Capítulo 07 - La firma de Ethan

Chapter 07 - Capítulo 07 - La firma de Ethan
Claire esperó a que Jason se marchara antes de cerrar la puerta.
No levantó la voz. Eso habría sido más fácil. Se quedó de pie junto a la cama, con los brazos cruzados, mirando a Ethan como si necesitara reconocer al hombre que se ocultaba detrás del paciente.
—¿Firmaste la suspensión de mi padre?
Ethan parpadeó una vez.
—No quiero respuestas de sí o no. Quiero la verdad completa.
Él intentó incorporarse. Los músculos no respondieron y cayó de nuevo sobre la almohada. Claire no lo ayudó hasta que vio que le faltaba el aire. Entonces elevó el respaldo de la cama y esperó.
—Me enseñaron… transferencias —dijo Ethan—. Firmas de Samuel. Facturas falsas.
—¿Y las creíste?
—Durante tres días.
Claire apretó los labios.
—Tres días bastaron para destrozarlo.
Ethan cerró los ojos, pero continuó.
Descubrió la manipulación cuando comparó los documentos con copias antiguas. Las firmas de Samuel estaban escaneadas. Los proveedores habían sido creados por un despacho vinculado a Jason. Ethan quiso detener la acusación, pero esa misma semana Thornton Biomed negociaba una fusión que podía duplicar su valor. Malcolm le advirtió que reconocer un fraude interno hundiría la operación y provocaría miles de despidos.
—Pedí once días —susurró Ethan—. Para cerrar la fusión… y reunir pruebas.
—Mi padre murió en el sexto.
La frase quedó suspendida entre los dos.
Ethan asintió con una lentitud dolorosa.
—Lo sé.
—No, no lo sabes. Tú estabas en una sala de juntas calculando daños. Nosotros estábamos escogiendo una camisa para enterrarlo porque mi madre no soportaba verlo con la ropa del hospital.
Ethan dejó que las lágrimas corrieran sin apartar la cara.
—No espero que me perdones.
—Bien. Porque no lo hago.
Claire tomó el abrigo. Durante un instante pensó en abrir la puerta y abandonar la finca. Podía irse, contar lo que sabía y dejar que los Thornton se destruyeran entre ellos.
Después miró la vía que mantenía a Ethan sedado y comprendió que irse no sería neutral. Sería entregarlo.
—Voy a Saint Catherine —dijo—. No porque confíe en ti, sino porque quiero limpiar el nombre de mi padre. Si las pruebas también te hunden, no voy a esconderlas.
—No las escondas.
La respuesta llegó sin vacilar.
A las nueve de la mañana, Nora sacó a Claire de la finca en su coche. Dijo al guardia que necesitaba que la representante médica firmara unos análisis. Miriam se quedó con Ethan y prometió llamar si Cole aparecía.
El hospital Saint Catherine estaba a cuarenta minutos, en una zona antigua de la ciudad. La habitación 314 ya no era una habitación. Después de una reforma, el número correspondía a un pequeño almacén de pertenencias no reclamadas.
Mara Levin las esperaba junto a una máquina de café.
Era una mujer de cuarenta y siete años, de cabello negro cortado a la altura de la mandíbula y una calma que parecía adquirida en tribunales hostiles. No saludó con afecto. Miró primero a Claire, después a la llave.
—Ethan me dijo que Samuel había creado un seguro —dijo—. Nunca supimos dónde.
—¿Por qué suspendió la ejecución de la casa de mi madre?
—Porque la deuda pertenece a una sociedad de Jason. Compré treinta días con una orden de revisión. No puedo detenerla para siempre sin demostrar fraude.
El encargado del hospital reconoció la llave. Pertenecía a un antiguo servicio de custodia privada que Saint Catherine había cerrado años atrás. Samuel había alquilado la taquilla 314 cuando acudía allí a sus revisiones cardiológicas. El registro mostraba un último acceso cuarenta y ocho horas antes del accidente de Ethan, pero no identificaba a la persona: en aquel sistema antiguo, bastaba con presentar la llave y una palabra de seguridad.
La taquilla se abrió con un chasquido seco.
Dentro había una caja metálica. Mara la revisó con guantes. Encontró copias de las primeras facturas descubiertas por Samuel, una grabadora sin batería y una memoria USB envuelta en plástico. Encima descansaba una nota escrita por él dos años antes de morir.
«La copia no basta. Deben oírlo admitirlo».
—Ethan debió encontrar la segunda llave entre los papeles de Samuel —dijo Mara—. Me habló de un escondite, pero sufrió el accidente antes de decirme dónde estaba.
Conectó la memoria a un ordenador sin acceso a internet. Aparecieron tres carpetas: PROVEEDORES, ASTER y CLAIRE.
Claire sintió un escalofrío al ver su nombre.
La carpeta contenía un vídeo grabado por Ethan cuarenta y ocho horas antes del accidente. Parecía cansado y miraba varias veces hacia la puerta, como si temiera que alguien entrara.
«Mi nombre es Ethan Thornton. Si alguien está viendo esto, significa que no he conseguido llegar hasta Mara Levin. Las pruebas de Samuel Bennett son auténticas. Mi padre conocía las empresas fantasma y Jason autorizó pagos. Yo firmé la suspensión de Samuel basándome en documentos falsos y retrasé su exoneración para proteger una fusión. Esa decisión fue mía».
Claire se llevó una mano al pecho.
Ethan continuó hablando en la grabación.
«Claire Bennett debe recibir una copia porque su familia merece reparación. No debe ser utilizada como representante, beneficiaria ni esposa. Cualquier documento que afirme lo contrario es falso».
Mara detuvo el vídeo.
—Ahí está —dijo—. La prueba de que el matrimonio fue fabricado.
—¿Por qué habló de esposa?
—Porque el fideicomiso de Ethan contiene una cláusula conyugal. Jason la conocía. Ethan sospechaba que intentarían crear una esposa de papel si quedaba incapacitado.
Claire sintió una mezcla amarga de alivio y humillación. La boda no había sido una unión. Había sido una falsificación representada sobre el cuerpo de un hombre sedado.
En la carpeta ASTER encontraron transferencias, correos y un archivo de audio protegido por contraseña. En PROVEEDORES había suficiente información para demostrar que Samuel no había robado, pero faltaba la admisión mencionada en su nota.
—Necesitamos abrir el audio —dijo Mara.
El teléfono de Claire vibró.
Era un mensaje de Miriam: «Cole ha llegado. Jason también. Ethan está fingiendo, pero quieren llevárselo».
Las tres salieron del almacén. Al llegar al aparcamiento, Claire vio un sedán negro detenido a pocos metros. Jason estaba apoyado contra la puerta.
—Sabía que vendrías aquí —dijo.
Nora sacó el teléfono.
—La policía está a una llamada.
Jason levantó las manos.
—No he venido a detenerlas. Mi tío ha solicitado una orden judicial para retirar a Claire como representante. Se la concederán esta tarde.
Mara se colocó junto a ella.
—El matrimonio es fraudulento. Su solicitud lo demostrará.
—Exacto. Y cuando deje de ser esposa, Malcolm recuperará el control médico. Cole aumentará la sedación. Para mañana, Ethan volverá a ser un cuerpo que nadie escucha.
Claire miró el edificio del hospital y luego el coche de Nora. El tiempo se había convertido en su enemigo.
Jason abrió la puerta del sedán.
—Puedo llevaros por una entrada de servicio. Pero quiero una copia de la memoria.
—¿Por qué iba a confiar en ti? —preguntó Claire.
—No deberías. Solo deberías preguntarte por qué mi tío tiene más miedo a ese archivo que a que Ethan despierte.
Mara negó con la cabeza, pero Claire ya había visto algo en el reflejo de la ventanilla: un coche de seguridad de los Thornton acababa de entrar en el aparcamiento.
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Jason no era el único que las había seguido.
Y quien saliera con la memoria decidiría cuál de los Thornton conservaría el poder.