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Capítulo 02 - La pulsera de la mujer equivocada

Chapter 02 - Capítulo 02 - La pulsera de la mujer equivocada

La policía cerró las puertas del salón antes de que terminara de sonar la última sirena.

Los invitados fueron separados por mesas y obligados a permanecer dentro. El lujo, privado de movimiento, se volvió incómodo: copas intactas, flores perfectas y hombres poderosos preguntando cuándo podrían marcharse como si la ley fuera otro servicio contratado para la velada.

Camila permaneció junto al altar.

Se había quitado el velo, pero no el collar.

Elena fue conducida a una sala lateral con León y una inspectora llamada Nuria Campos. El médico de emergencias quiso trasladarla al hospital. Ella se negó hasta que le garantizaron que no sería enviada a ningún centro vinculado con la familia Alcázar.

—Puede sufrir una infección —advirtió el médico.

—He sobrevivido once meses a personas que decían tratarme —respondió—. Puedo esperar una hora para elegir dónde entro.

Nuria respetó la decisión.

Octavio pidió estar presente.

Elena dijo que no.

Aquel primer límite le dolió más que cualquier acusación.

En el salón principal, Marcos interrogaba a Camila en voz baja.

—¿Qué quisiste decir con que no debería haber salido de la clínica?

—Recibí una llamada anónima hace meses.

—¿Qué llamada?

—Decían que una mujer afirmaba ser Elena y que estaba internada por delirios.

—Nunca me lo contaste.

—Porque no quería alimentar otra historia falsa.

Marcos la observó.

—Has palidecido antes de que ella mostrara la cara.

Camila bajó los ojos.

—Reconocí su forma de caminar.

—Eso no explica la clínica.

Beatriz Alcázar, segunda esposa de Octavio, se acercó desde la primera fila. Tenía cincuenta y ocho años, un vestido azul noche y una calma demasiado organizada.

—No discutáis aquí. Todo será utilizado en vuestra contra.

—¿Tú sabías algo? —preguntó Marcos.

Beatriz lo miró como si la pregunta resultara ofensiva.

—Durante un año he consolado a mi marido y sostenido esta familia. No aceptaré que una desconocida vendada convierta una tragedia en espectáculo.

Octavio apareció detrás de ella.

—No es una desconocida.

Beatriz se volvió.

—Aún no hay una prueba independiente.

—La cicatriz.

—Las fotografías de Elena circulan desde hace años.

Octavio sostuvo la mirada de su esposa.

—Pronunció una frase que solo ella y yo conocíamos.

Beatriz no preguntó cuál.

Eso llamó la atención de Marcos.

En la sala lateral, León colocó la pulsera de hospital sobre una mesa.

Ana Morales. Grupo sanguíneo O positivo. Fecha de ingreso: dos días después del supuesto accidente de Elena.

—El cuerpo enterrado fue identificado como AB negativo —explicó—. Ese es el grupo de Elena. Pero el informe original del depósito registraba O positivo. La página fue sustituida.

Nuria tomó fotografías.

—¿Cómo encontró a Elena?

León miró a la mujer vendada.

—Una auxiliar de Santa Amalia me envió una fotografía hace seis semanas. Había visto un antiguo cartel de desaparición y reconoció sus ojos.

—¿Por qué acudió a usted y no a la policía?

—Porque yo investigué el accidente y fui suspendido después de cuestionar la identificación.

Nuria conocía la historia. León había acusado públicamente al doctor Salgado de manipular pruebas. Tres días después apareció dinero no declarado en su cuenta y fue apartado.

—Me tendieron una trampa —dijo—. Todavía no puedo demostrar quién hizo la transferencia.

Elena tocó la pulsera.

—Ana me la puso antes de intentar sacarme.

Los recuerdos regresaban por fragmentos. Un pasillo amarillo. Olor a desinfectante. Una mujer de cuarenta y tantos años que fingía cambiar una vía mientras susurraba que Elena no se llamaba Ana.

—Ella sabía que iban a trasladarme —continuó—. Cambió nuestras pulseras para crear confusión.

—¿Por qué su cuerpo acabó identificado como usted? —preguntó Nuria.

Elena miró a León.

—Porque alguien aprovechó el cambio.

Ana intentó sacar a Elena por la zona de lavandería. Hubo una alarma. Después, Elena recordaba humo y un vehículo en el aparcamiento. Despertó días más tarde en otra ala con el nombre de Ana Morales.

León abrió una bolsa de evidencia.

Dentro había una grabadora pequeña, dañada por el calor.

—La encontraron entre los efectos personales del cuerpo enterrado. La policía la archivó como inservible. Un técnico consiguió recuperar treinta y siete segundos.

Nuria pulsó la reproducción.

Primero se oyó respiración agitada.

Después, la voz de Ana:

«Si me ocurre algo, Elena Alcázar está viva. Salgado recibió la orden de la señora B. La novia sabe que la paciente sigue aquí. La he oído discutir con ella».

Elena cerró los ojos.

—La novia —repitió Nuria.

—Camila —dijo León.

En el salón, Camila estaba sentada junto a Beatriz. Su vestido se extendía sobre el mármol como una mancha blanca.

Nuria pidió que la llevaran a una sala separada.

Marcos intentó seguirla.

—Usted también declarará —dijo la inspectora—. Por separado.

Camila entró sin mirar a Elena.

Cuando quedaron frente a frente, la novia pareció más joven.

—No sabía que Ana iba a morir —dijo.

Nuria encendió la grabadora oficial.

—Entonces sabía que Elena estaba en la clínica.

Camila se llevó una mano al collar.

—Beatriz me dijo que no era Elena. Que era una mujer obsesionada con la familia.

—Ana la oyó discutir con la paciente.

—La vi una vez.

Elena abrió el ojo visible.

—Entraste en mi habitación.

Camila empezó a respirar más deprisa.

—Estabas sedada. Dijiste mi nombre y luego empezaste a gritar que yo había provocado el accidente.

—¿Lo provocaste?

—No.

La respuesta fue inmediata.

Demasiado inmediata.

Nuria dejó que el silencio trabajara.

Camila bajó la voz.

—Yo solo le dije a Beatriz dónde ibas a estar aquella noche.

Elena sintió que una imagen atravesaba la niebla de su memoria: Camila junto a la entrada del garaje, telefoneando mientras ella subía al coche.

—¿Por qué?

—Porque quería hablar contigo antes de que anunciaras la auditoría.

—¿Qué auditoría?

Camila miró a Octavio, visible a través del cristal.

—La de la Fundación Alcázar.

Octavio palideció.

Elena había descubierto pagos millonarios a clínicas inexistentes. Planeaba presentar pruebas al consejo la mañana siguiente al accidente.

Nuria preguntó quién conocía su itinerario.

Camila respondió:

—Beatriz, el doctor Salgado, Marcos… y mi padre.

Elena la observó.

—Tu padre murió cuando eras niña.

Camila cerró los labios.

Beatriz golpeó el cristal desde el otro lado.

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Demasiado tarde.

Camila había llamado padre a Octavio Alcázar.

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