CapĂtulo 09 - La niña de los papeles borrados

Chapter 09 - CapĂtulo 09 - La niña de los papeles borrados
La niña se llamaba Alba.
No era hija de Olivia. No era hija de Nathan. Era, segĂșn Maribel, la nieta biolĂłgica de Gabriel Ortega por una historia anterior que Olivia conocĂa solo a medias: una hija que su padre habĂa tenido de joven en España, antes de emigrar, una niña dada en adopciĂłn por presiones familiares y de la que nunca dejĂł de buscar rastro.
Olivia recordaba a Gabriel una noche de lluvia, sentado en la cocina de Madrid, mirando una foto vieja de una bebĂ© con manta amarilla. Ella tendrĂa quince años.
âÂżQuiĂ©n es? âhabĂa preguntado.
Ăl tardĂł en contestar.
âUna deuda que todavĂa respira.
DespuĂ©s cambiĂł de tema. PreparĂł sopa. Le preguntĂł por los exĂĄmenes. Su padre tenĂa esa manera de esconder abismos debajo de tareas pequeñas.
Ahora aquella deuda tenĂa nombre.
Alba.
âGabriel la encontrĂł siendo adulta âexplicĂł Maribelâ. Pero ella no quiso entrar en su vida. TenĂa derecho. HabĂa sufrido bastante. Ăl lo aceptĂł. Solo dejĂł una parte del Proyecto Olmo protegida para ella, por si algĂșn dĂa la necesitaba.
Elena caminaba por el comedor de LucĂa con el telĂ©fono en la mano.
âÂżY Nathan lo supo?
âMargaret lo supo primero âdijo Maribelâ. Ella entendiĂł que si habĂa otra heredera, el control de los activos se complicaba. Necesitaban borrar a Alba de la ecuaciĂłn y hacer parecer que Gabriel estaba incapacitado cuando modificĂł el fideicomiso.
Olivia sintiĂł un cansancio feroz. Los ricos, pensĂł, hablaban de âecuaciĂłnâ cuando querĂan decir personas.
Caleb estaba sentado en el suelo, dibujando cĂrculos con un lĂĄpiz. No hacĂa ruido. Pero Olivia veĂa cĂłmo escuchaba cada palabra, cĂłmo ordenaba el mundo a travĂ©s de fechas y nombres.
âÂżDĂłnde estĂĄ Alba? âpreguntĂł.
Maribel negĂł con la cabeza.
âNo lo sĂ©. Pero Gabriel dejĂł una pista en la USB.
Elena conectĂł la memoria vieja a un portĂĄtil sin acceso a internet. TardĂł casi un minuto en abrir. Nadie hablĂł. Afuera, una furgoneta pasĂł vendiendo fruta; se oyĂł el pregĂłn lejano, las ruedas, un perro. La vida seguĂa siendo insolentemente concreta mientras la historia de una familia se deshacĂa en una pantalla.
La USB tenĂa tres carpetas.
CARTAS.
OLMO.
ALBA.
Dentro de ALBA habĂa una sola fotografĂa. Una mujer de unos cuarenta años, pelo castaño, delantal oscuro, de pie frente a una pequeña cafeterĂa con macetas de geranios. En el escaparate se veĂa escrito, borroso pero legible, âLa Media Lunaâ.
Olivia llevĂł una mano al pecho.
âYo conozco ese sitio.
Elena la mirĂł.
âÂżDe dĂłnde?
âNo en persona. Mi padre hablaba de una cafeterĂa donde hacĂan las mejores torrijas de Madrid. DecĂa que algĂșn dĂa me llevarĂa. Nunca me dijo por quĂ©.
LucĂa Rivas, desde la puerta, susurrĂł:
âEstĂĄ en LavapiĂ©s.
Caleb levantĂł la cabeza.
âMamĂĄ, en mi cuaderno hay una luna.
BuscĂł una pĂĄgina hacia el final. AllĂ habĂa dibujado una media luna junto a una columna de nĂșmeros. Al lado, con letra torpe: âM. dice que la mujer no debe venderâ.
âM. es Margaret âdijo Olivia.
âNo âdijo Calebâ. M. hablaba por telĂ©fono con papĂĄ. Abuela Margaret estaba en la habitaciĂłn. M. dijo: âSi la de la cafeterĂa firma, el niño queda soloâ.
Elena se quedĂł quieta.
âEntonces hay otra M.
Rosa, que habĂa permanecido callada, mirĂł el cuaderno desde atrĂĄs.
âMendoza.
Olivia se girĂł.
âÂżQuiĂ©n es Mendoza?
âEl contable viejo de don Nathan. VenĂa a la casa los jueves. Siempre traĂa caramelos para Caleb, pero el niño nunca los aceptaba.
Caleb hizo una mueca.
âOlĂan raro.
La frase heló a Olivia de una manera primitiva. Miró a Rosa. Rosa negó con la cabeza, como diciendo: no lo sé, no quiero saberlo, pero también lo pensé.
Elena hablĂł con una calma muy fina.
âVamos a localizar a Alba antes que ellos.
âÂżY si Nathan ya la encontrĂł?
La respuesta llegĂł en forma de notificaciĂłn.
Un correo anĂłnimo, sin asunto, entrĂł en la bandeja de Olivia.
Solo contenĂa una fotografĂa tomada esa misma mañana: la fachada de La Media Luna, con la persiana metĂĄlica bajada a medias.
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En la puerta, pegada con cinta, habĂa una nota escrita a mano.
âCerrado por duelo.â