Capítulo 14 - El nombre de Amelia

Chapter 14 - Capítulo 14 - El nombre de Amelia
La afirmación parecía imposible.
Los registros del incendio identificaban a Amelia Stone como una niña de seis años sin familiares. La nueva reclamación, sin embargo, incluía un certificado de nacimiento donde figuraba como Amelia Hart, hija de Joanna Hart y padre no declarado.
—¿Es auténtico? —preguntó Claire.
Sonia negó.
—Todavía no lo sabemos.
La reclamación se presentó doce años atrás y quedó suspendida por falta de prueba de supervivencia. No pedía dinero. Solo exigía que ninguna venta de Aurora pudiera realizarse sin revisar la identidad de Amelia.
—¿Quién la presentó? —preguntó Naomi.
El abogado firmante era Samuel Ortega.
Otra vez Samuel.
Ruth recordó haber oído el nombre de Amelia en conversaciones de Joanna.
—No como hija —dijo—. Como ahijada.
Miriam confirmó que Amelia era hija de Gabrielle Lane. Joanna ayudó a Gabrielle durante un embarazo difícil y aceptó ser madrina. Cuando la familia de Gabrielle la rechazó, Joanna permitió que la niña usara temporalmente el apellido Hart para recibir seguro médico.
—Entonces el certificado puede ser real, pero no demuestra maternidad biológica —dijo Sonia.
—¿Por qué estaba en la casa de los Vale? —preguntó Claire.
Gabrielle respondió desde Nuevo México por videollamada, con su abogada presente.
Había enviado a Amelia con Margaret durante unas semanas porque Patricia la obligó a viajar. El incendio ocurrió antes de que regresara.
—Creí que mi hija había muerto —dijo.
—¿Y después ayudó a identificarla como Lily? —preguntó Naomi.
Gabrielle lloró.
—Patricia dijo que si insistía en el nombre de Amelia, me culparían del incendio y Naomi volvería con Joanna. Me prometió que al menos una niña estaría a salvo.
—Así que permitió que su hija fuera enterrada con mi nombre.
—Sí.
Naomi cerró los ojos.
Claire sintió compasión por Gabrielle y, al mismo tiempo, rechazo ante la forma en que cada adulto utilizaba a una niña para justificar el abandono de otra.
Samuel presentó la reclamación porque sospechaba que el cuerpo podía no ser Amelia. No había autopsia completa. La identificación se hizo por objetos y tamaño aproximado.
—¿Existe la posibilidad de que Amelia sobreviviera también? —preguntó Sonia.
Gabrielle negó.
—Vi el cuerpo años después, cuando exhumaron por una revisión privada.
—¿Tiene informe?
—Patricia se lo quedó.
La fiscalía obtuvo una orden de exhumación oficial. Los análisis tardarían semanas, pero podían confirmar la identidad mediante ADN de Gabrielle.
Mientras tanto, la reclamación no otorgaba derechos hereditarios. Solo obligaba a reconocer que Amelia fue parte de la historia y que su nombre había sido borrado.
Naomi pidió una lápida nueva incluso antes del resultado.
—Aunque no sea Amelia, la niña enterrada merece su nombre.
Claire estuvo de acuerdo.
El falso misterio de una tercera heredera había servido, sin embargo, para revelar otra verdad: Samuel Ortega intentó corregir el encubrimiento antes de morir. Su archivo podía contener pruebas sobre Thomas.
Tomás Ortega, el gemelo que suplantó al notario, recordó una caja guardada en una antigua oficina de correos. La fiscalía la recuperó.
Dentro había una declaración firmada por un mecánico llamado Luis Cabrera.
Cabrera confesaba haber manipulado los frenos del coche de Thomas Hart por encargo de Gabrielle Lane.
Claire sintió que la sala se helaba.
Gabrielle negó haber dado la orden.
—Patricia utilizó mi nombre.
—¿Puede demostrarlo? —preguntó la fiscal.
Gabrielle entregó cartas y registros de viaje. La noche en que Cabrera recibió el pago, ella estaba hospitalizada en Albuquerque después de una agresión.
El depósito provenía de una cuenta abierta con sus documentos, pero administrada por Celeste Lane, su hija, que entonces era menor de edad.
—Celeste tenía catorce años —dijo Grant.
—Alguien utilizó su identidad igual que utilizaron la de Claire y la tuya —respondió Sonia.
La dirección asociada a la cuenta pertenecía a una oficina de Voss Heritage.
El responsable financiero de aquella época era Malcolm.
Volvieron a la residencia.
Malcolm leyó la declaración del mecánico. Su mano temblaba.
—No ordené.
—¿Abriste la cuenta? —preguntó Claire.
—Sí. Patricia pidió… pagos discretos.
—¿Sabías para qué?
—Investigación Thomas.
—¿Después de que rechazara tu dinero?
Malcolm asintió.
El mecánico recibió instrucciones mediante una llamada desde el despacho privado de Malcolm. Las cámaras no existían entonces. Dos personas tenían llave: Malcolm y Patricia.
—¿Dónde estabas esa noche? —preguntó la fiscal.
Malcolm mostró un registro de ingreso hospitalario. Había sufrido una arritmia y permaneció monitorizado desde la tarde hasta el día siguiente.
Patricia estuvo con él solo hasta las ocho.
Thomas murió a medianoche.
La coartada de Malcolm era sólida.
La de Patricia no.
Cuando la fiscal la confrontó, Patricia mantuvo silencio.
Después pidió hablar con Claire sin abogados.
Claire rechazó la condición, pero aceptó una conversación grabada con Sonia presente.
Patricia apareció tras el cristal de la sala de visitas sin joyas ni maquillaje. Parecía más pequeña, pero no menos peligrosa.
—No maté a Thomas —dijo.
—Entonces di quién lo hizo.
—Thomas se reunió con Harrison aquella noche.
Claire sintió confusión.
Harrison tenía diez años cuando Thomas murió.
Patricia sonrió al ver su expresión.
—No tu Harrison. Su tío Harrison Vale, hermano de Malcolm.
El exmarido de Claire llevaba el nombre de un hombre que la familia había borrado.
Harrison Vale era abogado, socio de Samuel Ortega y defensor de Joanna. Desapareció pocos días después del accidente.
—¿Está vivo? —preguntó Sonia.
Patricia miró a Claire.
—Murió hace seis años bajo el nombre de Henry Reed.
Reed era el apellido adoptivo de Naomi.
El hombre que la crió después del incendio podía haber sido el tío de Harrison.
—¿Él mató a Thomas? —preguntó Claire.
—No. Intentó salvarlo.
—¿Quién manipuló los frenos?
Patricia bajó la mirada por primera vez.
—Mi padre.
El abuelo de Harrison y Grant, fundador oficial de Voss Gems, había protegido la empresa mucho antes de que Patricia tomara el control.
—Está muerto —dijo Claire.
—Sí.
—Conveniente.
—Tengo una grabación.
Patricia ofrecía entregarla si Claire apoyaba un acuerdo que excluyera los cargos del medicamento y el incendio.
Claire se levantó.
—No cambiaré una verdad por otra.
—Entonces nunca la tendrás.
Sonia colocó una fotografía sobre la mesa.
Era la imagen de la caja fuerte de Patricia durante el registro. En un estante se veía una cinta marcada con las iniciales de su padre.
—Ya la tenemos —dijo.
Patricia perdió el color.
La cinta contenía la voz del viejo fundador confesando la orden contra Thomas.
Pero también contenía a una joven Patricia suplicándole que se detuviera.
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Durante años, ella había utilizado el crimen de su padre para justificar los suyos.
Y ahora la grabación demostraba que, al menos aquella vez, intentó impedirlo.