Capítulo 03 - La esposa de papel

Chapter 03 - Capítulo 03 - La esposa de papel
Jason suspendió la firma con una excusa sencilla: la notaria debía corregir varios datos.
Claire supo que mentía porque se llevó todos los documentos menos la copia que ella había escondido. También supo que la vigilancia había cambiado. Un guardia apareció frente a la puerta y el personal dejó de entrar sin autorización.
El doctor Cole ajustó la medicación y anunció que Ethan dormiría varias horas. Antes de marcharse, comprobó el pulso de Claire con la mirada, no con los dedos.
—El estrés puede provocar interpretaciones erróneas —dijo—. Usted ha vivido una noche intensa.
—He visto abrir los ojos a mi marido.
—Los pacientes en estado de mínima conciencia presentan movimientos automáticos.
—¿Y hablan?
Cole se quedó inmóvil.
—¿Ha hablado?
Claire sostuvo su mirada.
—He preguntado si pueden hacerlo.
El médico sonrió, pero una gota de sudor le brilló junto a la sien.
—Descanse, señora Thornton.
Cuando se quedó sola, Claire cerró la puerta del baño y sacó la página robada. La fotografió por ambas caras. En la parte inferior aparecía una referencia a un poder firmado por Ethan siete meses antes del accidente. El documento autorizaba un matrimonio civil «con la persona designada en el anexo B» si se cumplían determinadas condiciones.
Claire nunca había visto aquel anexo.
Llamó al número de Miriam. Contestó un buzón sin nombre. Claire dejó solo tres palabras:
—Necesito el anexo.
Al salir del baño encontró a Jason junto a la ventana.
No lo había oído entrar.
—Deberías cambiarte —dijo él—. El vestido empieza a parecer un disfraz.
Claire se obligó a mantener la calma.
—No he traído ropa.
Jason señaló el armario. Dentro había varios vestidos de su talla, zapatos y un abrigo color crema. Todo elegido de antemano.
—¿Cuánto tiempo llevabas preparando esto?
—El tiempo suficiente.
—¿Por qué yo?
Jason caminó hacia la cama y contempló a Ethan.
—Tu padre fue una persona importante para esta familia. Ethan confiaba en él.
—Mi padre murió acusado de robaros.
—Las familias respetables suelen preferir la palabra «irregularidades».
Claire dio un paso hacia él.
—¿Ethan firmó un documento en el que aparecía mi nombre?
Jason se volvió despacio.
—Ten cuidado con lo que preguntas. Hay respuestas que podrían hacerte sentir peor que la ignorancia.
—Quiero ver el anexo B.
—No existe para ti.
—Entonces el matrimonio puede ser ilegal.
Jason soltó una risa breve.
—Tu familia perderá la casa antes de que un juez llegue a decidirlo.
Claire pensó en su madre, Ruth, que aún creía que la boda era un acuerdo discreto con un hombre enfermo. Pensó en su hermano Daniel, que había empeñado sus herramientas para pagar abogados después de la muerte de su padre.
—Si le ocurre algo a Ethan después de que yo firme, parecerá que me beneficié.
—Por fin entiendes.
Jason no levantó la voz. No le hizo falta.
—Tú serás la esposa oportunista. Yo seré el primo que intentó salvar la compañía. El doctor Cole confirmará que Ethan no tenía posibilidades de recuperación. Todo limpio.
Claire sintió náuseas.
—¿Planeas matarlo?
Jason se acercó lo suficiente para que ella percibiera su colonia.
—Planeo evitar que una empresa con cuarenta mil empleados se hunda por culpa de un hombre que ya no puede dirigirla.
—Eso no ha sido un no.
—Tampoco era una pregunta inteligente.
Jason salió. El guardia volvió a ocupar su sitio.
Ethan permaneció inmóvil durante casi dos horas. Claire se cambió y guardó el vestido de novia en el fondo del armario. Eligió unos pantalones oscuros y una blusa blanca. Necesitaba sentirse ella misma, aunque ya no supiera quién era dentro de aquella casa.
A las once y media, la vía comenzó a gotear con menos rapidez. Ethan abrió los ojos.
Claire se acercó.
—Jason sabe que despertaste.
Una vez.
—Dice que firmaste un poder antes del accidente. Un documento que permitía casarte conmigo.
Dos veces.
—¿Conocías mi nombre?
Una vez.
El corazón de Claire golpeó con fuerza.
—¿Por mi padre?
Una vez.
—¿Creías que él robó dinero?
Dos veces.
Claire tuvo que apartarse. Durante dos años había soportado las miradas del vecindario, los artículos, los susurros de quienes conocieron a Samuel Bennett. Su padre murió de un infarto seis semanas después de que los Thornton lo acusaran de desviar fondos.
—¿Sabías que era inocente?
Ethan cerró los ojos.
Claire esperó.
Una vez.
La respuesta le dolió más que cualquier amenaza de Jason.
—¿Y no hiciste nada?
Ethan no parpadeó. Una lágrima silenciosa se deslizó hacia su sien.
Claire sintió que toda la compasión de la noche anterior se convertía en rabia.
—No sé qué clase de hombre eres. Pero sé qué clase de hombre fue mi padre. Si quieres que te ayude, tendrás que contarme la verdad.
Ethan movió la mano. Claire acercó un bloc y un bolígrafo. Él apenas podía sujetarlo. Tardó casi un minuto en trazar dos iniciales torcidas: «M. L.»
—¿Una persona?
Una vez.
—¿Un abogado?
Una vez.
Claire recordó el teléfono de Jason, las llamadas durante las negociaciones. Había oído un nombre: Mara Levin, antigua asesora legal de Ethan, despedida después del accidente.
Escribió el nombre en su móvil, pero antes de poder buscarlo alguien llamó a la puerta.
Era Miriam. Llevaba una bandeja y el rostro tenso.
—El doctor Cole ha ordenado cambiar la medicación a mediodía —dijo—. Si lo hace, el señor Thornton podría no volver a despertarse.
Claire miró al guardia del pasillo.
—¿Puedes detenerlo?
—No sin perder mi licencia. Tal vez algo peor.
Miriam colocó una taza sobre la mesa y, debajo, dejó un sobre.
—Aquí está el anexo B.
Claire lo abrió.
En la primera línea aparecía su nombre completo. En la segunda, una fecha de hacía tres años. Y al pie de la página, junto a la firma de Ethan, había una frase escrita a mano:
«Si algo me ocurre, Claire Bennett debe recibir la prueba de que su padre era inocente».
Claire alzó la vista hacia el hombre de la cama.
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Ethan no solo sabía quién era ella antes del accidente.
Había intentado encontrarla.