Capítulo 17 - El dinero de North Star

Chapter 17 - Capítulo 17 - El dinero de North Star
Naomi no intentó negar la transferencia.
—North Star es mío.
Claire cerró la puerta del despacho.
—¿De dónde salieron cinco millones?
—De Henry Reed.
El nombre adoptivo de Harrison Vale, el hombre que crió a Naomi después del incendio, regresó a la historia.
Henry murió seis años atrás. Naomi dijo entonces que su padre adoptivo había dejado una casa modesta y algunas deudas. No mencionó una fundación.
—¿También mentiste sobre eso?
—No conocía North Star cuando murió.
Un año después, un abogado entregó a Naomi una carta y acceso a un fideicomiso. Henry había cobrado durante décadas por asesorar en secreto a Malcolm, Samuel Ortega y Joanna. Guardó ese dinero para reparar parte del daño causado por la familia Voss.
—¿Dinero limpio? —preguntó Sonia.
—No todo.
Naomi entregó los registros.
Una parte provenía de honorarios legales legítimos. Otra procedía de pagos de silencio de Malcolm. Henry los aceptó mientras ocultaba a Naomi y reunía pruebas.
—¿Por qué invertiste en Aurelia? —preguntó Claire.
—Cuando el banco amenazó los hoteles, temí que Aster quedara bloqueada durante meses. North Star compró deuda secundaria para impedir que Voss Capital la adquiriera.
—Sin decirme nada.
—Si te lo decía, podías negarte.
Claire la miró.
Naomi cerró los ojos al escuchar su propia frase.
—Lo sé.
—No, dime qué sabes.
—Que hice lo mismo. Decidí que mi razón era suficientemente buena para quitarte la posibilidad de decir no.
Sonia revisó la operación. No era ilegal, pero creaba un conflicto: Naomi, como copropietaria de Aurelia, también controlaba una entidad acreedora. Debió declararlo al comité.
—Tendremos que informar —dijo Claire.
—Sí.
—Y ofrecer la reversión.
—Sí.
—Puede que pierdas el derecho de voto temporal.
Naomi respiró hondo.
—Lo aceptaré.
No pidió que Claire comprendiera su miedo. No mencionó los años en que nadie la protegió. Asumió el coste antes de buscar consuelo.
Aquello no borraba el secreto, pero abrió una forma distinta de repararlo.
El comité de trabajadoras se reunió al día siguiente. Naomi explicó la procedencia de North Star y su decisión. Teresa Morales hizo la pregunta central.
—¿Ganaste dinero con la compra?
—Podía ganarlo si la deuda aumentaba de valor.
—¿Era tu intención?
—Mi intención era bloquear a Voss Capital. Pero la intención no elimina el beneficio posible.
El comité votó mantener la financiación solo si North Star renunciaba a intereses, convertía la deuda en participación del fondo y publicaba todas sus cuentas.
Naomi aceptó.
También perdió su voto ejecutivo durante seis meses.
Claire se abstuvo en la decisión.
Después, ambas salieron al pasillo.
—¿Estás enfadada? —preguntó Naomi.
—Sí.
—¿Vas a apartarme?
Claire pensó antes de responder.
—No voy a fingir que no ocurrió. Tampoco voy a utilizarlo para castigarte cada vez que no estemos de acuerdo.
Naomi asintió.
—Eso es más de lo que yo sabía hacer contigo.
La carta de Henry Reed contenía otra revelación.
Había investigado la muerte de Thomas y guardado una copia del testimonio de Cabrera. También escribió a Harrison, el exmarido de Claire, cuando este cumplió dieciocho años.
«Llevas mi nombre», decía. «Espero que algún día lo uses mejor de lo que yo usé el mío».
Harrison nunca mencionó aquella carta.
Claire le preguntó durante una reunión de custodia.
—La recibí —admitió.
—¿Sabías quién era Henry?
—Mi madre dijo que era un tío traidor que había intentado robar la empresa.
—¿Investigaste?
—No.
—¿Guardaste la carta?
—Sí.
—¿Por qué?
Harrison miró a través del cristal donde Lily jugaba con una supervisora.
—Porque una parte de mí sabía que podía ser verdad y no quería enfrentarme a mi madre.
Claire ya no necesitaba reaccionar con sorpresa. Harrison estaba aprendiendo a nombrar el patrón, aunque lo había hecho demasiado tarde para el matrimonio.
—¿Qué decía el resto?
Henry advertía que Patricia intentaría utilizar a Harrison como heredero obediente. Le pedía buscar a Naomi y contar a Claire la existencia de Aurelia si alguna vez se casaban.
—¿Sabías de mí antes de conocernos? —preguntó Claire.
—Sabía tu nombre.
El aire cambió.
Harrison la conoció en una conferencia benéfica. Dijo que el encuentro fue casual. Ahora admitía haber asistido porque Patricia le pidió observar a “la hija de Joanna”.
—¿Te acercaste por Aurelia?
—Al principio, sí.
Claire sintió una tristeza más tranquila que la rabia.
—¿Cuándo dejó de ser una misión?
—La segunda vez que nos vimos.
—Eso no convierte la primera vez en casualidad.
—No.
—¿Patricia te pidió casarte conmigo?
—Me sugirió que una unión resolvería antiguos conflictos. Yo ya te quería cuando me lo dijo directamente.
Claire miró a Lily.
Su hija había nacido de una relación con sentimientos reales, pero iniciada bajo una intención oculta. Ambas cosas podían coexistir sin anularse.
—¿Alguna vez pensaste decírmelo?
—Muchas veces.
—No te he preguntado si lo pensaste.
Harrison bajó los ojos.
—No.
La fiscalía añadió aquella información a la investigación de fraude matrimonial, aunque el delito era difícil de sostener por sí solo. Para Claire, la consecuencia principal no sería legal.
Era comprender que su matrimonio no había sido una historia pura corrompida después.
El control estuvo en la primera presentación, esperando crecer.
Esa noche, Claire recibió una invitación del consejo de Voss.
La votación definitiva sobre el nombre de la empresa se celebraría en tres días.
Patricia había renunciado a sus derechos, Grant cedió acciones al fondo y Harrison entregó su participación como parte del acuerdo judicial. Claire y Naomi podían elegir conservar la marca Voss, venderla o retirarla.
Los asesores advirtieron que abandonar el nombre reduciría el valor en cientos de millones.
Teresa pidió que las trabajadoras pudieran votar.
Grant apoyó la petición.
Antes de la reunión, Patricia envió una carta desde prisión.
No iba dirigida a Claire.
Iba dirigida a Lily.
Sonia recomendó no abrirla sin revisión.
Claire la leyó primero.
Patricia no pedía perdón. Contaba a la niña que su madre estaba destruyendo un legado que algún día podría pertenecerle y que las mujeres fuertes no renunciaban al poder por sentimientos.
Al final escribió:
«Cuando seas mayor, busca la caja negra en la casa de Malcolm. Allí está la prueba de que Claire también utilizó tu nombre para quedarse con Aurelia».
Claire sintió el corazón acelerarse.
Nunca había firmado nada en nombre de Lily.
May you like
Pero una caja negra existía.
La había visto en la residencia, bajo el escritorio de Malcolm.