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Capítulo 08 - La hija que Celeste escondió

Chapter 08 - Capítulo 08 - La hija que Celeste escondió

Grant se rio al principio.

No porque le pareciera gracioso, sino porque algunas verdades entran en el cuerpo como un idioma imposible.

—Mi madre no tiene otra hija.

Marta sostuvo su mirada.

—Se llama Nora Bell.

El nombre produjo una reacción en Richard.

Evelyn la vio.

—Tú la conoces.

Richard se sentó.

—Nora era asistente de Celeste cuando empezó en la empresa.

—No era su asistente —dijo Marta—. Era su hija.

Celeste había tenido a Nora a los diecinueve años. La niña fue criada por una tía en otra ciudad. Años después, Celeste la incorporó a Mercer House con el apellido Bell y prohibió cualquier referencia al parentesco.

—¿Por qué esconderla? —preguntó Grant.

Marta miró a Richard.

—Porque cuando tu padre empezó una relación con Celeste, ella le dijo que nunca había tenido hijos.

Richard se levantó.

—Eso no es asunto de la empresa.

—Se convirtió en asunto de la empresa cuando Nora entró en Voss y comenzó a diseñar las adquisiciones —respondió Evelyn.

Sonia buscó el nombre.

Nora Bell figuraba como directora de estrategia de Voss Capital. Había firmado análisis sobre Mercer House y participado en reuniones con bancos.

—Mamá me dijo que la conoció en una conferencia —murmuró Grant.

—La conoció en una sala de parto —dijo Marta.

Grant salió al pasillo.

Evelyn lo siguió, pero se detuvo a unos metros.

—No necesito que me consueles —dijo él.

—No iba a hacerlo.

Grant se apoyó en la pared.

—Toda mi vida me dijo que tú eras el secreto incómodo de papá. Que yo era el hijo limpio, el que no arrastraba historias anteriores.

—Y ahora sabes que no existe una familia limpia. Solo familias que cuentan o esconden.

Grant miró hacia la sala.

—¿Richard sabía de Nora?

—Eso parece.

—Entonces los dos me mintieron.

—Sí.

—¿Te alegra?

Evelyn respondió sin pensar demasiado.

—Una parte pequeña y fea de mí quiere que sientas lo que yo sentí.

Grant asintió.

—Gracias por no fingir.

—Pero no me alegra. Saber que también te usaron no devuelve lo que me quitaste.

—Lo sé.

Sonia consiguió una reunión con Nora esa misma noche. La mujer aceptó verla en un restaurante discreto, sin Grant ni Richard.

Nora tenía treinta y ocho años, cabello negro liso y los mismos ojos claros de Celeste. Llegó sin bolso y dejó el teléfono en una funda bloqueadora.

—No trabajo para mi madre —dijo antes de sentarse.

—Trabaja para la empresa que intenta comprar la nuestra —respondió Evelyn.

—Voss intenta comprar muchas cosas.

—Incluidos silencios.

Nora no negó.

Contó que Celeste la buscó cuando tenía veintidós años. Le ofreció empleo, dinero y una relación secreta.

—Quería tenerme cerca sin explicarme —dijo—. Yo acepté porque llevaba toda la vida preguntándome por qué me abandonó.

—¿Y después entró en Voss?

—Emilio Voss me contrató. Sabía quién era antes que yo supiera quién era él.

Nora descubrió que Voss poseía deudas de Celeste relacionadas con una empresa fallida. La amenazaron con revelar su identidad a Richard y Grant si no colaboraba.

—¿Qué tenía que hacer?

—Preparar el mapa de vulnerabilidades de Mercer House. Deudas, disputas familiares, beneficiarios del fondo, todo.

Evelyn apretó la mandíbula.

—¿Investigó a Marta?

—Sí.

—¿A mí?

—Sí.

—¿Encontró algo útil?

Nora la miró directamente.

—Encontré que pagaste durante dos años el tratamiento de una empleada sin decírselo a la empresa. Voss quería presentarlo como desvío de fondos.

Evelyn recordó a Helen Park, una supervisora con cáncer. Había utilizado su propia bonificación, no dinero corporativo.

—¿Qué hiciste con el informe?

—Lo marqué como no verificable.

—Eso no es ayudar. Es no atacar una vez.

Nora aceptó la frase.

Sonia colocó sobre la mesa la autorización del fondo.

—¿Participó en esto?

—Preparé la estructura, pero no sabía que usarían una firma amplia de Grant.

—Otra persona que no sabía la parte exacta —dijo Evelyn.

Nora bajó la vista.

—Sí.

Entregó una memoria con correos de Voss. En ellos, Emilio y Celeste discutían cómo forzar a Richard a vender.

Pero también había mensajes de Nora advirtiendo que el fideicomiso podía ser válido y que Evelyn encontraría la placa fundacional.

—¿Cómo sabías lo de la placa? —preguntó Sonia.

—Marian me lo contó.

Evelyn se quedó inmóvil.

—Mi madre murió cuando tú tenías veintiún años.

—La conocí seis meses antes.

Celeste llevó a Nora al hospital una sola vez. Marian reconoció de inmediato el parecido y comprendió quién era.

—Me preguntó si mi madre me había dado su apellido —dijo Nora—. Cuando respondí que no, me dijo que los apellidos eran útiles para abrir puertas y peligrosos cuando se confundían con amor.

Evelyn sintió que escuchaba a Marian.

—¿Te dio algo?

Nora sacó una llave idéntica a la de la caja de plata.

—Me pidió que la guardara hasta que Celeste intentara vender el primer hotel.

La llave abría una segunda caja de seguridad.

Dentro, según Marian, había pruebas de que Richard y Celeste no se limitaron a quitar nombres de una placa.

Habían recibido dinero de Voss desde el inicio de la expansión.

—¿Por qué no la abriste? —preguntó Evelyn.

—Porque la caja exige dos llaves.

Evelyn comprendió.

La segunda estaba en su caja de plata.

A la mañana siguiente fueron al banco.

La cámara de seguridad contenía contratos originales, cintas de audio y un sobre dirigido a los hijos de Celeste.

No decía Grant.

Decía Nora y Gabriel.

Grant no era el único hijo criado por Celeste dentro de la familia Mercer.

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Había un tercer hijo.

Y Gabriel Voss era el hombre que dirigía la operación para quedarse con la compañía.

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