Capítulo 15 - El acuerdo de los hermanos

Chapter 15 - Capítulo 15 - El acuerdo de los hermanos
Victor llegó a la comisaría con dos abogados y una carpeta sellada.
Afirmó que Walter había obligado a ambos hijos a continuar el ensayo, pero que Nathan aceptó a cambio de recibir la presidencia de la fundación y una participación mayoritaria en el grupo.
El documento principal era un acuerdo privado firmado por Nathan veinticuatro años atrás.
El texto decía que Nathan asumiría responsabilidad sobre el seguimiento de Owen, protegería la confidencialidad del programa V-9 y recibiría determinados derechos corporativos cuando Walter se retirara.
La firma era auténtica.
Nathan no lo negó.
—Pensé que “seguimiento” significaba revisiones pediátricas —dijo a Elena.
—La cláusula de confidencialidad menciona “terapia genética neonatal”.
—No leí el anexo.
Elena cerró la carpeta con fuerza.
—Nathan, esa explicación puede ser moralmente cierta y legalmente insuficiente.
—Lo sé.
La fiscalía lo citó para declarar. Sus abogados recomendaron silencio.
Tres de ellos acudieron a la casa pequeña que había alquilado cerca de la clínica. Colocaron sobre la mesa escenarios, porcentajes y posibles condenas. Le explicaron que una respuesta imprecisa podía convertirse en admisión y que la estrategia más segura consistía en responsabilizar a Walter, muerto, y a Victor, ya acusado.
Nathan escuchó hasta el final. Reconoció aquella lógica porque había dirigido su vida con ella: no decir una mentira evidente, solo ordenar las verdades para quedar siempre fuera del centro.
—¿Y Owen? —preguntó.
Los abogados no entendieron.
—¿Qué estrategia le permite a mi hijo saber que esta vez no estoy ocultando nada?
Ninguna.
Nathan se negó.
Contó cada firma, cada advertencia de Grace y cada ocasión en que eligió no preguntar. Admitió haber entregado la carpeta a Walter después del accidente. Reconoció que permitió a Mercer continuar el tratamiento y que autorizó transferencias de muestras sin revisar.
—¿Sabía que su hijo era sujeto de un ensayo? —preguntó la fiscal.
—Sabía que existía un seguimiento especial. Me negué a comprender por qué.
—Eso no responde sí o no.
Nathan respiró.
—Sí. Sabía lo suficiente para haber investigado. Elegí no hacerlo.
La declaración duró cinco horas.
En un receso, Nathan encontró en su teléfono once llamadas del consejo y una de Beatrice. Respondió a esta última. Ella no le preguntó por la estrategia legal. Preguntó si había dicho toda la verdad.
—Toda la que recuerdo.
—Cuando recuerdes algo más, no esperes a que te lo descubran.
Nathan anotó la frase en la primera página de su libreta. Había pasado la vida usando listas para controlar empresas. Aquella sería una lista de cosas que no volvería a esconder.
Al salir, la prensa lo esperaba.
Nathan no usó la entrada privada.
—Durante años me presenté como un padre que hacía todo por su hijo —dijo ante las cámaras—. En realidad, hice todo lo que no exigía enfrentarme a mi padre, a mi hermano o a la empresa que me daba poder. Mi hijo pagó esa cobardía con su salud. Cooperaré con la justicia y renunciaré a cualquier cargo.
Las acciones de Whitmore cayeron.
Varios consejeros exigieron que se retractara para proteger la compañía. Nathan se negó.
Victor apareció en televisión aquella noche.
Se presentó como denunciante tardío. Dijo que había intentado corregir desde dentro los excesos de Walter y que Nathan controlaba las decisiones.
—¿Alguien va a creerlo? —preguntó Clara.
Elena miró las encuestas y los titulares.
—Algunas personas creerán lo que proteja mejor sus inversiones.
La prueba decisiva estaba en los registros de Santa Fe. Mostraban órdenes firmadas por Victor, pero sus abogados alegaron que actuaba bajo autoridad de Nathan.
Mercer podía declarar lo contrario. Sin embargo, antes de la audiencia, desapareció del hospital.
La cámara mostraba a una mujer con uniforme empujando su silla por una salida lateral.
Era Laura Keene.
Clara sintió una nueva traición.
—Pensé que colaboraba.
Frank negó saber dónde estaban. Eva se encerró en su habitación al enterarse de que su padre había trabajado con Laura durante años.
Owen mejoraba lentamente. La fiebre cedió. Recuperó algo de fuerza en los brazos y pudo permanecer sentado sin apoyo durante varios minutos.
—No voy a dejar que otra desaparición decida mi vida —dijo.
Pidió participar en la junta extraordinaria.
Sofía se opuso al viaje. Owen aceptó conectarse desde la clínica.
La reunión debía votar tres medidas: destituir a Victor, suspender la actividad médica y crear una administración independiente.
Victor controlaba el treinta y cinco por ciento de los votos. Owen tenía cuarenta. El resto estaba dividido.
Antes de la sesión, Nathan visitó a su hijo.
—Si votas cerrar la empresa, perderás gran parte de tu patrimonio.
—¿Te preocupa?
—Me preocupa que tomes una decisión irreversible mientras estás enfadado.
Owen lo observó.
—¿Eso es una advertencia o una forma nueva de controlarme?
Nathan aceptó la pregunta.
—Una advertencia. Pero la decisión es tuya.
—Entonces dime qué harías tú si no llevara nuestro apellido.
Nathan miró hacia el río.
—Cerraría toda división vinculada a V-9, aunque costara la empresa. Mantendría los tratamientos necesarios bajo control público y vendería el resto para compensar a las víctimas.
—Eso voy a hacer.
La junta comenzó.
Victor presentó la desaparición de Mercer como prueba de una conspiración. Luego mostró una declaración firmada por el médico donde Nathan aparecía como autor principal de las órdenes.
Elena examinó la firma.
Parecía real.
A las tres y cuarenta, Owen emitió su voto para destituir a Victor.
Faltaba un solo voto para aprobar la medida.
Entonces la puerta se abrió.
Laura entró empujando la silla de Mercer.
El médico estaba pálido, pero consciente.
—No fui secuestrado —dijo—. Laura me sacó porque Victor había pagado a un enfermero para matarme.
Entregó el documento original.
La declaración mostrada por Victor era falsa.
Mercer miró al consejo.
—Nathan es responsable de ignorar. Walter fue responsable de iniciar. Pero Victor ordenó continuar, ocultar y eliminar a quienes podían hablar.
Un consejero cambió su voto.
Victor fue destituido.
La seguridad avanzó hacia él, pero Victor levantó una mano.
—Antes de que celebren, deberían preguntar dónde está Grace.
Nathan se quedó inmóvil.
—Grace murió hace diez años.
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Victor sonrió.
—El cuerpo enterrado bajo su nombre nunca fue identificado por ADN.