Capítulo 04 - Los nueve meses robados

Chapter 04 - Capítulo 04 - Los nueve meses robados
El anexo B no autorizaba una boda.
Autorizaba a Claire a recibir una caja de seguridad, una copia de una auditoría interna y el testimonio grabado de Ethan en caso de muerte o incapacidad. Alguien había separado esa página del documento original y la había utilizado para construir un consentimiento matrimonial que jamás existió.
—La firma parece auténtica —dijo Claire.
Miriam cerró las cortinas.
—Puede serlo. El doctor Cole guarda hojas firmadas en blanco para emergencias. En esta casa, una emergencia es cualquier cosa que Jason necesite.
Claire fotografió el documento y lo escondió dentro del forro de su bolso. Ethan observaba desde la cama, agotado.
—¿Por qué me lo das?
La enfermera tardó en responder.
—Porque llevo seis meses preguntándome si estoy cuidando a un paciente o ayudando a enterrarlo.
Contó que Ethan había mostrado señales de conciencia en tres ocasiones. La primera, dos meses después del accidente. La segunda, en Navidad. La tercera, hacía once días. Cada vez que reaccionaba, el doctor Cole modificaba la medicación y prohibía anotar el episodio en el historial oficial.
—Yo lo registré en mis notas privadas —dijo Miriam—. Después desaparecieron de mi taquilla.
—¿Podía oírnos? —preguntó Claire.
Miriam miró al paciente.
—A veces, sí.
Miriam contó que, durante el invierno, había visto lágrimas en las sienes de Ethan cuando Malcolm hablaba de vender Aster. En otra ocasión, el paciente siguió con la mirada una fotografía que Claire ni siquiera sabía que estaba en la habitación: una imagen de Samuel tomada en una cena de empresa. Cole aseguró que eran reflejos. Miriam quiso creerlo porque aceptar lo contrario significaba reconocer que un hombre llevaba meses escuchando su propia vida como si estuviera enterrado bajo una puerta cerrada.
Ethan abrió los ojos mientras ella hablaba. La vergüenza de la enfermera y el terror del paciente se encontraron durante unos segundos. Miriam le pidió perdón. Él movió dos dedos, no para absolverla, sino para tocar apenas su mano. Claire entendió que la gratitud y la responsabilidad podían convivir sin borrarse.
Claire pensó en las conversaciones celebradas junto a su cama, en la boda, en Jason tratándolo como un objeto.
—Tenemos que sacar una muestra.
—Cole cuenta los viales.
—Entonces cambiaremos uno.
Miriam negó con la cabeza.
—Necesitamos un laboratorio independiente y una cadena de custodia. Si actuamos sin pruebas, dirán que una esposa recién llegada manipuló el tratamiento para controlar la fortuna.
La palabra esposa volvía a ser una trampa.
Claire llamó a su madre desde el baño. Ruth respondió al segundo tono.
—¿Cómo ha ido? —preguntó—. ¿Estás bien?
—Mamá, necesito que escuches sin interrumpirme. La deuda no ha desaparecido y creo que han falsificado documentos.
Hubo un silencio.
—Claire, Jason prometió…
—Jason miente. ¿Papá conocía a Ethan?
Ruth respiró hondo.
—Trabajaban en la misma empresa.
—No te he preguntado eso.
—Tu padre era el auditor principal.
—Ethan dejó un documento con mi nombre. Dice que papá era inocente.
Al otro lado, algo cayó al suelo.
—¿Qué documento?
—Eso es lo que quiero saber. ¿Qué me estás ocultando?
Ruth comenzó a llorar en silencio. Claire conocía aquel llanto: no era sorpresa, sino cansancio.
—La noche antes de morir, tu padre me dio una llave —dijo—. Me pidió que no te la entregara a menos que un Thornton viniera a buscarte.
—Jason vino.
—No. Samuel dijo que sabrías cuál.
—¿Cómo iba a saberlo?
—Dijo que el correcto te pediría perdón antes de pedirte ayuda.
Claire miró a Ethan a través de la puerta entreabierta. No le había pedido perdón. Aún no.
—¿Dónde está la llave?
—En la caja de música de tu abuela.
Un golpe sonó en la puerta del dormitorio. Claire terminó la llamada y salió.
El doctor Cole había regresado con dos auxiliares y una camilla.
—El traslado se adelanta —anunció—. El avión sale esta tarde.
—No he firmado.
—El comité ha activado una autorización de emergencia.
Jason apareció detrás de ellos.
—Tu madre ha recibido una prórroga de veinticuatro horas —dijo—. No conviene desperdiciarla.
Claire se interpuso entre la camilla y la cama.
—Ethan tiene fiebre.
Cole miró el monitor.
—No tiene fiebre.
—La tendrá si intentan moverlo.
Jason frunció el ceño.
Claire sostuvo su mirada.
—Como esposa, me opongo al traslado hasta que un médico independiente lo evalúe.
—Hace unas horas cuestionabas la validez del matrimonio.
—Parece que hoy me conviene creer en él.
Por primera vez, Jason perdió la compostura. Su mandíbula se tensó.
—No sabes con quién estás jugando.
—Empiezo a hacerme una idea.
El monitor emitió un pitido. Ethan había acelerado el pulso. Cole se acercó con una jeringa, pero Claire le sujetó la muñeca.
—¿Qué es?
—Medicación de rescate.
—Enséñeme el vial.
Cole tiró del brazo.
—Apártese.
Miriam apareció en la puerta.
—El protocolo exige mostrarlo al representante médico.
Jason miró a la enfermera como si acabara de descubrir una grieta en la pared.
Cole enseñó el frasco. Claire leyó el nombre y lo fotografió.
—Ahora puede administrarlo —dijo.
El médico no lo hizo.
Guardó la jeringa en el bolsillo.
Jason ordenó a los auxiliares que salieran. Antes de irse, se acercó a Claire.
—A medianoche vencerá la prórroga. Tu madre perderá su casa y tu hermano, el taller. Cuando eso ocurra, recuerda que no fue culpa mía. Tú elegiste a un desconocido antes que a tu familia.
La puerta se cerró.
Claire se quedó temblando. Ethan movió los labios.
Ella se inclinó.
—Lo siento —susurró él.
La voz era débil, pero clara.
Claire sintió que la rabia regresaba.
—¿Por mi padre?
Ethan parpadeó.
—Por… tardar.
—¿Tardar en qué?
Él reunió fuerzas.
—En denunciar… a mi padre.
Claire se quedó helada.
Hasta ese instante, había pensado que Jason era el hombre al que debía temer.
Pero Ethan acababa de señalar a Malcolm Thornton, el patriarca que llevaba nueve meses fingiendo estar demasiado enfermo para visitar a su propio hijo.
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Y en la finca, todos obedecían a Malcolm incluso cuando no estaba presente.
La verdadera amenaza aún no había entrado en la habitación.