Capítulo 09 - Los gemelos separados

Chapter 09 - Capítulo 09 - Los gemelos separados
Nora no quiso abrir el sobre en el banco.
Lo sostuvo entre las manos y pidió salir.
—Si Marian escribió esto, no quiero leerlo bajo una cámara de seguridad.
Evelyn comprendió.
Llevaron el contenido a la oficina de Sonia, donde un notario registró cada objeto antes de permitirles tocarlo.
Había tres cartas.
Una para Nora.
Una para Gabriel.
Una para Grant, escrita años antes de que naciera y guardada después por Marian cuando supo que Celeste estaba embarazada.
Nora abrió la suya.
Marian le contaba que Celeste había dado a luz gemelos a los diecinueve años. El padre era Arturo Voss, hijo mayor de una familia bancaria. Los Voss se negaron a reconocer públicamente a Celeste y organizaron dos custodias distintas.
Nora fue criada por una tía materna.
Gabriel quedó con Arturo y la familia Voss.
—Nos separaron —murmuró Nora.
—¿No sabías que era tu hermano? —preguntó Evelyn.
—Sabía que Celeste había tenido otro bebé. Me dijo que murió al nacer.
Sonia abrió el expediente adjunto.
Había certificados hospitalarios, acuerdos privados y pagos realizados durante dieciocho años. Celeste visitó a Gabriel en secreto desde que él tenía seis. Arturo Voss murió cuando los gemelos cumplían catorce, y Emilio Voss, hermano de Arturo, tomó la tutela del niño.
Gabriel creció sabiendo quién era su madre.
Nora creció creyendo que él estaba muerto.
—¿Por qué hacerlo así? —preguntó Grant.
Había acudido con su abogado, pero se mantenía lejos de los documentos.
Nora leyó una línea de Marian.
—Porque la familia Voss aceptó financiar la carrera de Celeste si no reclamaba a Gabriel. Y porque la tía que me crió recibió una casa a cambio de mantener el apellido Bell.
Grant miró a Richard.
—¿Tú sabías de Gabriel?
Richard tardó.
—Supe que existía después de casarme con Celeste.
—¿Y Nora?
—También.
Grant soltó una risa sin alegría.
—Entonces cada vez que mamá decía que Evelyn era la que traía secretos de otra familia, tú sabías que ella escondía dos hijos.
Richard se defendió con la misma frase de siempre.
—No eran asuntos míos.
—Te casaste con ella. Criaste conmigo una familia construida sobre esa mentira.
—Celeste me pidió respetar su pasado.
Evelyn intervino.
—Respetar la privacidad no es lo mismo que ayudar a borrar personas.
Nora abrió la carta de Gabriel.
No la leyó en voz alta, pero su rostro cambió.
—Marian sabía que él estaba enfadado.
—¿Con quién? —preguntó Sonia.
—Con todos.
Gabriel visitó a Marian en el hospital haciéndose pasar por analista de Voss. Le ofreció ayuda para proteger el fondo y exponer a Celeste. Marian confió en él lo suficiente para mostrarle la existencia de las dos llaves.
Después, Gabriel informó a Emilio.
—La traicionó —dijo Evelyn.
Nora negó lentamente.
—Tenía veintiún años. Emilio controlaba su dinero, su trabajo y hasta la casa donde vivía. No sé qué eligió y qué no podía elegir.
—Eso lo explicará él —respondió Evelyn—. No nosotros por él.
La carta dirigida a Grant era distinta.
Marian no lo conoció más que durante los primeros meses de vida. Escribió:
«No eres responsable de lo que haga tu madre para colocarte por encima de Evelyn. Pero llegará un día en que disfrutar del lugar también será una decisión».
Grant dejó la carta sobre la mesa.
—Parece que todos sabían qué clase de hombre iba a ser antes que yo.
—No —dijo Evelyn—. Sabían qué clase de oportunidad ibas a recibir. Tú decidiste qué hacer con ella.
Sonia organizó una citación para Gabriel Voss.
Él respondió antes de que fuera emitida.
Solicitó una reunión con Evelyn y Nora en el primer hotel Mercer, sin Richard, Celeste ni Grant.
—Está intentando dividir —advirtió Sonia.
—Ya estamos divididos —dijo Nora—. La pregunta es si quiere usarlo o terminarlo.
Gabriel llegó a la hora exacta.
Tenía treinta y ocho años, traje oscuro y un rostro que combinaba la mandíbula de Celeste con los ojos de Nora. Al ver a su hermana gemela, perdió por un instante la expresión profesional.
—Estás viva —dijo Nora.
Gabriel frunció el ceño.
—Siempre lo he estado.
—Para mí no.
Él miró hacia el vestíbulo vacío.
—Celeste dijo que no querías conocerme.
Nora soltó el aire.
—A mí me dijo que habías muerto.
Durante unos segundos, el hombre que negociaba hoteles por cientos de millones pareció un niño al que acababan de cambiar el pasado.
Evelyn no interrumpió.
Gabriel se recuperó primero.
—No he venido a hablar de familia. He venido a ofrecer una salida.
Voss retiraría la compra, liberaría las garantías sobre el fondo y entregaría correos de Celeste. A cambio, Evelyn debía renunciar a denunciar las tácticas de adquisición y permitir que Voss conservara el hotel de Boston.
—Ese hotel vale tres veces lo que pagaron —dijo Evelyn.
—También tiene una deuda que vuestra familia no puede cubrir.
—La deuda fue creada con garantías manipuladas.
—Y aun así existe.
Nora miró a su hermano.
—¿Emilio te envió?
—Emilio está enfermo. Yo dirijo Voss.
—¿Y mamá?
Gabriel apretó la mandíbula.
—Celeste lleva treinta años entrando y saliendo de nuestras vidas según lo que necesita. No trabajo para ella.
Evelyn colocó la carta de Marian sobre la mesa.
—Trabajaste contra mi madre.
Gabriel la leyó.
—Tenía veintiún años.
—Nora dijo lo mismo. Yo dije que debías explicarlo tú.
Él guardó silencio.
Admitió que informó a Emilio sobre las llaves. Creía que la familia Voss usaría la información para presionar a Richard y conseguir una participación legítima. No sabía que Celeste falsificaría documentos ni que el fondo sería usado durante décadas.
—Cuando lo supe, ya estaba dentro —dijo.
Evelyn sintió cansancio ante otra versión de la misma frase.
—La gente siempre descubre que está dentro después de cerrar la puerta detrás de alguien más.
Gabriel se levantó.
—Mi oferta vence mañana.
—No la aceptaremos.
—Entonces el banco ejecutará las garantías.
Sonia intervino.
—No si demostramos fraude en la originación.
Gabriel la miró.
—Para eso necesitaréis el testimonio de Martin Keane. Y el doctor ha desaparecido de Florida.
Evelyn se quedó inmóvil.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque su vuelo aterrizó esta mañana en un aeropuerto privado propiedad de Voss.
Nora se levantó.
—¿Lo tienes retenido?
—No.
Gabriel caminó hacia la salida.
—Pero Celeste sí.
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Antes de cruzar la puerta, se volvió.
—Y no busca impedir que declare. Busca que firme una última certificación sobre la capacidad mental de Marian.