Capítulo 02 - El hombre que no debía despertar

Chapter 02 - Capítulo 02 - El hombre que no debía despertar
Claire no durmió.
Se quedó junto a la cama con las manos apoyadas sobre el vestido, observando el rostro de Ethan y contando los segundos entre cada visita de la enfermera. Él no volvió a hablar, pero tampoco regresó del todo a la inconsciencia. De vez en cuando abría los ojos y miraba la bolsa transparente que alimentaba la vía intravenosa.
A las tres y veinte, movió la cabeza hacia ella.
Claire comprendió.
Se acercó a la bolsa, fingiendo recolocar el tubo. En la etiqueta figuraba el nombre de Ethan, una dosis y la firma del doctor Lionel Cole, médico privado de los Thornton. No sabía nada de fármacos, pero recordó la palabra que Ethan había trazado.
Veneno.
Sacó el teléfono negro que Jason le había permitido conservar y fotografió la etiqueta. Después guardó el móvil bajo el vestido cuando oyó pasos.
Entró una enfermera de unos cincuenta años, de cabello oscuro recogido y ojeras profundas. Se llamaba Miriam Álvarez. Claire la había visto durante la ceremonia, siempre en silencio, evitando mirar a Jason.
—Tengo que revisar la medicación —dijo.
Sus manos temblaron ligeramente al tocar la vía. Claire se colocó entre ella y Ethan.
—¿Qué le están administrando?
Miriam levantó la vista. Durante un instante pareció valorar cuánto podía decir.
—Lo que ha prescrito el doctor Cole.
—Eso no responde a mi pregunta.
—Señora Bennett…
—Thornton —corrigió Claire, y el apellido le dejó un sabor amargo—. Me han dicho que ahora soy su esposa. Supongo que eso me permite saber qué entra en su cuerpo.
La enfermera miró hacia la puerta.
—No aquí.
Sustituyó la bolsa y salió con rapidez. Claire observó el nuevo líquido descender por el tubo. Ethan abrió los ojos y comenzó a respirar más deprisa.
—No puedo quitarla —susurró ella—. Haría saltar una alarma.
Él parpadeó dos veces.
Claire señaló su propia mano.
—Una vez significa sí. Dos, no.
Ethan parpadeó una vez.
—¿El medicamento te mantiene dormido?
Una vez.
—¿Jason lo sabe?
Los ojos de Ethan se cerraron, pero antes parpadeó una vez.
A las seis, el cielo comenzó a aclararse detrás de las cortinas. Claire se quitó la tiara y la dejó junto al lavabo. Parecía un objeto de otra vida.
Miriam regresó con una bandeja de café. Al colocarla, deslizó un trozo de papel doblado bajo la servilleta. Claire esperó a quedarse sola para abrirlo.
«No permita que firme el traslado médico. Pregunte por el consentimiento conyugal. Y no beba nada que le traigan de la cocina del ala norte».
Debajo había un número de teléfono y una inicial: M.
Claire quemó el papel con una cerilla del cuarto de baño y dejó caer las cenizas por el desagüe. Cuando regresó, Ethan la observaba.
—Hay alguien que quiere ayudar —dijo—. Pero no sé si puedo confiar en ella.
Una vez.
—¿Miriam?
Una vez.
—¿Confiabas en ella antes del accidente?
Dos veces.
Claire sintió cómo la incertidumbre volvía a cerrarse sobre ella. Tal vez Ethan apenas recordaba. Tal vez la palabra «veneno» era fruto de una mente confusa. Tal vez Jason era cruel, pero no asesino.
A las ocho en punto aparecieron Jason, el doctor Cole y una mujer de traje gris con una carpeta de cuero. No hubo felicitaciones ni flores. La novia seguía vestida de blanco; el novio, técnicamente, continuaba en coma.
—Claire, ella es la notaria Rebecca Sloan —dijo Jason—. El trámite será rápido.
La mujer sacó varios documentos. Antes de abrir la carpeta, pidió a Claire su identificación y comparó la firma con una copia que ya llevaba marcada. Claire alcanzó a ver una fecha anterior a la ceremonia, pero Rebecca cubrió la página con la mano.
—¿Por qué tienen una firma mía de hace tres meses? —preguntó.
—Forma parte del expediente preliminar —respondió la notaria sin mirarla.
Claire nunca había completado un expediente matrimonial. Recordó, sin embargo, el paquete de refinanciación que Ruth firmó en la cocina bajo la supervisión de un empleado de Jason. Había hojas separadas por pestañas y varias copias en blanco. La sospecha fue pequeña, pero se quedó clavada.
—Como cónyuge legal y representante médica provisional del señor Thornton, debe autorizar su traslado a una clínica especializada en Zúrich.
Claire tomó la primera página. El texto estaba lleno de términos que apenas comprendía, pero una frase destacaba: «transferencia irrevocable de decisiones médicas y patrimoniales al comité de continuidad Thornton».
—¿Patrimoniales?
Jason se sentó frente a ella.
—Ethan posee el cuarenta y uno por ciento de las acciones con voto. Mientras permanezca incapacitado, la empresa necesita estabilidad.
—Pensaba que esto era un traslado médico.
—Es ambas cosas.
—¿Y por qué necesitan una esposa para hacerlo?
El doctor Cole carraspeó.
—El señor Thornton dejó instrucciones previas. En caso de incapacidad, su cónyuge tendría prioridad sobre cualquier consejo de administración.
Claire miró a Ethan. Su rostro no cambió, pero bajo la sábana la mano se tensó.
—No firmaré sin leerlo todo.
Jason apoyó los codos sobre las rodillas.
—Tu madre debe ciento ochenta mil dólares. El vencimiento es mañana. Si no firmas, el banco ejecutará la hipoteca.
—Dijiste que la deuda desaparecería al casarme.
—Dije que la resolveríamos.
Claire entendió entonces la verdadera forma de la jaula. La boda no había sido el precio. Solo había sido la puerta.
Pidió un bolígrafo. Jason sonrió.
Claire firmó la primera hoja con una rúbrica lenta. Al pasar a la segunda, fingió que el vestido se había enganchado en la silla. Se inclinó, dejó caer el bolígrafo y, mientras todos miraban hacia abajo, deslizó una copia doblada dentro del corpiño.
Después firmó en el lugar equivocado.
La notaria frunció el ceño.
—Tendremos que imprimir otra página.
—Lo siento. No he dormido.
Jason la observó con una atención nueva.
Mientras la mujer salía a buscar otra copia, el monitor de Ethan emitió una alarma breve. El doctor Cole se acercó y aumentó la dosis de la vía sin consultar a nadie.
Ethan abrió los ojos.
Fue solo un segundo. Un destello gris cargado de pánico.
Claire vio que Jason también lo había visto.
El primo se quedó quieto, con la sonrisa borrada. Luego miró al doctor Cole.
—¿Ha sido un reflejo?
Cole tardó demasiado en responder.
—Sí. Un reflejo neurológico.
Jason se inclinó sobre Ethan y le habló muy cerca del oído.
—Más te vale.
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Claire sintió que el documento escondido bajo su vestido se humedecía contra la piel.
Y cuando Jason levantó la cabeza, ya no miraba a Ethan: la miraba a ella.