Capítulo 10 - La última certificación

Chapter 10 - Capítulo 10 - La última certificación
La policía localizó el avión de Martin Keane en un hangar a cuarenta kilómetros de la ciudad.
El piloto declaró que una mujer había recogido al médico. Mostró una fotografía de Celeste y confirmó su identidad.
El dispositivo de localización que ella llevaba permanecía en su casa.
Lo había colocado en el collar del perro.
—Eso requiere ayuda —dijo Sonia.
—Pike —respondió Richard.
Adrian Pike, abogado de Celeste, no contestaba llamadas. Su oficina estaba cerrada y su familia decía que se encontraba en una conferencia.
Grant entregó a la policía una casa de campo que Pike utilizaba para reuniones privadas. El inmueble pertenecía a una sociedad creada por Voss, pero Gabriel aseguró desconocer su uso reciente.
Cuando los agentes llegaron, encontraron a Keane solo.
No estaba herido. Había comida, medicación y una maleta preparada. Dijo que había acudido voluntariamente porque Celeste le prometió protección legal.
—¿Protección frente a qué? —preguntó la fiscal.
Keane miró a Evelyn durante la declaración.
—Frente a lo que hice con Marian.
El médico admitió que ajustó su medicación por petición de Celeste. Aumentó sedantes antes de reuniones legales y redujo analgésicos para que pareciera agitada cuando hablaba con Richard.
—¿Por qué? —preguntó Evelyn.
—Celeste decía que Richard solo aceptaría intervenir si veía a Marian inestable.
—¿Intervenir para qué?
—Para tomar decisiones financieras sin ella.
Keane insistió en que no buscaba dañarla físicamente. Se convenció de que la empresa necesitaba continuidad y de que Marian sufría demasiado para ocuparse de documentos.
—¿Ella comprendía el fideicomiso? —preguntó Sonia.
—Perfectamente.
—¿Lo revocó?
—No.
—¿Le dijo alguna vez que quería revocarlo?
—No.
La respuesta dejó sin espacio la defensa de Richard.
Keane contó que la última certificación solicitada por Celeste declaraba que Marian carecía de capacidad durante los tres meses anteriores a su muerte. Si la firmaba, podían impugnar el fideicomiso y la grabación.
—¿La firmó? —preguntó la fiscal.
Keane bajó la cabeza.
—Sí.
Evelyn sintió rabia, pero no sorpresa.
—¿Dónde está?
—Celeste se la llevó.
—¿Y por qué está hablando ahora?
Keane miró sus manos.
—Porque después de firmar me enseñó una copia de mi expediente médico y me dijo que podía hacer que pareciera senil. Entendí tarde lo que Marian intentó explicar.
La fiscal no mostró compasión.
—Entendió cuando el método se dirigió contra usted.
—Sí.
La policía emitió una nueva orden contra Celeste y Pike.
Mientras tanto, Sonia y Evelyn abrieron el resto de la segunda caja.
Había cintas de audio grabadas por Marian. En una, Richard discutía con ella sobre el fondo.
—No puedes entregar tanto control a camareras y recepcionistas —decía él—. No entienden los mercados.
—Entienden quién limpia las habitaciones cuando tú apareces en las fotografías —respondía Marian.
—Estoy intentando construir algo grande.
—Ya es grande. Lo que quieres es que solo lleve tu nombre.
La voz de Richard sonaba más joven, pero la impaciencia era la misma.
En otra cinta, Celeste ofrecía a Marian una salida.
—Firma la revocación y Richard mantendrá intacta la herencia personal de Evelyn.
—Las acciones de Adrian ya son de Evelyn.
—Richard puede cuestionar su paternidad.
—Richard la reconoció.
—También puede decir que fue engañado.
Marian guardó silencio durante varios segundos.
—¿Él te ha pedido que digas esto?
Celeste respondió:
—Él me ha pedido que encuentre una solución.
Evelyn detuvo la cinta.
Richard estaba presente en la sala.
—¿Qué solución pediste?
—Necesitábamos crédito.
—No te he preguntado para qué.
Richard miró la grabadora.
—Le dije a Celeste que convenciera a Marian de reducir el fideicomiso.
—¿Sabías que amenazaría con mi apellido?
—No con esas palabras.
—Otra vez las palabras exactas.
Richard apoyó las manos en la mesa.
—Yo te quería.
—No dudo que sintieras algo. Dudo de lo que estabas dispuesto a hacer cuando quererme costaba poder.
Grant escuchaba desde el fondo.
—¿Por qué mamá quería salvar mi herencia si ya planeaba usarme?
Richard respondió con amargura.
—Porque Celeste no hace una sola jugada. Siempre prepara dos formas de ganar.
La carta para los hijos de Celeste contenía una explicación.
Marian creía que Celeste no solo ambicionaba dinero. Quería construir una familia en la que ninguno de sus hijos pudiera ser abandonado como ella los abandonó. Su solución fue darles posiciones, acciones y secretos.
Pero en lugar de reparar el abandono, convirtió a cada hijo en una póliza de seguro.
Nora dentro de Mercer.
Gabriel dentro de Voss.
Grant como heredero visible.
—Nos colocó en tres puertas —dijo Nora—. Así, cualquiera que se abriera seguía siendo de ella.
Gabriel llegó para entregar correos adicionales. Había decidido suspender temporalmente cualquier ejecución bancaria.
—No es una concesión —aclaró—. Es preservación mientras se investiga fraude.
Nora lo miró.
—Podrías haberlo hecho ayer.
—Sí.
—¿Qué cambió?
Gabriel dejó una fotografía sobre la mesa.
Mostraba a Celeste y Adrian Pike entrando en una terminal de autobuses.
—Mi equipo los siguió. Pike se separó. Celeste tomó un autobús hacia el norte.
—¿Por qué no llamaste a la policía? —preguntó Evelyn.
—Lo hice. Pero antes revisé los archivos que dejó en Voss.
Había encontrado el borrador de un comunicado.
Celeste pensaba presentarse como denunciante. Afirmaría que Richard dirigió todo el fraude, que ella obedeció bajo coacción y que Evelyn manipuló a Lydia para quedarse con la empresa.
Adjuntaría la última certificación de Keane.
—Keane puede retractarse —dijo Sonia.
—El problema no es solo Keane —respondió Gabriel.
Celeste tenía una grabación de Lydia aceptando dinero de Richard después de la muerte de Marian.
Evelyn miró a Lydia.
La mujer palideció.
—No fue un soborno.
—¿Qué fue? —preguntó Evelyn.
Lydia cerró los ojos.
—El precio de mis acciones.
Había vendido en secreto una parte de su participación a Richard.
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Y el dinero se utilizó para sacar a su hija de una acusación penal.
El testimonio de la principal guardiana del fideicomiso acababa de quedar comprometido.