensa.

—Pensé que Nathan llegaría en segundos. Grace dijo que si Victor me encontraba, desaparecería todo.

Nathan recordó la llamada anónima. Quizá fue Beatrice quien avisó.

—¿Me llamaste tú?

—Sí.

—¿Por qué no dijiste que estabas allí?

—Porque Grace me pidió proteger las pruebas. Y porque, cuando supe que entregaste la carpeta a Walter, entendí que si aparecía también me entregarías a mí.

Nathan sintió la vergüenza como algo físico.

—Probablemente lo habría hecho.

Beatrice asintió.

La fotografía no demostraba complicidad. Harlan la había guardado para utilizarla como amenaza. En su confesión explicó que Victor llegó después, tomó la carpeta que Nathan entregó a Walter y ordenó alterar la medicación hospitalaria.

—¿Dónde están las muestras que Grace te dio? —preguntó Sofía.

—Una parte fue a Isabel. Otra la escondí.

Beatrice llevó a todos hasta una caja bancaria en Boston. Allí había sangre de Grace, fragmentos del vehículo y una grabación del teléfono.

El análisis del coche confirmó que una pieza del sistema de dirección había sido manipulada. No fue un accidente.

La voz de Victor aparecía en una llamada interceptada minutos antes del choque:

—Oblígala a detenerse. No la mates.

La orden no lo liberaba. Demostraba intención de atacar y una cadena de decisiones posteriores que causó la muerte.

Harlan fue localizado en Canadá y se entregó. Su testimonio cerró el último espacio que la defensa de Victor intentaba explotar.

Beatrice pidió hablar con Owen.

—Pude quedarme en la carretera —dijo—. Quizá Grace habría recibido ayuda antes.

Owen miró la fotografía.

—También pudo perderse la evidencia.

—No sé qué habría sido mejor.

—Yo tampoco.

—¿Me odias?

—No tengo recuerdos suficientes contigo para odiarte. Pero estoy cansado de que los adultos me pidan una sentencia sobre decisiones tomadas antes de que yo pudiera hablar.

Beatrice respiró hondo.

—Es justo.

—Puedes formar parte de mi vida si no necesitas que yo te diga que hiciste lo correcto.

Ella sonrió con lágrimas en los ojos.

—Puedo intentarlo.

El cuarto tratamiento de Owen produjo una mejoría inesperada. Pudo ponerse de pie entre barras paralelas durante nueve segundos.

Antes de intentarlo, el fisioterapeuta le pidió elegir una meta. Nathan sugirió llegar hasta el final de las barras. Owen respondió que su meta era levantarse y sentarse sin que nadie convirtiera el resultado en un símbolo. Había pasado demasiado tiempo representando esperanza para accionistas, tragedia para periodistas y responsabilidad para su padre.

Cuando las piernas soportaron su peso, no pensó en caminar por jardines ni subir escaleras. Pensó en el suelo bajo sus pies, una sensación simple que casi había olvidado.

Clara estaba allí.

Nathan también.

Nadie aplaudió esta vez. Sofía había pedido que no convirtieran cada avance en una obligación de superar el siguiente.

Owen se sentó, agotado y feliz.

—Nueve segundos —dijo.

—Ocho y medio —corrigió Clara.

—Sabía que no debía invitarte.

Esa tarde, Clara recibió una oferta de la nueva fundación independiente. Querían que dirigiera un programa de defensa para pacientes y familias.

—No soy médica ni abogada —dijo.

—Eres la persona que consiguió que todos dejaran de hablar por encima de Owen —respondió Elena.

Clara pidió tiempo.

Durante varios días evitó responder ambas ofertas. La defensa de pacientes parecía una continuación noble de la misión de Isabel, y precisamente por eso la asustaba. Había pasado tanto tiempo heredando deberes que ya no distinguía con facilidad entre vocación y lealtad.

Cocinaba de noche en la pequeña cocina de la clínica. Preparaba panes que nadie había solicitado y anotaba cambios en recetas antiguas. Allí no pensaba en Victor, muestras ni tribunales. Pensaba en temperaturas, texturas y en la paciencia necesaria para esperar que una masa creciera sin obligarla.

También recibió una carta de una escuela culinaria de Boston. Había solicitado plaza años atrás, antes de que Isabel enfermara. Beatrice encontró la solicitud y pagó la tasa para reactivarla.

Owen leyó ambas cartas.

Recordó cuántas personas le habían preguntado qué necesitaba y cuántas menos le preguntaron qué deseaba. Hizo a Clara la pregunta sin ofrecer opciones, sin mencionar lo útil que sería para la fundación ni lo mucho que él la echaría de menos. Le costó más de lo que quería admitir.

—¿Qué quieres?

Clara miró las flores blancas junto a la ventana.

—No lo sé. Llevo años queriendo terminar lo que mi madre empezó.

—Ya terminó.

—El juicio ni siquiera ha comenzado.

—La parte que te correspondía terminó cuando me entregaste la carta.

Clara lo miró.

—¿Quieres que me vaya?

—Quiero que, si te quedas, no sea porque una mujer muerta te dejó instrucciones.

Aquella noche, Clara decidió aceptar la escuela culinaria durante seis meses.

Se marcharía a Boston después de la primera audiencia.

Owen sonrió cuando se lo dijo.

Luego esperó a que ella saliera para llorar.

Nathan lo encontró junto a la ventana.

—Puedes pedirle que se quede —dijo.

—Eso es lo que todos los hombres de esta familia han hecho cuando una mujer quería otra vida.

Nathan se sentó a su lado.

—También puedes decirle que la echarás de menos.

Owen lo miró.

—¿Eso hiciste con Beatrice?

—No. Por eso te lo digo.

Al día siguiente, Clara encontró un sobre junto al pastel congelado que aún guardaban en la cocina de la clínica.

Era la tercera carta de Grace.

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En el exterior decía:

«Para Owen y la persona que consiga que vuelva a querer mañana».

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