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Capítulo 05 - La prueba que debía asustarla

Chapter 05 - Capítulo 05 - La prueba que debía asustarla

Claire no llamó a Patricia.

Llamó primero al laboratorio cuyo membrete aparecía en la prueba.

La directora médica confirmó que el número de expediente era real, pero correspondía a un análisis de parentesco realizado entre dos hombres de Ohio. Los nombres habían sido sustituidos y el resultado alterado.

—¿Puede saberse quién pidió la copia? —preguntó Sonia.

—Con una orden judicial.

—La tendrá esta tarde.

David Moreau permanecía sentado frente a ellas. Ya no fingía que había llegado para ayudar.

—Patricia me entregó el sobre —dijo—. Afirmó que Malcolm había pagado el análisis.

Claire lo miró.

—Y tú, administrador de una sociedad de sesenta millones, no verificaste un documento que podía convertir mi matrimonio en incesto.

David bajó la cabeza.

—Quería que te alejaras de los Voss.

—Podías decirme que robaban mi dinero.

—No sabía cuánto podía demostrar.

—Entonces elegiste una mentira que podía destruirme.

David se quedó en silencio.

Sonia le pidió las credenciales de Aurelia, los archivos de firmas y todos los mensajes intercambiados con Patricia. Su abogado intentó limitar la entrega. David lo detuvo.

—Dáselo todo.

—Señor Moreau, no es aconsejable.

—Nada de lo que he hecho ha sido aconsejable.

Claire pensó en Lydia. En Malcolm. En Miriam. En la colección de adultos que empezaban a confesar cuando ya no podían controlar la salida.

—¿Quién es mi padre? —preguntó.

David respondió sin rodeos.

—Thomas Hart.

—¿Estás seguro?

—Joanna hizo una prueba privada cuando empezaron los rumores sobre Malcolm. Thomas la guardó con el contrato de Aurelia.

No estaba en la caja bancaria.

Alguien la había retirado antes de que Claire llegara.

El registro de acceso mostró una visita seis meses atrás. La persona utilizó una autorización antigua de David.

—¿Fuiste tú? —preguntó Sonia.

—No.

—¿Quién tenía copia?

David nombró a Harrison.

Claire sintió que la traición ya no podía sorprenderla, pero su cuerpo insistió en reaccionar: la garganta seca, las manos frías, una presión detrás de los ojos.

Harrison había entrado en la caja antes de conocer oficialmente la existencia de Aurelia. Eso significaba que investigaba desde antes del informe de ocho meses.

—¿Cuándo empezó a sospechar? —preguntó.

David recordó una cena de Navidad, dos años atrás. Patricia bebió demasiado y llamó a Claire “la última firma de Joanna”. Harrison preguntó qué significaba. Su madre cambió de tema, pero él contrató a un investigador.

—Me encontró —dijo David—. Le conté parte.

—¿Qué parte?

—Que Aurelia existía y que podías heredarla.

—¿Le dijiste lo de mi hermana?

—No.

—¿Lo de mi padre?

—Le dije que había dudas.

Claire se levantó.

—Voy a hablar con Malcolm.

Esta vez la residencia no intentó impedir la visita.

Malcolm estaba cansado. La declaración del día anterior le había provocado una subida de tensión, pero insistió en verla.

Claire colocó la prueba falsa sobre la mesa.

—¿Alguna vez creíste que eras mi padre?

Él cerró los ojos.

—Quise.

No era la respuesta que esperaba.

Malcolm contó que amó a Joanna durante años. Ella eligió a Thomas porque era un hombre tranquilo, ajeno a las familias poderosas y dispuesto a criar a Lily como hija propia si lograban recuperarla.

—Joanna y yo… una noche —dijo Malcolm—. Antes de Thomas.

—¿Podías ser mi padre?

—Sí.

—¿Hiciste una prueba?

—Después de tu nacimiento. Thomas era tu padre.

Malcolm guardó una copia. La original estaba con los documentos de Thomas. Tras el derrame, Patricia encontró su archivo personal.

—¿Ella sabía desde siempre que no eras mi padre?

—Sí.

—Entonces inventó la prueba para asustarme.

Malcolm asintió.

Patricia conocía el efecto que tendría. Si Claire creyera que Harrison era su hermano, no solo abandonaría cualquier negociación con él. Quizá también evitaría un juicio público por miedo a exponer a Lily y a sí misma.

—¿Harrison vio la prueba verdadera? —preguntó Claire.

Malcolm tardó.

—Sí.

—¿Cuándo?

—Dos años.

Claire cerró los ojos.

Harrison supo durante dos años que Thomas era su padre, que existían dudas fabricadas y que alguien manipulaba documentos. Aun así no le dijo nada.

—¿Por qué?

—Patricia dijo… prueba verdadera también podía destruirse. Harrison quería original.

—Entró en la caja.

—Sí.

—¿Lo encontró?

Malcolm negó.

La prueba ya no estaba allí.

Harrison había salido con otra cosa: una carta de Thomas dirigida a Claire.

Malcolm había visto una fotografía del sobre en el teléfono de su hijo.

—¿Qué decía?

—No sé. Harrison nunca mostró.

Claire llamó a su exmarido desde el pasillo.

—Trae la carta de mi padre.

Hubo un silencio.

—No sé de qué hablas.

—Entraste en la caja de Brooklyn hace seis meses.

—David te está mintiendo.

—El banco tiene tu imagen.

Harrison respiró con dificultad.

—Claire, déjame explicarlo en persona.

—La carta.

—No la tengo.

—¿Quién la tiene?

—Mi madre.

Claire apretó el teléfono.

—¿Se la diste?

—Dijo que podía contener información que perjudicara a Lily.

—Mi padre escribió una carta para mí y se la entregaste a la mujer que robó sus documentos.

—No sabía todo entonces.

—Sabías suficiente.

Harrison elevó la voz.

—¡Siempre dices eso como si hubiera una línea clara! No la había. Había una empresa, deudas, mi padre enfermo, mi madre diciendo que todo se hundiría y tú negándote a hablar de dinero conmigo.

—Me negaba porque cada conversación terminaba con tu madre dentro de mis cuentas.

—Éramos un matrimonio.

—Y tú convertiste esa palabra en una llave.

Claire colgó.

Sonia consiguió una orden para registrar la casa de Patricia y la oficina de Harrison. La carta no apareció.

Encontraron, sin embargo, una caja de seguridad portátil con varias memorias. Una contenía grabaciones privadas de Claire: conversaciones con su terapeuta, discusiones matrimoniales y momentos en que lloraba después del parto.

Las fechas abarcaban casi cinco años.

—¿Quién las grabó? —preguntó Claire.

El técnico identificó el origen.

El sistema doméstico instalado por Harrison.

Él había dicho que las cámaras interiores nunca almacenaban audio.

Entre los archivos había una carpeta titulada CAPACIDAD CLAIRE.

Dentro se encontraban fragmentos seleccionados para mostrarla cansada, confundida o enfadada.

Sonia la miró.

—Estaban preparando una solicitud de incapacidad.

Claire sintió miedo por primera vez desde la gala.

No miedo a perder dinero.

Miedo a que hubieran planeado quitarle a Lily utilizando sus momentos más vulnerables como pruebas.

El último archivo era reciente.

Se grabó la noche anterior al divorcio.

En él, Harrison hablaba con Patricia en la cocina.

—No voy a presentar esto —decía.

Patricia respondía:

—Entonces Claire se quedará con la niña, con Aurelia y con todo lo que tu padre quiso dejarte.

Harrison guardaba silencio.

Después preguntaba:

—¿Y si utilizamos solo la parte donde dice que a veces quiere desaparecer?

Claire dejó de escuchar.

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El hombre que afirmaba haberla amado no había rechazado el plan.

Solo había intentado encontrar una versión que le pareciera menos cruel.

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