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Capítulo 06 - El padre que volvió demasiado tarde

Chapter 06 - Capítulo 06 - El padre que volvió demasiado tarde

Después de la llamada, Sofía pidió quedarse sola diez minutos. No quería que los adultos interpretaran inmediatamente cada frase de Esteban. Se sentó con la fotografía de Clara adolescente y buscó diferencias con la mujer enferma de los últimos vídeos. Encontró la misma arruga junto al ojo cuando sonreía.

Más tarde preguntó a Álvaro si alguna vez había dejado de querer a Clara. Él respondió que intentó convertir el amor en desprecio porque resultaba menos doloroso que aceptar que la perdió sin entender por qué. Sofía le dijo que aquello explicaba la grabación, pero no la borraba.

Álvaro aceptó. Escribió para ella una transcripción completa de la conversación original, incluyendo las frases anteriores y posteriores. No pidió que la leyera de inmediato. Quería que, cuando estuviera preparada, pudiera conocer el contexto sin tener que depender de su versión hablada.

Antes de la videollamada, la terapeuta pidió a Sofía preparar tres preguntas y una palabra para detener la conversación. La palabra elegida fue «invierno», porque Clara la usaba cuando necesitaban abandonar un lugar sin explicar delante de otros.

Sofía escribió primero: «¿Por qué no me buscó?». Después tachó la frase. No quería permitir que Esteban convirtiera el miedo en una historia noble. La sustituyó por: «¿Qué protegió cuando decidió no buscarnos?». La precisión obligaba al anciano a nombrar lo que eligió.

Álvaro observó desde otra habitación. Le dolía que una niña necesitara herramientas de interrogatorio para hablar con su bisabuelo. También comprendió que su deseo de entrar y defenderla podía robarle el control que todos prometían devolverle. Permaneció fuera hasta que Sofía pidió su presencia.

Después de la llamada, Esteban envió una fotografía de Clara a los diecisiete años, sentada sobre el capó de un coche y riéndose. Sofía nunca la había visto tan joven. Durante unos minutos olvidó las cuentas y las clínicas. Preguntó qué música escuchaba, por qué llevaba el cabello tan corto y quién tomó la foto. Esteban respondió. A veces, incluso un hombre culpable conservaba recuerdos verdaderos. Aquello hizo el juicio moral más difícil, no más fácil.

Esteban Valmont tenía setenta y cuatro años.

La policía internacional encontró un rastro en Portugal: una clínica privada, una cuenta pagada en efectivo y un apartamento alquilado bajo el nombre de Eduardo Salas.

No había pruebas de que siguiera allí.

Álvaro observó el fotograma una y otra vez.

—¿Por qué Clara lo dejó entrar?

Sofía no sabía.

El último vídeo terminaba antes de que Esteban hablara.

En otra carpeta había un audio grabado al día siguiente.

La voz de Clara era débil.

—Mi padre dice que quiere confesar. Dice que Beatriz fue quien falsificó los documentos de Santa Irene y que él intentó detenerla. No le creo. Los dos hicieron cosas que destruyeron vidas. Pero quizá uno de ellos tema ahora al tercero.

—¿El tercero? —preguntó Lucía.

Clara mencionaba a Rafael Quiroga.

Según Esteban, Rafael comenzó como ejecutor: vigilaba a Clara, movía documentos, intimidaba empleados. Después descubrió cuánto dinero desviaba la fundación y tomó el control de la red.

—Entonces Beatriz pudo plantar la esmeralda por órdenes de Rafael —dijo Mateo.

—O para encontrar la llave antes que Sofía —respondió Álvaro.

La policía interrogó de nuevo a Beatriz.

Esta vez aceptó hablar.

—Rafael me envió una fotografía de Sofía entrando en el hotel —dijo—. Sabía que llevaba la mitad de la luna.

—¿Por qué robar la esmeralda? —preguntó la detective.

—Porque Elena ocultó dentro la llave de Ginebra.

—¿Por qué culpar a una niña?

Beatriz levantó la barbilla.

—Necesitaba que seguridad la registrara sin que pareciera que yo buscaba el colgante.

—La golpeó.

Por primera vez, Beatriz bajó los ojos.

—Perdí el control.

No era arrepentimiento suficiente.

—¿Dónde está Esteban? —preguntó Álvaro.

Beatriz lo miró a través del cristal.

—Tuvo cáncer. Clara permitió que la viera porque quería respuestas antes de morir.

—¿Él la mató?

—No.

—¿Rafael?

—Clara estaba enferma.

—Eso no responde.

Beatriz cerró los ojos.

—Rafael sustituyó parte de su medicación. No para matarla de inmediato. Quería confundirla y recuperar las pruebas.

Sofía estaba en otra sala y no escuchó esa parte. Lucía decidió que no debía enterarse sin apoyo terapéutico.

—¿Cómo lo sabe? —preguntó la detective.

—Porque él me envió las fotografías.

Beatriz había pagado a Rafael durante años. Cuando intentó romper el acuerdo, él comenzó a chantajearla con los registros de Santa Irene.

—¿Dónde está ahora?

—Buscando a Esteban.

—¿Por qué?

—Esteban conserva la única grabación donde Rafael admite haber ordenado la muerte de Julián Mena.

La policía consiguió ubicar a Esteban mediante una llamada realizada desde un teléfono desechable. Estaba en Lisboa.

Álvaro quiso viajar.

Sofía pidió ir.

—No —dijo Lucía.

—Es mi abuelo.

—Es un hombre acusado de encerrar a tu madre.

—Por eso quiero verlo.

La terapeuta de Casa Aurora recomendó no impedirle toda participación, pero sí protegerla de una confrontación directa. Acordaron una videollamada supervisada.

Esteban apareció en pantalla con oxígeno y la piel gris.

Al ver a Sofía, lloró.

La niña no.

—Te pareces a Clara —dijo.

—Todos dicen eso.

—Yo la amé.

—También la encerró.

Esteban cerró los ojos.

—Sí.

La respuesta sin excusa sorprendió a todos.

Confesó que permitió el internamiento porque Clara amenazó con revelar el fraude de la fundación. Beatriz falsificó firmas, Julián preparó los documentos y Rafael coordinó la clínica. Esteban creyó que sería temporal.

—¿Y cuando supo que estaba embarazada?

—Quise sacarla. Rafael dijo que destruiría a Álvaro y que la niña terminaría bajo tutela de la fundación.

—¿Por qué no fue a la policía?

—Porque yo también era culpable.

Sofía lo miró con una madurez dolorosa.

—Entonces eligió protegerse.

—Sí.

Esteban explicó que Clara escapó gracias a Elena. Después, él fingió seguir aliado con Rafael para reunir pruebas.

—¿Por qué apareció junto a mamá antes de morir?

—Porque me llamó.

—¿La ayudó?

—Llegué tarde.

La voz se le quebró.

Esteban entregó una dirección donde había escondido la grabación contra Rafael. Mateo y la policía portuguesa fueron al lugar.

Encontraron la habitación vacía.

En la pared había una brújula negra pintada.

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Y sobre la mesa, una fotografía reciente de Lucía saliendo de Casa Aurora.

Rafael ya sabía quién protegía a Sofía.

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