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Capítulo 03 - El informe de Harrison

Chapter 03 - Capítulo 03 - El informe de Harrison

Harrison llegó a la oficina de Sonia sin abogado.

Aquello no significaba valor. Significaba que seguía creyendo que una conversación privada podía devolverle la versión de Claire que siempre cedía antes de que una discusión se volviera incómoda.

Ella estaba sentada al otro lado de la mesa, con una carpeta cerrada delante.

—¿Dónde está Lily? —preguntó él.

—A salvo.

—Tengo derecho a verla.

—Tienes una visita supervisada el sábado. La orden no ha cambiado.

Harrison miró a Sonia.

—Esto es entre mi esposa y yo.

Claire sostuvo su mirada.

—Exesposa.

Él respiró como si la palabra siguiera sorprendiéndolo.

—No entendí que la sentencia saldría tan rápido.

—No respondiste.

—Mi madre dijo que tu abogado estaba presionando para asustarnos.

—¿Y tú qué dijiste?

—Confié en ella.

Claire abrió la carpeta.

—Hablemos de lo que hiciste cuando dejaste de confiar.

Colocó sobre la mesa el informe de David Moreau. Estaba fechado ocho meses atrás. Detallaba la estructura de Aurelia Holdings, la participación de Claire, el valor aproximado de las regalías y la activación de la cláusula por edad.

En la última página había una nota escrita por Harrison:

«No informar a Claire hasta definir impacto conyugal y exposición del préstamo».

Él miró la frase.

—No significa lo que crees.

—Es tu letra.

—Quería entender las consecuencias antes de alarmarte.

—¿Alarmarme porque poseía una empresa o porque habíais usado mi firma?

Harrison guardó silencio.

Sonia intervino.

—Señor Voss, esta reunión no es confidencial. Si admite participación en una falsificación, puede ser entregada a la fiscalía.

Él la miró con resentimiento.

—Claire me pidió venir.

—Te pedí que dijeras la verdad —respondió ella—. No que vinieras sin entender el riesgo.

Harrison se pasó una mano por el cabello.

David Moreau le envió el informe después de que un banco preguntara por la garantía vinculada a Lily. Harrison descubrió que Aurelia era de Claire y que Patricia había utilizado documentos falsos.

—Me enfrenté a mi madre —dijo.

—¿Qué hizo?

—Dijo que si el banco denunciaba, el consejo expulsaría a Malcolm, la empresa cerraría y cientos de personas perderían el trabajo.

—¿Y tú?

—Le pedí tiempo.

—Tiempo para qué.

—Para vender dos propiedades, cubrir la deuda y devolverte el dinero sin que Lily quedara involucrada.

Claire lo miró con incredulidad cansada.

—¿Devolverme nueve millones sin contarme que me los habíais quitado?

—No fui yo quien hizo las transferencias.

—Usaste la casa de Aurelia en Aspen, viajaste con la cuenta y pagaste tu campaña para el consejo con ese dinero.

—Pensé que era patrimonio familiar.

—Después del informe ya no lo pensabas.

Harrison bajó la cabeza.

—No.

La admisión fue pequeña y definitiva.

Claire recordó los últimos ocho meses. Harrison había insistido en renovar sus votos. Había propuesto un seguro de vida nuevo. Le pidió añadirlo como administrador de emergencia de sus empresas “por Lily”. Cuando ella se negó, Patricia comenzó a decir que Claire estaba paranoica y demasiado afectada por la maternidad.

—¿La renovación de votos era para modificar el acuerdo matrimonial?

Harrison no respondió.

—Mírame.

Él levantó los ojos.

—Sí.

Sonia dejó el bolígrafo.

Harrison explicó que Patricia y David prepararon un anexo. Si Claire lo firmaba durante una ceremonia privada, Aurelia pasaría a considerarse activo conyugal administrado por ambos.

—¿Ibas a decírmelo? —preguntó Claire.

—Después de resolver el préstamo.

—Todo en tu familia ocurre después.

Él golpeó suavemente la mesa con la palma.

—¡Estaba intentando mantenernos juntos!

Claire no se movió.

—Intentabas mantener el acceso.

—Te quería.

—Puede que sí.

La respuesta lo desarmó.

—Pero me querías de una forma que siempre te dejaba a ti el derecho a decidir qué verdad podía soportar.

Harrison respiró con dificultad.

—No sabía que mamá había falsificado el documento original de Joanna.

—¿Qué documento?

Él se dio cuenta de que había hablado demasiado.

Sonia cerró la puerta del despacho.

—Siéntese.

Harrison contó que Patricia guardaba un contrato de cesión supuestamente firmado por Joanna Hart. Era la base legal con la que Voss Gems explotaba la colección Aurora. David había advertido que, si Aurelia reclamaba los derechos, la familia necesitaría el original.

—¿Dónde está? —preguntó Claire.

—En la bóveda de la tienda de Madison Avenue.

—¿Lo viste?

—Sí.

—¿La firma era de mi madre?

Harrison tardó.

—Parecía.

Claire empujó hacia él una copia de una carta auténtica de Joanna.

—Llevaste seis años casado conmigo. Has visto su letra en mi casa. ¿Era la suya?

—No exactamente.

Sonia tomó nota.

—¿Quién preparó el contrato?

—David.

—¿Y quién lo firmó?

Harrison cerró los ojos.

—Patricia dijo que Miriam Cole podía imitar cualquier trazo.

Claire sintió que algo se tensaba dentro de ella.

Miriam había aparecido como aliada. Había entregado documentos. Había hablado de Joanna con afecto.

—¿Miriam falsificó la firma de mi madre?

—No sé si aceptó. Solo sé que mi madre la mencionó.

Claire se levantó.

—La veremos ahora.

Miriam estaba en su pequeño taller de Queens, rodeada de lupas, limas y bandejas con piezas sin montar. Al escuchar la acusación, no se defendió de inmediato.

Se quitó las gafas.

—Sí —dijo—. Copié la firma.

Claire sintió que el aire desaparecía.

—¿Por qué?

—Porque Joanna me lo pidió.

—Eso no tiene sentido.

Miriam abrió un cajón y sacó una caja de madera.

Dentro había dos contratos casi idénticos.

—Uno entregaba los diseños a Patricia —explicó—. El otro los transfería a Aurelia Holdings. Joanna sabía que Patricia revisaba su correspondencia. Me pidió crear un documento falso para que creyera que había ganado.

—Entonces el contrato de la bóveda es el señuelo.

—Sí.

—¿Y el verdadero?

Miriam miró a Claire.

—Lo guardó tu padre.

Claire se quedó inmóvil.

Su padre, Thomas Hart, murió en un accidente de coche cuando ella tenía seis años. Siempre le dijeron que trabajaba como profesor y que no tenía relación con la joyería.

—Mi padre no sabía nada de Aurelia.

—Tu padre la administró durante los primeros cuatro años.

Miriam le entregó una llave antigua.

—Guardó el contrato en una caja bancaria a nombre de Lily Hart.

Claire frunció el ceño.

—Lily no había nacido.

—No se refería a tu hija.

Miriam sacó una fotografía de Joanna junto a una niña rubia de cuatro años.

—Lily era tu hermana mayor.

Claire miró el rostro desconocido.

—Yo no tengo una hermana.

—La tuviste. Y Patricia la crió bajo otro nombre.

En el reverso de la fotografía había una fecha y una palabra escrita por Joanna:

«Celeste».

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La mujer que Claire había considerado su suegra podía haber robado mucho más que unos diseños.

Podía haber criado a la primera hija de Joanna como si fuera suya.

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