Capítulo 07 - El novio que estuvo en la clínica

Chapter 07 - Capítulo 07 - El novio que estuvo en la clínica
La mañana de la declaración, Elena encontró en una caja antigua las cartas que Marcos le envió durante los primeros años de relación. Algunas eran cariñosas, otras impacientes. En una, él admiraba que ella discutiera con el consejo. En otra, escrita meses después, le pedía que dejara las decisiones difíciles a personas “menos emocionales”.
El cambio no había ocurrido de un día para otro. Marcos se enamoró de una mujer independiente mientras esa independencia no interfería con sus planes. Cuando comenzó a hacerlo, intentó redefinirla como obstinación.
Elena no quemó las cartas. Tampoco las llevó al interrogatorio. Las guardó en una carpeta personal con una nota: «Esto fue real y también lo fue lo demás».
Sofia le preguntó si conservarlas significaba que aún lo amaba.
—Significa que no necesito fingir que nunca lo amé para terminar la relación.
Aquella claridad le permitió escuchar la declaración sin buscar al hombre de las cartas dentro de cada respuesta. Marcos no tenía que convertirse en un desconocido para ser responsable.
Marcos pidió declarar antes de ser citado.
Llegó sin abogado, aunque Helena Pardo, asesora jurídica de Legrand Energía, esperaba en el pasillo. Su decisión parecía valiente hasta que Nuria señaló que acudir voluntariamente no borraba una firma.
—Estuve en Santa Amalia —admitió.
Elena no apartó la mirada.
—Dos días después del accidente.
—Sí.
—Me viste.
Marcos respiró despacio.
—Vi a una mujer vendada e inconsciente. Beatriz dijo que era Ana Morales, la enfermera responsable del accidente.
—¿Por qué firmaste como testigo de su tutela?
—Octavio estaba destrozado. Me pidió ayuda con los documentos.
—Mi padre acababa de ver a su hija viva y tú aceptaste que era otra mujer porque una firma resultaba más cómoda.
Marcos se frotó las manos.
—El rostro estaba irreconocible.
Nuria colocó una fotografía sobre la mesa. Mostraba la habitación. En la muñeca de la paciente se veía una pulsera con las iniciales E.A., parcialmente cubierta por vendas.
—¿No vio esto?
—No.
—¿Y la cicatriz de la sien?
—El cabello la tapaba.
Elena escuchó la cadena de detalles omitidos. No era una mentira grande. Era una serie de pequeñas decisiones para no mirar.
Marcos explicó que Beatriz le aseguró que el cuerpo de Elena ya había sido identificado. Octavio no podía hablar. Salgado necesitaba una firma independiente para trasladar a Ana a otra unidad.
—¿Por qué tú? —preguntó Camila.
—Porque era el prometido de Elena y miembro del consejo de la Fundación.
—Y porque si Elena vivía, la fusión no podía realizarse —añadió Nuria.
Marcos levantó la vista.
—La fusión no existía entonces.
León, desde su posición de testigo, entregó un correo fechado una semana antes del accidente. Ignacio proponía a Marcos iniciar conversaciones para integrar Legrand Energía y Grupo Alcázar si las acciones de Elena quedaban disponibles.
—Nunca respondí —dijo Marcos.
—Tampoco denunció —replicó Nuria.
Elena recordó sus últimos meses juntos. Marcos decía amar su independencia, pero cada discusión sobre la empresa terminaba con él pidiéndole que delegara, que confiara, que no convirtiera todo en una batalla.
—¿Cuándo empezaste la relación con Camila?
—Cuatro meses después del funeral.
Camila intervino.
—Seis.
Marcos la miró.
—Nos besamos a los cuatro. Decidimos estar juntos a los seis.
Elena sintió una extraña distancia. El dolor romántico parecía menor comparado con la habitación donde había permanecido sedada.
—¿Volviste a la clínica?
Marcos guardó silencio.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Hace siete meses.
Camila se volvió bruscamente.
—Dijiste que nunca habías vuelto.
—Recibí un mensaje de Salgado. Decía que Ana pronunciaba el nombre de Elena y podía haber oído conversaciones antes del accidente.
—¿Hablaste conmigo? —preguntó Elena.
—Estabas despierta unos minutos.
Un recuerdo regresó: un hombre sentado al otro lado de una ventana, sin entrar, mientras ella golpeaba el cristal y repetía un nombre.
—Te reconocí —dijo Elena.
Marcos cerró los ojos.
—Dijiste mi nombre.
—¿Y qué hiciste?
—Salgado aseguró que lo habías leído en una revista. Que tu obsesión estaba empeorando.
—¿Me miraste a los ojos?
Marcos no respondió.
Camila se levantó.
—Te casabas conmigo sabiendo que una mujer de la clínica te llamaba por tu nombre.
—No sabía que era Elena.
—No quisiste saber.
La frase pertenecía a todas las mujeres de aquella historia.
Nuria informó a Marcos de que podía ser investigado por falsedad documental, omisión de socorro y encubrimiento. Él aceptó entregar sus correos.
Antes de marcharse, pidió hablar a solas con Elena.
Ella permitió que se quedara a tres metros, con la puerta abierta.
—Te quise —dijo él.
—Quizá.
—No digas eso.
—El amor que depende de que una mujer no complique tus negocios tiene otro nombre.
Marcos bajó la voz.
—¿Hay alguna posibilidad de reparar esto?
—Repara lo que hiciste. No lo conviertas en una forma de recuperarme.
Él asintió y salió.
Esa tarde, los abogados del fideicomiso reconocieron provisionalmente a Elena como viva. Las acciones quedaron congeladas hasta una evaluación independiente de su capacidad y una revisión del fraude.
Beatriz, bajo arresto domiciliario, presentó una petición urgente.
Afirmaba que Elena no estaba en condiciones de administrar el patrimonio y que Camila debía ser nombrada representante temporal.
Camila leyó el documento con incredulidad.
—No he pedido esto.
La solicitud incluía su firma.
Era falsa.
Pero el notario que certificaba la firma era el mismo hombre que había validado el testamento de Isabel.
Antes de que la policía pudiera localizarlo, apareció muerto en su despacho.
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Sobre la mesa dejó una nota:
«Elena no era la única paciente que debía regresar de entre los muertos».