Capítulo 04 - La hermana que terminó en el ataúd

Chapter 04 - Capítulo 04 - La hermana que terminó en el ataúd
Octavio cayó en la silla.
—Eso no puede ser.
Nuria dejó el informe sobre la mesa.
—La coincidencia indica relación de primer grado por línea paterna. Debe confirmarse con una muestra conservada del cuerpo, pero los marcadores son consistentes.
Elena miró la fotografía de Ana Morales.
Por primera vez no vio a una enfermera ni a la mujer que había ocupado su tumba. Vio la posibilidad de una hermana que entró en su vida cuando ambas estaban atrapadas y ninguna conocía el vínculo.
—¿Quién era su madre? —preguntó.
Octavio negó lentamente.
—No lo sé.
Beatriz pidió entrar.
Nuria permitió que lo hiciera bajo grabación.
La esposa de Octavio se sentó frente a todos. Ya no parecía la mujer impecable de la recepción. Tenía el maquillaje agrietado junto a los ojos y las manos cerradas sobre el bolso.
—Ana era hija de una empleada de la clínica —dijo.
Octavio la miró.
—¿Lo sabías?
—Lo descubrí hace seis años.
—¿Y no me lo dijiste?
Beatriz soltó aire.
—Para entonces Ana odiaba a la familia. Había visto cómo se utilizaban pacientes vulnerables para justificar facturas. Amenazó con denunciar.
—Era tu hermana —dijo Elena.
—No era mi hermana.
—Era hija de mi padre.
La corrección hizo que Beatriz endureciera el rostro.
Marta, la madre de Camila, no había sido la única relación de Octavio. Años antes, durante una residencia médica, mantuvo un vínculo breve con Teresa Morales, auxiliar de laboratorio. Nunca supo que estaba embarazada.
—¿Cómo lo descubriste tú? —preguntó Nuria.
—Ana pidió acceso a un historial genético. Salgado me avisó.
—¿Por qué no informó a Octavio?
—Porque Ana exigía una auditoría y una compensación para pacientes. Si la prensa descubría otra hija no reconocida, la Fundación se hundiría.
Elena sintió que la rabia se volvía extrañamente tranquila.
—Así que la vigilaste.
Beatriz negó.
—Intenté llegar a un acuerdo.
León abrió otra carpeta.
—Le ofreció dos millones de euros a cambio de silencio.
Beatriz lo miró.
—¿De dónde ha sacado eso?
—Ana guardaba copias.
Octavio se puso de pie.
—¿Ordenaste matarla?
—No.
Por primera vez, la respuesta de Beatriz pareció sincera.
Explicó que Ana trabajaba en Santa Amalia porque investigaba desde dentro. Cuando Elena fue ingresada bajo identidad falsa, Ana la reconoció por una fotografía antigua de Octavio.
—¿Quién llevó a Elena a la clínica? —preguntó Nuria.
Beatriz guardó silencio.
—Responderá ahora o lo hará ante un juez.
—Salgado recibió instrucciones de Ignacio Montalbán.
Ignacio era director financiero de Grupo Alcázar y amigo de Octavio desde la universidad. Había administrado la Fundación durante dos décadas.
Elena recordó su auditoría.
Los pagos sospechosos terminaban en empresas vinculadas a Ignacio.
—Él provocó el accidente —dijo.
Beatriz bajó la vista.
—Creo que sí.
—¿Y tú qué hiciste?
—Cuando Salgado me dijo que seguías viva, entendí que el escándalo podía destruirlo todo. Ordené que te mantuvieran oculta hasta decidir cómo proteger la Fundación.
—Me sedaste durante once meses para proteger un edificio con tu apellido.
—No sabía las dosis.
Elena se inclinó hacia ella.
—No saber la cantidad exacta no te hace menos responsable de haber cerrado la puerta.
Camila escuchaba desde el fondo.
—Tú me llevaste a verla —dijo a Beatriz.
—Necesitaba saber si te reconocía.
—Me dijiste que era una impostora.
—Tenía amnesia. No podíamos confiar en lo que decía.
—Pero sí podías confiar en que su muerte me daría acciones.
Beatriz se volvió.
—Todo lo hice para darte la seguridad que Octavio nunca quiso darte.
Camila se rio con incredulidad.
—Me criaste como sobrina, me enseñaste a competir con una hermana que no sabía que lo era y luego me pusiste su collar para casarme con su prometido.
—Te ofrecí un futuro.
—Me ofreciste una vida robada.
Octavio pidió unos minutos con la fotografía de Ana. Nuria se la entregó en una funda transparente. Él observó la sonrisa de aquella mujer durante tanto tiempo que Elena llegó a preguntarse si buscaba en ella algún rasgo propio o una absolución imposible.
—Tenía la boca de mi madre —dijo al fin.
Elena sintió rabia.
—No conviertas su cara en otra historia sobre ti.
Octavio dejó la fotografía sobre la mesa.
—Tienes razón.
Beatriz soltó una exhalación impaciente. Aquella corrección sencilla parecía irritarla más que las acusaciones. Durante años había gobernado a Octavio porque él respondía a cada culpa con una explicación. Verlo aceptar una frase sin defenderse amenazaba el mecanismo que los mantuvo unidos.
Camila lo vio también.
—Si hubieras dicho “tienes razón” hace veinte años, quizá mi madre no habría desaparecido —murmuró.
Octavio no respondió. Nadie podía probar que una frase a tiempo hubiera cambiado toda la historia, pero todos entendieron que el hábito de no pronunciarla había ayudado a construirla.
La policía emitió órdenes de detención contra Salgado e Ignacio. Salgado fue localizado en su casa. Ignacio había salido del país la noche anterior.
Octavio insistió en acompañar a Elena al hospital independiente. Ella aceptó que esperara fuera.
Antes de marcharse, León recibió una llamada del laboratorio forense.
La identificación de Ana se confirmó.
También encontraron un embarazo de pocas semanas en el momento de su muerte.
Elena cerró los ojos.
Ana no solo perdió su vida intentando salvarla.
Murió sin que nadie supiera quién era el padre de su hijo.
León se quedó inmóvil.
Nuria lo observó.
—Usted sí lo sabe.
León apretó la mandíbula.
—Sí.
Elena levantó la mirada.
—¿Quién era?
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León tardó en responder.
—Yo.