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Capítulo 12 - El médico del lago

Chapter 12 - Capítulo 12 - El médico del lago

Thomas Cole abrió la puerta antes de que Rachel llamara.

—Tardaste demasiado —dijo.

No preguntó quién era. Su mirada se detuvo en la forma de los ojos, en el cabello y en la medalla que Rachel llevaba al cuello.

—¿Sabes quién soy?

—Eres la hija de Laura.

Rachel sintió que la rabia borraba cualquier deseo infantil de ser reconocida.

—También soy tu hija.

Thomas bajó la mirada.

—Sí.

Lena mostró la identificación.

—Necesitamos hablar sobre Emily Foster, los ensayos de Vale y un tratamiento para una niña de siete años.

Thomas las dejó entrar.

Rachel se negó a quitarse el abrigo. No quería que la casa pareciera una visita familiar. Sobre una repisa había fotografías de congresos, laboratorios y paisajes, pero ninguna de Laura ni de Catherine. Aquella ausencia la enfureció más que si hubiese encontrado un altar.

—¿Borraste también las fotografías? —preguntó.

Thomas señaló una caja cerrada.

—No tenía derecho a mirarlas y sentir que todavía formaba parte de sus vidas.

—Convertiste la culpa en otra manera de pensar solo en ti.

Lena observó la conversación sin intervenir. Rachel comprendió que había fantaseado muchas veces con encontrar a su padre: en algunas versiones él pedía perdón; en otras, ella lo expulsaba. La realidad era menos satisfactoria. Thomas no podía devolver a Laura, explicar cada año ni reparar una infancia con una frase. Solo podía responder preguntas y aceptar que la hija a la que vigiló desde lejos no le debía consuelo.

La casa estaba llena de libros, cajas y equipos médicos antiguos. No parecía el escondite lujoso de un fugitivo. Parecía la vida de un hombre que había convertido la renuncia en castigo privado.

—¿Cuál de las niñas? —preguntó.

—Mia.

Thomas cerró los ojos.

—Sabía que podía ocurrir.

Rachel lo agarró de la camisa.

—¿Lo sabías y no hiciste nada?

Lena la separó.

Thomas explicó que el compuesto cruzaba la placenta. Emily recibió varias dosis durante el embarazo. Marcus necesitaba que aceptara una identidad nueva y dejara de buscar a Noah.

—Yo diseñé una versión menos agresiva —dijo—. Richard la alteró.

—No culpes a otros de tu fórmula.

—No lo hago.

—Llevas diez segundos haciéndolo.

Thomas aceptó el golpe.

La fórmula de neutralización existía. Había sido probada en animales y en dos pacientes humanas. Una mejoró. La otra murió por una reacción inmunológica.

—¿Quiénes? —preguntó Lena.

—Catherine y Laura.

Rachel dejó de respirar.

Thomas había intentado tratar a ambas mujeres después de que Richard las expusiera. Catherine rechazó la dosis completa. Laura aceptó. La reacción contribuyó a su muerte, aunque Richard ocultó el expediente.

—Mataste a mi madre intentando corregir lo que ayudaste a crear.

—Sí.

No pidió perdón.

Rachel descubrió que prefería aquella respuesta a una explicación piadosa.

—¿Puede salvar a Mia? —preguntó Lena.

—Puedo darles la fórmula y los datos. No puedo prometer el resultado.

Thomas abrió una caja fuerte. Dentro había discos, viales y un cuaderno rojo.

—¿Por qué guardaste esto?

—Porque pensé que algún día tendría el valor de entregarlo.

—No lo tuviste.

—No.

Rachel recibió una llamada de Emily. Mia estaba estable, pero los médicos necesitaban información en horas.

Thomas aceptó viajar a Nueva York bajo custodia.

Antes de salir, entregó a Rachel una fotografía. Laura sostenía a una bebé envuelta en una manta amarilla. Thomas aparecía detrás, joven y sonriente.

—No la quiero —dijo Rachel.

—Es tuya.

—No. Es tu recuerdo de una familia que abandonaste.

Dejó la fotografía sobre la mesa.

En el avión, Thomas pidió hablar con Emily.

Rachel activó el altavoz.

—¿Recuerdas el hotel? —preguntó él.

—Recuerdo que cerraste la puerta.

—Marcus quería llevarte esa noche. Yo intenté ocultarte.

—Me inyectaste.

—Pensé que podría reducir el pánico y trasladarte sin que él te encontrara.

—¿Y Daniel?

Thomas guardó silencio.

—Estaba al otro lado —continuó Emily—. ¿Por qué no lo dejaste entrar?

—Porque Marcus me había mostrado los archivos que Daniel extrajo. Creí que trabajaba para una farmacéutica rival y que te utilizaba.

—Todos creíais algo que os daba derecho a decidir por mí.

Thomas cerró los ojos.

—Sí.

—¿Richard causó el accidente?

—Calvin golpeó tu coche siguiendo órdenes de Richard. Pero Marcus eligió la ruta, preparó los documentos y me obligó a tratarte después.

—¿Te obligó?

—Amenazó a Rachel.

Rachel se inclinó hacia el teléfono.

—Ni siquiera me conocías.

—Sabía dónde vivías. Seguía pagando parte de tus estudios a través de una fundación.

Ella sintió una mezcla de furia y repulsión.

—No me protegiste. Compraste una excusa para seguir obedeciendo.

Thomas no respondió.

Al llegar al hospital, los médicos revisaron los datos. La fórmula podía administrarse en dosis mínima, junto con un tratamiento inmunológico.

Emily debía autorizarlo como madre. Daniel también, después de que el tribunal reconociera provisionalmente la paternidad.

—¿Qué harías tú? —preguntó Emily a Thomas.

—No debería decidir.

—Por una vez, responde como médico, no como dueño de la verdad.

Thomas explicó riesgos y alternativas. Sin el tratamiento, Mia podía sufrir daño cardíaco progresivo. Con él, existía una posibilidad de reacción grave, pero también de detener el proceso.

Emily miró a Daniel.

—No quiero decidir sola.

—Yo tampoco quiero imponerte una decisión.

—No te he pedido que te apartes. Te he pedido que seas padre.

Daniel respiró.

Hablaron durante una hora con el equipo médico. Hicieron preguntas, escucharon y firmaron juntos.

La infusión comenzó al anochecer.

Durante las primeras dos horas, Mia permaneció estable.

En la tercera, la temperatura subió y el monitor cardíaco cambió de ritmo.

Los médicos sacaron a la familia.

Thomas observó desde el pasillo.

—Hay un paso que no incluí en el cuaderno —dijo.

Rachel se volvió con furia.

—¿Qué paso?

—Una proteína de bloqueo. Solo existe una muestra.

—¿Dónde?

Thomas miró a Emily.

—Dentro de Vale Therapeutics, en un laboratorio que Marcus hizo sellar.

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El edificio estaba bajo custodia federal.

Y el código de acceso pertenecía a Richard Vale.

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