Globalnewsdesk

Capítulo 11 - La investigación de Sofia

Chapter 11 - Capítulo 11 - La investigación de Sofia

Sofia no huyó de la pregunta.

Pidió ver el artículo, lo leyó y se sentó.

—Es mío.

Damen cerró los ojos.

Clara permaneció junto a la ventana.

—Explícalo sin tratarme como paciente.

Sofia asintió.

A los diecinueve años participó en un proyecto universitario sobre cómo el cerebro relacionaba nombres, sonidos y emociones después de un trauma. El estudio se realizaba con voluntarios adultos, bajo consentimiento, y no pretendía implantar recuerdos.

—Vale era residente en el laboratorio —dijo—. Copió parte del protocolo.

—¿Sabías que trabajaba con Vittorio? —preguntó Damen.

—No entonces.

Sofia descubrió años después que Vale adaptó el método para Saint Orla. Amenazó con denunciarlo. Vittorio le mostró expedientes de pacientes y dijo que cualquier escándalo haría parecer que ella dirigía el programa.

—¿Y callaste?

—Sí.

Clara sintió rabia, pero no sorpresa.

—Todos teníais una razón extraordinaria para dejarnos allí.

Sofia bajó la cabeza.

—No hay una razón suficiente.

—¿Ayudaste a tratar a mi madre?

—Revisé un expediente anónimo hace nueve años. Recomendé retirar dos medicamentos. No sabía que era Elena. Mis recomendaciones nunca se aplicaron.

Vale entregó correos donde Sofia exigía detener tratamientos, pero también otros donde aceptaba mantener confidencialidad a cambio de retirar su nombre de los protocolos.

—Protegiste tu carrera —dijo Damen.

—Sí.

La fiscalía consideró cargos por omisión y encubrimiento. Sofia ofreció entregar todas sus investigaciones, renunciar a cargos directivos y declarar sin pedir inmunidad.

Clara la observó.

—No conviertas el castigo en espectáculo.

—No.

—Las mujeres afectadas decidirán qué reparación necesitan de ti.

Sofia asintió.

Vale comenzó a entregar archivos.

Había treinta y siete pacientes en Saint Orla y catorce en San Giacomo. Algunas ingresaron voluntariamente y después perdieron la posibilidad real de salir. Otras fueron llevadas mediante órdenes privadas y diagnósticos fabricados.

Ruth ayudó a relacionar códigos financieros con nombres. Beatrice contactó con antiguas enfermeras. Vincent identificó empresas de seguridad.

Damen puso a disposición su personal técnico, pero Clara exigió que cada acceso quedara supervisado por la fiscalía.

—No confías en mí —dijo él durante una reunión.

—Confío en que ahora quieres ayudar. No es lo mismo que confiarte el control.

—Entendido.

Damen vendió dos propiedades compradas con fondos de Solenne y depositó el dinero en una cuenta de restitución. La fiscalía no se lo exigió todavía.

Clara se enteró por Helena.

—¿Por qué no me lo dijo?

—Porque quizá por primera vez hizo algo que no necesitaba que usted viera.

Aquello la perturbó más de lo que quería admitir.

La audiencia sobre su capacidad se acercaba. Richard contrató a expertos que nunca habían hablado con ella. Uno escribió que su aparición pública demostraba «grandiosidad defensiva». Otro interpretó su negativa a reconciliarse con su padre como «rigidez paranoide».

Helena los desmontó uno a uno.

—Es extraordinario —dijo—. Cuando una mujer calla, la llaman incapaz. Cuando habla, llaman síntoma a su claridad.

Elena decidió declarar por vídeo.

Sofia no participó en su preparación. Una médica independiente evaluó su capacidad para responder preguntas concretas.

Richard intentó impedirlo.

Su abogado argumentó que Elena estaba manipulada por Clara.

—Mi padre dirá que mi madre y yo nos manipulamos mutuamente —dijo Clara—. Porque no entiende una relación donde dos mujeres pueden coincidir sin que una controle a la otra.

La noche anterior a la audiencia, Damen pidió hablar.

Se reunieron en el jardín de la mansión, a plena luz y con Helena dentro de la casa.

—Voy a solicitar que el matrimonio sea declarado nulo —dijo.

Clara lo miró.

—¿Sin preguntarme?

—Voy a presentar mi consentimiento. Tú decidirás si haces lo mismo.

—¿Por qué ahora?

—Porque mientras siga existiendo, cualquier ayuda que ofrezca puede parecer un intento de conservar las acciones.

—También puede serlo.

—Sí.

Damen sacó una carpeta.

Había renunciado por escrito a cualquier derecho sobre Hastings Medical, incluso si el matrimonio se mantenía.

—Esto no borra lo que hice.

—No.

—Tampoco espero que cambie lo que sientes.

Clara tomó el documento.

—No sé lo que siento.

—Entonces no voy a llenarlo con lo que me conviene imaginar.

Por primera vez, él dejó un silencio sin apropiárselo.

Cuando regresaron a la casa, Vincent esperaba con una caja recuperada del antiguo despacho de Marco.

Dentro había un vídeo sin abrir.

Marco aparecía sentado frente a la cámara.

—Clara —decía—, si estás viendo esto, significa que Damen siguió el camino que temía. Antes de que decidas si puedes creer en él, hay algo que debes saber sobre la noche en que morí.

Damen se quedó quieto.

Marco continuó:

—Mi hermano estuvo allí.

Damen pidió una copia del mensaje de Marco y otra para el archivo de las víctimas. No quiso guardar el original en la cripta familiar. —Marco no murió para convertirse en reliquia privada —dijo. Clara aprobó el depósito público. Fue la primera decisión sobre un Rossi que no buscaba fortalecer el apellido, sino limitar su poder sobre la memoria.

Marco hablaba a la cámara con una carpeta roja delante.

—No sé si Damen tendrá valor para mirar —decía—. Vittorio utiliza su certeza como una correa.

La grabación mostró el almacén. Damen rechazaba los documentos sin abrirlos.

—Las rechazaste —dijo Clara.

—Sí.

Marco añadió:

—Clara, si él te utiliza, no le debes paciencia por ser mi hermano. Si cambia, que lo demuestre sin convertirte en premio.

La pantalla quedó negra y después mostró la motocicleta bajo la lluvia.

Damen no pidió que se apagara.

May you like

—La siguiente vez que vi a Marco fue en la morgue.

Clara entendió que el remordimiento de Damen no empezaba en la boda. Llevaba cinco años buscando un enemigo externo para no mirar aquella última puerta que él mismo decidió cerrar.

Related Stories

Other posts