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Capítulo 01 - La noche en que el muerto abrió los ojos

Chapter 01 - Capítulo 01 - La noche en que el muerto abrió los ojos

A Claire Bennett le habían dicho que una novia debía recordar el sonido de la música, el perfume de las flores y la expresión del hombre que la esperaba al final del pasillo.

Ella solo recordaría el zumbido de un respirador.

La ceremonia se celebró a las nueve y cuarenta y siete de la noche, en una habitación privada de la finca Thornton, ante un juez que no levantó la vista de los documentos y dos testigos pagados por el abogado de la familia. Ethan permaneció inmóvil bajo las sábanas blancas, con la piel demasiado pálida y un tubo de respiración en el cuello. Claire llevaba un vestido de encaje prestado y una pequeña tiara que le apretaba las sienes como una burla.

Cuando el juez le pidió que pronunciara el sí, pensó en la hipoteca de su madre, en el taller de su hermano y en las cartas del banco que se acumulaban en la cocina. Pensó en Jason Thornton prometiéndole que todas las deudas desaparecerían antes del amanecer.

Y dijo que sí.

Después, todos abandonaron la estancia con una discreción ensayada. El abogado cerró su carpeta. La enfermera reguló el monitor. Jason apoyó dos dedos en el hombro de Claire y le habló como quien tranquiliza a una empleada nerviosa.

—Solo tienes que pasar aquí la noche. Mañana firmaremos lo demás.

Claire no preguntó qué significaba «lo demás». Había aprendido, durante las últimas semanas, que cada respuesta de Jason traía consigo una amenaza nueva.

La puerta se cerró. El silencio se hizo tan espeso que Claire oyó su propio vestido rozar el suelo.

Ethan Thornton llevaba nueve meses en coma. Nueve meses desde que su coche se había salido de una carretera mojada y había caído por un terraplén. Los periódicos lo llamaban el heredero dormido. Jason, su primo y director provisional del imperio familiar, lo llamaba «una tragedia administrativa».

Claire apenas lo había visto dos veces antes de aquella noche. La primera, años atrás, cuando su padre aún trabajaba como auditor para los Thornton. La segunda, en una gala donde Ethan pasó junto a ella sin reconocerla.

Ahora era su marido.

Tres semanas antes, Jason había aparecido en la cocina de los Bennett con un abrigo impecable y una carpeta llena de cifras. No habló de amor ni de deber familiar. Explicó que una sociedad acababa de comprar la hipoteca, que Daniel perdería el taller y que Ruth tendría treinta días para abandonar la casa. Después colocó sobre la mesa una fotografía de Ethan conectado a un respirador.

—No sentirá nada —había dicho—. Para él será un trámite. Para vosotros, una segunda oportunidad.

Claire preguntó por qué una familia multimillonaria necesitaba a la hija de un auditor desacreditado. Jason respondió que los fideicomisos antiguos tenían reglas absurdas y que ella reunía las condiciones. No explicó cuáles. Ruth le rogó que no aceptara. Daniel ofreció vender el taller. Claire hizo lo que siempre hacía cuando su familia se asustaba: decidió sola y llamó sacrificio a su miedo.

Ahora, frente a Ethan, comprendió que Jason había contado con esa costumbre.

Se sentó en la silla junto a la cama y se quitó los zapatos. Tenía los pies hinchados y el corazón lleno de una vergüenza que no sabía dónde guardar. Sobre la mesilla descansaba la alianza que alguien había deslizado en el dedo de Ethan durante la ceremonia.

Claire miró aquella mano inmóvil.

—Yo no elegí este matrimonio —susurró.

Esperó, aunque sabía que no habría respuesta. El monitor continuó marcando un ritmo regular, casi indiferente.

—Solo lo hice para salvar a mi familia.

La confesión le salió más rota de lo que pretendía. Se inclinó hacia él, no por ternura, sino porque necesitaba decirle la verdad a alguien que no pudiera juzgarla.

—Tu primo compró la deuda de mi madre. Dijo que perderíamos la casa, el taller, todo lo que dejó mi padre. Dijo que si me casaba contigo, lo arreglaría. No sé por qué me eligió. No sé qué espera que firme mañana.

Bajo la sábana, algo se movió.

Claire se quedó inmóvil.

Primero creyó que había sido una vibración del colchón. Después vio cómo el índice de Ethan se desplazaba apenas unos milímetros. Un movimiento pequeño, torpe, pero inconfundiblemente voluntario.

Se levantó tan deprisa que la silla chocó contra la pared.

—¿Ethan?

Los párpados de él temblaron. Claire contuvo la respiración mientras aquellos ojos grises, velados por meses de oscuridad, se abrían lentamente.

No hubo milagro luminoso ni música triunfal. Solo un hombre aterrorizado intentando recordar cómo respirar.

Claire acercó la mano al botón de llamada. Ethan movió los dedos y rozó su muñeca. La presión fue débil, pero suficiente para detenerla.

—Escucha… —logró decir.

La voz era apenas aire. Claire se inclinó hasta sentir su aliento irregular en la mejilla.

—Voy a avisar a la enfermera.

Ethan negó con un movimiento casi imperceptible. Sus ojos buscaron la puerta cerrada.

—No confíes… en Jason.

Claire sintió un frío repentino bajo el vestido. Miró hacia la entrada y vio una sombra cruzar por debajo de la puerta. Alguien se había detenido al otro lado.

Ethan cerró los ojos, agotado.

La manilla comenzó a bajar.

Claire apenas tuvo tiempo de volver a sentarse y colocar la mano de Ethan bajo la sábana. Cuando Jason entró, llevaba la chaqueta desabrochada y una sonrisa amable que no alcanzaba sus ojos.

—¿Todo bien, señora Thornton?

Era la primera vez que alguien la llamaba así.

Claire miró al hombre inmóvil en la cama. El monitor mantenía el mismo ritmo. Ethan parecía de nuevo ausente, pero su dedo estaba aferrado a la tela de la sábana.

—Todo está tranquilo —respondió.

Jason observó la silla desplazada, los zapatos en el suelo y el rostro demasiado pálido de Claire. Luego se acercó a Ethan, comprobó la pantalla del monitor y apoyó la mano sobre la barandilla.

—Mi primo siempre tuvo un talento especial para complicarlo todo —dijo en voz baja.

Claire no supo si aquello era una broma o una advertencia.

Jason se volvió hacia ella.

—Mañana, a las ocho, vendrá el notario. Conviene que descanses. La firma debe parecer voluntaria.

—¿Qué voy a firmar?

La sonrisa de Jason se hizo más pequeña.

—El documento que garantizará que tu familia conserve su casa.

Salió sin despedirse. Claire esperó hasta que sus pasos se perdieron por el pasillo. Entonces volvió a mirar a Ethan.

Sus ojos estaban abiertos.

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Y con una lentitud desesperada, dibujó una sola palabra con el dedo sobre la sábana: «VENENO».

La noche de bodas de Claire acababa de convertirse en la primera noche de una guerra que nadie sabía que había empezado.

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