Capítulo 08 - La presentación perfecta

Chapter 08 - Capítulo 08 - La presentación perfecta
Miles Vale tenía cuarenta y pocos años, una barba cuidadosamente descuidada y el tono de quien había aprendido a convertir la paciencia en poder. Pidió que nadie saliera de la sala.
Corbin protestó.
—Esto es una disputa familiar. No debería interferir con una negociación profesional.
—Cuando una disputa familiar llega con una abogada y un informe forense, deja de ser familiar —respondió Miles.
Helena conectó el portátil de Liora a la pantalla. Mostró las fechas de creación de HomeThread, los bocetos, las entrevistas y el código original. Después abrió los archivos de KinTrace. Varias líneas conservaban comentarios firmados con el usuario LIORA_H.
—Un desarrollador reutilizó partes del prototipo —dijo Corbin—. Yo no reviso cada línea.
—Ese desarrollador eras tú —contestó Liora—. Tu cuenta aparece en el historial.
Daniel se puso de pie.
—Podemos resolverlo con una licencia retroactiva.
Miles ni siquiera lo miró.
—Señor Hale, siéntese.
Susan dejó escapar un pequeño sonido de indignación, como si nadie hubiera hablado así a su marido. Liora pensó que aquella era la primera habitación en años donde sus padres no controlaban las reglas.
Corbin comenzó a explicar que HomeThread era un proyecto rudimentario, que la idea de conectar cuidadores no podía pertenecer a una sola persona y que KinTrace incluía mejoras sustanciales. Algunas de sus afirmaciones eran correctas. Eso hizo la escena más difícil. No era un impostor absoluto. Había trabajado. Había contratado diseñadores y construido un modelo comercial. Pero lo había hecho sobre una base robada y con dinero que no le pertenecía.
—Podrías haberme pedido participar —dijo Liora.
—Tenías diecisiete años.
—Precisamente.
Por un instante, Corbin pareció avergonzado.
Luego miró a Miles y volvió a convertirse en fundador.
—Mi hermana está atravesando una crisis emocional. Nuestra familia tomó una decisión difícil sobre sus estudios y ella está intentando castigarnos.
Susan asintió.
—Liora siempre ha sido muy sensible cuando siente que Corbin recibe atención.
Helena abrió la carpeta de la beca rechazada.
—¿También fue sensibilidad cuando alguien rechazó ochenta mil dólares de ayuda universitaria desde una cuenta falsa?
Miles leyó el documento. Su asesor dejó de tomar notas.
Daniel miró a Corbin.
—Dijiste que era una ayuda parcial.
—Lo era cuando lo vi.
—Aquí dice cobertura completa.
—No recuerdo cada correo.
Liora observó a su hermano. Él evitó sus ojos igual que en el salón. El gesto la devolvió a la maleta abierta y al sobre crema.
—Lo hiciste para que me quedara —dijo—. Necesitabas que trabajara gratis.
Corbin apretó la mandíbula.
—Necesitaba tiempo.
—Me quitaste cuatro años.
—¡No te los quité! —La voz se le quebró por primera vez—. Tú siempre consigues otra cosa. Otra beca, otra nota, otro profesor dispuesto a ayudarte. Yo solo necesitaba que una vez la familia apostara por mí.
El silencio se volvió casi compasivo.
Eso fue lo que más dolió a Liora. Comprendió que Corbin no se veía como un ladrón. Se veía como un hijo al que por fin le tocaba recibir algo, aunque para dárselo hubiera que vaciar a su hermana.
—La familia lleva apostando por ti desde que naciste —dijo—. Lo único nuevo es que esta vez usaste mi nombre para hacer la apuesta.
Miles cerró la carpeta.
—Vale North suspende la negociación. Encargaremos una auditoría independiente sobre el código, la base de datos y la procedencia de los fondos.
Corbin se quedó inmóvil.
Daniel se acercó a Miles.
—Podemos corregir las irregularidades.
—No son irregularidades. Son riesgos legales y éticos.
—La empresa tiene potencial.
—Muchas cosas peligrosas lo tienen.
Susan se levantó y señaló a Liora.
El collar de perlas de Evelyn se movió sobre su blusa. Liora recordó a su abuela usándolo únicamente los domingos, aunque una de las perlas tenía una pequeña grieta. Susan había dicho que lo guardaría para entregárselo el día de su graduación. Verlo allí, convertido en parte del uniforme con el que su madre defendía a Corbin, le produjo una tristeza extraña y silenciosa.
No era por las perlas. Era por la facilidad con que Susan prometía una herencia y después la llevaba ella misma cuando necesitaba parecer respetable.
—¿Estás contenta? Has destruido el futuro de tu hermano.
Liora sintió que todas las miradas caían sobre ella. Durante un segundo volvió a tener ocho años y a escuchar que no debía llorar porque Corbin ya estaba disgustado.
—No —respondió—. Estoy triste porque para construir su futuro decidisteis usar el mío como material.
Susan dio un paso, pero Daniel la detuvo.
Miles pidió a Helena que se quedara. El resto debía salir.
En el pasillo, Corbin agarró a Liora del brazo. No con fuerza, pero sí con desesperación.
—Retira la reclamación.
—Suéltame.
—Puedo arreglarlo.
—¿Cómo arreglas una beca que rechazaste?
—Te pagaré otra universidad.
—No entiendes nada.
Él la soltó.
—Siempre me has odiado.
Liora lo miró.
—Te quise tanto que durante años confundí protegerte con desaparecer.
Corbin bajó los ojos.
Susan se acercó a su hijo y le pasó un brazo por los hombros. Daniel permaneció a medio camino entre ellos y Liora. Como siempre, no eligió un lado; eligió parecer que intentaba unirlos.
Helena salió de la sala con una noticia inesperada. Miles Vale no iba a invertir en KinTrace, pero quería hablar con Liora sobre HomeThread.
—No —dijo ella de inmediato.
—Aún no sabes qué propone.
—Acaba de ver cómo mi familia convirtió mi idea en una excusa para quitarme todo. No quiero entregársela a otro hombre con dinero.
Miles apareció detrás de Helena.
—No le propongo que me la entregue. Le propongo que la proteja.
Le dio una tarjeta.
—Cuando esté preparada.
Esa noche, al volver al taller, Rebecca encontró un sobre bajo la puerta. No tenía sello ni remitente.
Dentro había una carta escrita por Evelyn tres meses antes de morir.
«Para Liora, cuando su madre intente convencerla de que amar significa ceder».
Pero la última línea no hablaba del dinero.
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Hablaba de Rebecca.
«Antes de confiar completamente en tu tía, pregúntale por qué desapareció la noche en que naciste».