Capítulo 05 - La cuarta hija

Chapter 05 - Capítulo 05 - La cuarta hija
La madre de Emily se llamaba Catherine Vale.
Murió cuando Emily tenía nueve años. Oficialmente no dejó más hijos.
Sin embargo, Lena encontró un expediente sellado de adopción relacionado con una niña nacida dieciocho meses antes que Emily. La bebé fue entregada a otra familia con el apellido Cole.
Rachel.
Daniel leyó la fecha tres veces.
—Rachel es hermana de Emily.
—Media hermana —dijo Lena—. Mismo padre biológico, madres distintas. Catherine adoptó a Emily, pero no a Rachel.
Los registros estaban incompletos. Richard Vale había solicitado el sellado definitivo años después de casarse con Catherine.
—¿Rachel lo sabe?
—Probablemente no todo.
El marcador del cadáver podía pertenecer a Rachel, pero ella estaba viva. Había otra posibilidad: una mujer relacionada con Catherine o con el padre biológico.
Lena encontró el nombre en un registro hospitalario antiguo.
Laura Cole, madre adoptiva de Rachel, había muerto la misma semana que Emily desapareció. El cuerpo nunca fue entregado a su familia porque, según el hospital, se produjo un error de identificación tras un incendio en la morgue.
—Usaron a la madre de Rachel —dijo Daniel.
—Si el ADN confirma el vínculo, sí.
Richard no solo falsificó una muerte. Robó un cadáver y dejó otra familia sin respuestas.
Grand Central estaba abarrotada a las siete.
Daniel llevaba la mitad de la brújula dentro del bolsillo y un transmisor oculto que Lena insistió en colocarle. Noah se quedó con su hermana, furioso por no poder acompañarlo.
Rachel apareció cerca de la vía 24 con las trillizas.
No llevaban los vestidos rosas. Vestían chaquetas distintas y gorras de colores, como si Rachel intentara deshacer el efecto de su parecido.
Ava, Mia y Zoe lo reconocieron.
La del centro, Ava, sonrió.
—El hombre del tatuaje.
Rachel miró alrededor.
—Tenemos cuatro minutos.
—¿Dónde está Anna?
—En un coche al otro lado de la terminal. No sabe que usted está aquí.
Daniel abrió la mano y mostró la pieza de plata.
Las niñas se acercaron.
Mia sacó una cadena de debajo de su camiseta. En ella colgaba la otra mitad.
Las dos piezas encajaban.
Daniel sintió que se le humedecían los ojos.
—Mamá dice que esto siempre encuentra el camino —dijo Zoe.
—¿Os habló de mí?
—Sueña contigo —respondió Ava—. Pero cuando despierta dice que eres peligroso.
Rachel tomó la mano de la niña.
—Basta.
—Necesito decirles que soy su padre.
—No aquí.
—Ya lo saben —dijo Mia.
Rachel la miró.
—Escuchamos cuando hablaste por teléfono —explicó la niña—. También vimos el papel del ADN.
Daniel se agachó para quedar a su altura.
—No voy a obligaros a venir conmigo. Solo quiero que estéis seguras.
Zoe lo estudió.
—¿No abandonaste a mamá?
—No.
—¿Le mentiste?
La pregunta lo sorprendió.
—Sí. Sobre algo importante. Y estuvo mal.
Las tres niñas se miraron.
—Mamá dice que los malos siempre dicen que no hicieron nada —comentó Ava.
—Vuestra madre tiene razón.
Rachel se llevó una mano al oído. Había recibido un mensaje.
Su rostro cambió.
—Tenemos que irnos.
Dos hombres con traje entraron en el vestíbulo desde lados opuestos.
Daniel reconoció a Calvin Reed.
—Lena —dijo en voz baja.
La detective apareció cerca de un quiosco junto con dos agentes de paisano.
Calvin vio el movimiento y corrió.
La terminal se llenó de gritos.
Rachel empujó a las niñas detrás de una columna. Daniel se colocó delante de ellas. El segundo hombre sacó un teléfono, no un arma, y activó una alarma de evacuación.
La gente empezó a moverse hacia las salidas.
En el caos, Zoe desapareció.
Rachel gritó su nombre.
Daniel vio una gorra amarilla alejándose entre la multitud junto a un hombre con chaqueta de empleado ferroviario.
Corrió.
Alcanzó al hombre en la escalera. Le agarró el brazo. El desconocido soltó a Zoe y lo golpeó en el rostro.
Daniel cayó, pero la niña se aferró a la barandilla.
Lena llegó segundos después y detuvo al hombre.
Calvin escapó por un túnel de servicio.
Rachel abrazó a Zoe con tanta fuerza que la niña protestó.
Ava empezó a llorar por primera vez. Mia la tomó de la mano y preguntó si aquello había ocurrido porque hablaron con Daniel en el parque. Rachel se arrodilló, todavía sin recuperar el aliento.
—No. Nada de esto es culpa vuestra.
—Richard decía que, si mamá recordaba, nos separarían —dijo Mia.
—Richard mentía.
—Tú también mentiste algunas veces —respondió Ava.
Rachel cerró los ojos.
—Sí. Os dije que no sabía quién era Daniel cuando ya sospechaba. Lo hice porque tenía miedo. Estuvo mal.
Las niñas no la perdonaron en una escena rápida. Ava se apartó. Mia pidió agua. Zoe siguió abrazada a ella. Las tres respuestas fueron permitidas. Daniel observó y comprendió que Rachel estaba ofreciendo algo que ninguno de los adultos había recibido durante años: una verdad sin instrucciones sobre cómo debía sentirse quien la escuchaba.
—El coche —dijo Rachel de pronto—. Anna está sola.
Salieron por Vanderbilt Avenue.
El vehículo ya no estaba.
En el suelo encontraron el bolso de Rachel y un teléfono roto.
La cámara de tráfico mostró el coche alejándose hacia el norte con Richard Vale sentado junto a Anna.
Antes de desaparecer de la imagen, la mujer volvió la cabeza hacia la ventana.
Daniel vio su rostro por primera vez en ocho años.
Era Emily.
Más delgada, más pálida y con el cabello oscuro.
Pero era ella.
Y estaba golpeando el cristal mientras Richard la sujetaba del brazo.
Rachel miró a Daniel.
—Ahora sabe que Noah vive. Yo se lo dije esta mañana.
—¿Qué hizo?
—Recordó una dirección.
—¿Cuál?
Rachel pronunció el nombre de una calle de Seattle.
Era la dirección del apartamento donde Daniel había vivido antes de casarse.
Un lugar que Emily nunca conoció.
Solo Mark Ellison sabía que existía.
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Y según Rachel, Emily había dicho algo más antes de que Richard se la llevara:
—Mark no trabaja para Richard. Richard trabaja para Mark.