Capítulo 09 - El padre frente a la mujer que enterró

Chapter 09 - Capítulo 09 - El padre frente a la mujer que enterró
La clínica activó el protocolo de seguridad.
Elena fue trasladada a una planta con acceso restringido. Sofia permaneció con ella. Clara llegó veinte minutos después, acompañada por Helena. Damen se quedó fuera del edificio porque la orden de protección de Elena incluía a todos los Rossi hasta que un juez revisara los vínculos con San Giacomo.
Richard no logró entrar.
La policía lo encontró en el aparcamiento dentro de un coche alquilado. Llevaba documentos, dos teléfonos y una jeringa sin usar. Afirmó que era medicación para Elena.
Sofia examinó el contenido.
Era un sedante.
—Quería calmarla —dijo Richard mientras lo esposaban.
Clara observó desde la puerta.
—Llevas doce años llamando calma a cualquier estado en el que una mujer no puede contradecirte.
Richard giró hacia ella.
—No comprendes lo enferma que está.
—Comprendo quién firmó sus diagnósticos.
—Vale tomó decisiones médicas.
—Tú pagaste las decisiones.
Richard bajó la voz.
—Elena intentó destruir todo lo que construimos.
—Construiste una empresa sobre personas encerradas.
—Construí hospitales.
—Y habitaciones sin nombre.
La policía lo llevó.
El hallazgo de la jeringa permitió mantenerlo detenido, pero sus abogados reaccionaron de inmediato. Presentaron una petición para declarar a Clara incapaz de administrar sus acciones, alegando antecedentes psiquiátricos y una boda celebrada en condiciones de trauma.
—Usará el mismo expediente otra vez —dijo Helena.
—Entonces lo abriremos entero.
Damen entregó los registros de Solenne. Descubrió que la sociedad había pagado durante años su apartamento, dos coches y parte de la compra de su primera empresa.
—No puedo decir que no me beneficié —admitió ante la fiscal.
—¿Sabía el origen?
—No.
—¿Por qué nunca preguntó?
Damen tardó.
—Porque mi tío decía que era una herencia de mi padre. Y porque me convenía creerlo.
La respuesta no lo absolvía, pero la fiscal la anotó.
Vincent entregó sus contratos de Orsini Security y aceptó posibles cargos por el traslado de Clara. Beatrice dio una declaración completa sobre la fuga de Elena y su propia traición.
Cada persona empezaba a entregar una parte.
Vale seguía libre.
Su abogado afirmó que todos los tratamientos fueron aprobados conforme a los estándares de la época. También aseguró que las notas sobre recuerdos implantados eran «ejercicios terapéuticos mal interpretados».
Sofia leyó aquella defensa con furia.
—Ningún ejercicio terapéutico crea una amenaza ficticia para condicionar a una paciente.
Clara examinó sus antiguos expedientes. Había sesiones donde Vale repetía nombres, situaciones y supuestos recuerdos. Damen Rossi aparecía seis años antes de su encuentro real.
—¿Por qué escogieron tu nombre? —preguntó.
Damen no lo sabía.
Vittorio sí.
La fiscalía registró una de sus oficinas y encontró planes sobre alianzas familiares. Un documento comparaba tres posibles matrimonios para Clara. Damen era la opción preferida porque tenía edad adecuada, resentimiento contra Hastings y una imagen pública suficientemente peligrosa para aislarla.
—Querían que yo temiera al hombre con el que después me obligarían a casarme —dijo Clara.
Helena asintió.
—Así sería menos probable que buscaras ayuda en él.
—Y más fácil que él interpretara mi miedo como desprecio.
Damen leyó el informe.
—Lo hice.
—¿Qué?
—Interpreté cada vez que evitabas mirarme como arrogancia.
Clara recordó las reuniones previas a la boda. Damen hablaba con frialdad. Ella apenas podía respirar cuando oía su nombre.
—No sabíamos que ya estábamos representando el guion de otros —dijo.
—Yo tenía más libertad que tú.
La precisión importó.
Esa tarde permitieron a Clara ver a Elena.
Su madre recordaba fragmentos nuevos. Reconoció una fotografía de la boda y tocó el rostro de Damen con un dedo tembloroso.
—No es él —dijo.
—¿Quién?
—El hombre de la habitación.
Durante años, Elena había confundido a Damen con otro Rossi. No era por la implantación de Clara, sino porque Vittorio utilizaba fotografías del sobrino para amenazarla.
—Decía que Damen heredaría todo si yo no firmaba —explicó.
—¿Firmaste?
Elena asintió.
Había transferido temporalmente sus acciones a una fundación controlada por Vittorio, creyendo que protegía a Clara. El documento debía expirar cuando la hija cumpliera veintisiete.
—Por eso necesitan mi matrimonio antes de mi cumpleaños.
Elena agarró su mano.
—No te cases con él.
Clara sintió dolor.
—Ya ocurrió.
Su madre empezó a agitarse.
—Entonces perdiste.
—No.
Clara sostuvo sus manos.
—Una ceremonia no es el final de una decisión.
Elena la miró, intentando comprender.
En el pasillo, Helena recibió el resultado de un análisis forense del acuerdo matrimonial.
La firma de Clara era auténtica.
Pero una cláusula escrita a mano en la última página no lo era.
La cláusula decía que, si Clara impugnaba el matrimonio, sus acciones pasarían a Damen de forma automática.
La letra era de Richard.
Sin embargo, la tinta contenía una marca utilizada únicamente en los despachos Rossi.
Alguien de la casa de Damen había ayudado a falsificarla.
La auditoría reveló que las tarjetas maestras se compartían durante cenas familiares, vacaciones y funerales. Nadie consideraba extraño utilizar la identidad de otro mientras «fuera por la familia». Clara pidió que el informe incluyera esa costumbre, no solo las infracciones técnicas. El fraude no empezó con una firma falsa; empezó cuando todos aceptaron que los límites eran una falta de cariño.
Los registros mostraron que la tinta ceremonial salió del archivo Rossi mediante una tarjeta clonada de Damen.
—No quiero que revises esto con tu propio personal —dijo Clara—. Contrata una auditoría externa.
Él corrigió la orden sin discutir.
Elena reconoció la tinta. Recordó a una joven médica de cabello negro que visitaba Casa Orla con Vittorio.
—Sofia —susurró.
Clara se resistió a creer que la hermana de Damen hubiera participado de forma directa.
Pero cuando Sofia vio la cláusula falsificada, no preguntó de dónde procedía.
La reconoció.
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—La vi antes de la boda —admitió.
El silencio posterior fue distinto. Ya no quedaba una sola familia capaz de presentarse como la parte limpia de la historia.