CapĂtulo 11 - La mujer sin perlas

Chapter 11 - CapĂtulo 11 - La mujer sin perlas
El Templo de Debod al atardecer parecĂa un lugar donde las piedras recordaban mĂĄs que las personas.
El cielo de Madrid se habĂa puesto de un naranja cansado, ese color que no presume, solo se queda un momento sobre los edificios antes de irse. Caleb caminaba entre Olivia y Elena con una gorra nueva que le habĂa comprado Rosa en una tienda de barrio. La llevaba torcida. No quiso arreglĂĄrsela.
âAsĂ me tapa el ojo de pensar âdijo.
Olivia no preguntĂł quĂ© era el ojo de pensar. HabĂa aprendido que los niños nombran sus defensas con mĂĄs honestidad que los adultos.
No llevaron a nadie con perlas. Tampoco avisaron a la policĂa española todavĂa. Elena insistiĂł en mantenerse a distancia, con el telĂ©fono preparado y una colega de Madrid esperando instrucciones. Olivia aceptĂł porque ya no confundĂa valentĂa con ir sola a todas partes.
La mujer apareciĂł sentada en un banco, de espaldas al estanque.
No llevaba perlas. Llevaba un abrigo gris demasiado fino para el viento y un pañuelo verde atado al bolso. TenĂa el pelo castaño recogido sin cuidado y el rostro de Alba en la fotografĂa, pero mĂĄs afilado por el miedo.
Olivia se detuvo a tres pasos.
âAlba.
La mujer cerrĂł los ojos, como si escuchar su nombre en esa voz le hubiera quitado diez kilos de encima.
âTĂș tienes su manera de pararte âdijo.
âÂżDe mi padre?
âDe nuestro padre, supongo. Aunque yo todavĂa estoy aprendiendo a decirlo.
No se abrazaron. HabrĂa sido falso. La sangre, cuando llega tarde, necesita silla y tiempo antes que abrazo. Se miraron con la incomodidad de dos mujeres unidas por un hombre bueno y por los daños de otros.
Caleb dio un paso adelante.
âYo tengo el cuaderno.
Alba se agachĂł hasta quedar a su altura.
âEntonces tĂș eres el guardiĂĄn de los nĂșmeros malos.
âNo me gusta ese nombre.
âA mĂ tampoco. Podemos cambiarlo.
Caleb pensĂł.
âNĂșmeros testigos.
Alba sonrió. Fue una sonrisa pequeña, pero verdadera.
âMucho mejor.
Sentados en aquel banco, mientras los turistas se hacĂan fotos y un mĂșsico tocaba una melodĂa lenta con guitarra, Alba contĂł lo que sabĂa. Gabriel la habĂa encontrado seis años antes. No le pidiĂł amor inmediato ni apellidos ni explicaciones. Le comprĂł un cafĂ©, le dejĂł una carta y volviĂł cada jueves hasta que ella dejĂł de temblar al verlo.
âMe dijo que tenĂa una hija llamada Olivia. Que eras terca, luminosa y demasiado educada con quien no lo merecĂa.
Olivia soltĂł una risa que casi se rompiĂł.
âEso suena a Ă©l.
Gabriel habĂa creado Proyecto Olmo como una estructura de protecciĂłn patrimonial para dos ramas de su familia: Olivia y Alba, con Caleb como beneficiario especial si alguna parte intentaba manipular la herencia. No era solo dinero. Eran inmuebles, derechos de explotaciĂłn, participaciones en empresas constructoras y un archivo de patentes antiguas que Whitaker Holdings habĂa usado sin pagar durante años.
âNathan no querĂa divorciarse de ti âdijo Albaâ. QuerĂa que firmaras una renuncia emocional, legal y financiera delante de tu hijo. Si firmabas, podĂa alegar consentimiento libre.
Olivia pensĂł en los billetes sobre el mĂĄrmol. En Vanessa. En Nathan diciendo âese niñoâ. Todo habĂa sido teatro. Cruel, sĂ. Pero tambiĂ©n Ăștil para ellos.
âÂżY Vanessa?
Alba mirĂł hacia el estanque.
âVanessa es ambiciosa, pero no es la raĂz. Margaret la eligiĂł porque necesitaba a alguien joven, visible y suficientemente vanidosa para cargar con la culpa si todo salĂa mal.
âÂżY Mendoza?
La expresiĂłn de Alba cambiĂł.
âMendoza guarda los libros dobles. Pero no por lealtad. Por miedo. Margaret tiene algo contra Ă©l.
âÂżQuĂ©?
Alba abriĂł el bolso y sacĂł una libreta vieja. No era como el cuaderno de Caleb. Esta tenĂa tapas de cuero marrĂłn, bordes gastados y letra adulta.
âLa Ășltima libreta de Gabriel. La recibĂ hace tres dĂas. Alguien la dejĂł en la cafeterĂa antes de la amenaza.
Olivia la tomĂł con cuidado.
En la primera pĂĄgina habĂa una frase de su padre:
âSi Margaret mueve a Mendoza, no mirĂ©is las cuentas. Mirad los hospitales.â
Elena se inclinĂł.
âÂżHospitales?
Alba asintiĂł.
âFundaciones mĂ©dicas, donaciones, clĂnicas privadas. AhĂ lavaron parte del dinero. Y ahĂ falsificaron la muerte de Gabriel.
El viento levantĂł una servilleta del suelo y Caleb la pisĂł antes de que volara al agua.
âMamĂĄ âdijoâ, en el cuaderno hay una pĂĄgina de hospitales.
Olivia sintiĂł que la tarde se volvĂa mĂĄs frĂa.
Caleb abriĂł la mochila.
Pero antes de sacar el cuaderno, su telĂ©fono infantil âel que solo tenĂa cinco contactosâ vibrĂł.
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En la pantalla apareciĂł un mensaje de un nĂșmero desconocido:
âHola, Caleb. Tu padre quiere su cuaderno.â