Capítulo 09 - La enfermera que dejó de existir

Chapter 09 - Capítulo 09 - La enfermera que dejó de existir
Jason juró que no había secuestrado a Miriam.
Lo hizo sin levantar la voz, mientras Claire sostenía el teléfono delante de su rostro y ampliaba la fotografía. El reflejo mostraba una mano masculina, un reloj de acero y una cicatriz junto al pulgar. Jason llevaba el mismo reloj. La cicatriz se la había hecho de niño al caer de un caballo, según acababa de explicar Evelyn.
—La saqué antes de que los hombres de Malcolm llegaran —dijo—. Si se hubiera quedado, ahora estaría firmando una renuncia o ingresada en algún centro con un diagnóstico conveniente.
—¿Dónde está?
—A salvo.
—Esa respuesta siempre la da quien tiene a alguien encerrado.
Jason miró a Ethan. Su primo estaba más despierto que unas horas antes, pero aún no podía mantenerse sentado sin ayuda.
—Dile que no soy el único que miente en esta casa.
—No necesito que él me diga nada. Necesito ver a Miriam.
Mara se colocó junto a Claire.
—Si no nos lleva hasta ella, llamaré a la policía y entregaré la fotografía.
Jason soltó una risa amarga.
—La policía local lleva veinte años recibiendo donaciones de Malcolm. Pero adelante. Tal vez envíen al mismo agente que declaró accidental la muerte de Samuel Bennett.
Claire sintió un golpe seco en el pecho.
—Mi padre murió de un infarto.
—Eso pone el certificado.
—¿Qué estás insinuando?
—Que Malcolm llegó a su casa cuarenta minutos antes de que llamaran a la ambulancia.
Ruth nunca había mencionado una visita.
Claire marcó el número de su madre. No respondió. Llamó a Daniel. Contestó al cuarto tono, con ruido de herramientas al fondo.
—¿Mamá está contigo?
—Salió hace una hora. Dijo que iba a hablar con alguien del banco.
—Encuéntrala y no la dejes sola.
Jason tomó las llaves del coche.
—Miriam está en una residencia parroquial abandonada, a quince minutos. Mara puede venir. Claire también. Ethan se queda.
—Claire no irá contigo —dijo Ethan.
La frase salió más firme de lo esperado. Jason lo miró como si acabara de oír hablar a un fantasma.
—Nueve meses dormido y sigues dando órdenes.
—Nueve meses… escuchándote.
Jason apartó la vista.
Claire pidió a Nora que se quedara con Ethan. Después guardó una copia de los archivos en el bolsillo interior de su abrigo y siguió a Mara hasta el coche de Jason.
La residencia estaba detrás de una iglesia cerrada, al final de una calle estrecha. Miriam abrió la puerta antes de que llamaran. Tenía el labio partido y una venda en la muñeca, pero estaba consciente.
—No fue Jason —dijo al ver la expresión de Claire—. Me encontró en el aparcamiento cuando dos hombres intentaban meterme en una furgoneta.
—¿Quiénes eran?
—Seguridad de la compañía. Los reconocí.
Jason dejó las llaves sobre una mesa.
—Ahora ya sabes por qué no llamé a la policía.
Claire no le dio las gracias. Se acercó a Miriam y la abrazó con cuidado.
La enfermera sacó de debajo de un cojín una libreta de tapas verdes. Había reconstruido en ella las dosis, fechas y horas de cada despertar de Ethan. También había copiado los códigos de autorización que aparecían en el sistema antes de que Cole borrara las entradas.
—Los códigos de Jason terminan en siete —explicó—. Los de Malcolm, en uno. Casi todos los aumentos de sedación fueron autorizados con el uno.
Mara fotografió cada página.
—¿Puede demostrar que no añadió esto después?
Miriam sacó una memoria pequeña.
—Guardé capturas con fecha automática y las envié a mi correo. También hay una grabación de Navidad.
En el audio se oía la voz de Malcolm dentro de la habitación de Ethan.
«No puede despertar antes de la votación. Si habla, se abrirá la auditoría. Manténgalo tranquilo, Cole. No me obligue a buscar un médico menos escrupuloso».
Después se oía a Cole preguntar cuánto tiempo debía mantener el tratamiento.
«Hasta que su firma deje de importar».
Claire cerró los ojos. Aquella frase convertía nueve meses de cuidados en nueve meses de cautiverio.
—¿Por qué no acudiste antes a alguien? —preguntó.
Miriam apretó la libreta.
—Mi hija trabaja en Thornton Biomed. Tiene dos niños y una hipoteca. Cole me enseñó fotografías de su casa. Dijo que si hablaba, perderíamos las dos el empleo. No estoy orgullosa.
—Tener miedo no te convierte en culpable —dijo Claire.
—Callar sí dejó a Ethan allí dentro.
Jason permanecía junto a la ventana.
—Todos callamos por algo —murmuró.
Mara encendió la grabadora del teléfono.
—Entonces empiece a hablar.
Jason se volvió.
Contó que la noche del accidente había seguido a Ethan hasta el garaje de la compañía. Sabía que llevaba la memoria con la auditoría y quería impedir que asistiera a una reunión con fiscales federales. Pagó a un mecánico para aflojar una válvula del sistema de frenos. Su intención, afirmó, era que el coche fallara al salir del aparcamiento y obligara a Ethan a detenerse.
Pero empezó a llover. Ethan tomó una carretera secundaria. La avería ocurrió en una curva.
—No quería que cayera por el terraplén —dijo Jason—. Cuando me avisaron, fui al hospital. Malcolm ya estaba allí. Encontró la memoria vacía y comprendió que Ethan había escondido una copia.
—¿Y te protegió? —preguntó Claire.
—Me dijo que, si obedecía, nadie sabría lo que había hecho. Luego utilizó el accidente para declarar a Ethan incapaz y cerrar la auditoría.
—Aceptaste.
Jason la miró de frente.
—Sí.
No pidió comprensión. Tal vez porque sabía que no la merecía.
—¿Y la boda? —preguntó Mara.
—Fue idea mía. El fideicomiso impedía a Malcolm vender Aster sin una autorización conyugal. Necesitábamos una esposa vinculada a la auditoría, alguien a quien pudiéramos desacreditar después. Claire era perfecta: hija del supuesto ladrón, familia endeudada y ninguna conexión poderosa.
Claire sintió ganas de abofetearlo. En lugar de hacerlo, mantuvo la voz estable.
—No era perfecta. Era vulnerable. Vosotros confundís esas dos cosas.
Jason bajó la mirada.
El teléfono de Claire sonó. Era Daniel.
—He encontrado a mamá —dijo—. Está en casa, pero no quiere hablar. Claire, hay algo que debes saber. Malcolm estuvo con papá la noche que murió. Mamá lo dejó entrar.
Ruth tomó el teléfono al otro lado.
—Lo siento —susurró—. Pensé que venía a ayudar.
Claire sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
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La persona que había protegido el secreto más peligroso de Malcolm no estaba en la finca Thornton.
Vivía en la casa de Claire desde hacía dos años y la llamaba hija.