Capítulo 07 - El dinero del hombre muerto

Chapter 07 - Capítulo 07 - El dinero del hombre muerto
Angela pidió que nadie tocara el portátil.
Marina llamó a un técnico forense y fotografió la transferencia desde tres ángulos. Celeste se alejó de la mesa. Natalie permaneció junto a la puerta, como si temiera que cualquier movimiento pudiera convertirla otra vez en cómplice.
—¿Quién era tu marido? —preguntó Valerie.
—Mark Morris. Auditor especializado en fraude corporativo.
—¿Trabajó para los Blackwood?
—Oficialmente, no.
La respuesta llegó con demasiadas capas.
Angela se sentó.
Mark había investigado Wintermere durante casi dos años. Empezó por encargo de un sindicato de empleados que sospechaba que la empresa desviaba aportaciones de pensiones. Después encontró pagos a políticos, clínicas privadas y acuerdos con víctimas de Daniel.
—Murió hace seis meses —dijo Angela.
—Lo sé. Me dijiste que fue un accidente.
—Eso dice el informe.
Mark conducía hacia Albany cuando su coche salió de la carretera durante una tormenta. No había alcohol ni problemas mecánicos evidentes. Angela aceptó la explicación hasta que, semanas después, encontró una llave de seguridad cosida dentro de su abrigo.
La llave abría una caja bancaria.
Dentro había copias de cuentas de Wintermere y una nota: «No confíes en el primer culpable que te ofrezcan».
—¿Y el dinero? —preguntó Marina.
—No estaba en nuestras cuentas personales.
La empresa receptora, Morris Risk Consulting, había sido cerrada después de la muerte de Mark. Angela creía que no tuvo actividad en el último año.
El técnico accedió a los registros públicos. Wintermere transfirió cien mil dólares. Dos días después, noventa y cinco mil salieron hacia una cuenta fiduciaria administrada por un despacho de Albany.
—Quizá estaba rastreando el dinero —dijo Angela.
Valerie no aceptó la suposición.
—O quizá cobró.
—Sí.
Angela no se defendió.
—Y hasta que lo sepamos, no participaré en decisiones sobre esta evidencia.
Marina asintió.
—Eso es lo correcto.
Regresaron a la casa de Angela acompañadas por un agente. Era un piso modesto en Brooklyn, lleno de libros y cajas sin abrir. Angela confesó que había dejado intacto el despacho de Mark porque cada objeto parecía contener una pregunta.
La llave bancaria seguía en una carpeta.
La caja guardaba también una grabadora, cuatro memorias y un sobre dirigido a Natalie Blackwood.
Natalie lo sostuvo sin abrir.
—Nunca me dijo que había dejado esto.
—¿Conocías a Mark? —preguntó Valerie.
—Sí.
La palabra sorprendió a Angela más que a nadie.
Natalie explicó que Mark contactó con ella después de su despido. Sabía que había firmado pagos de Wintermere. Le ofreció dos opciones: ayudarlo a rastrear la red o esperar a que Patricia la convirtiera en responsable.
—¿Por qué no me lo contaste? —preguntó Angela.
—Él dijo que cuanto menos supieras, más segura estarías.
Angela soltó una risa amarga.
—Los hombres también llaman protección a decidir por nosotras.
El sobre contenía una carta.
«Natalie: si yo no termino esto, entrega el archivo a alguien capaz de admitir su propia participación. No busques una persona inocente. En Blackwood House quizá no exista».
La primera memoria mostraba cuentas y contratos. La segunda contenía entrevistas con antiguas empleadas. La tercera estaba cifrada.
La cuarta incluía un vídeo de Mark.
—Wintermere funciona gracias a firmas digitales emitidas a nombre de Natalie Blackwood —decía—. Algunas fueron usadas sin su conocimiento. Otras no. Natalie ha admitido que autorizó pagos después de saber que las facturas eran falsas.
Valerie miró a Natalie.
Ella no huyó de la acusación.
—Es verdad.
—¿Cuántos?
—Nueve.
Los primeros cubrieron abogados y alojamientos para mujeres que Daniel había perjudicado. Patricia le dijo que era la única forma de ayudarlas sin provocar demandas contra la empresa. Después, Natalie descubrió que una parte regresaba a Wintermere mediante empresas de Howard.
—Seguí firmando dos meses —dijo—. Pensaba que podía separar el dinero que ayudaba del dinero que robaban.
Celeste la miró con cansancio.
—No podías.
—Lo sé ahora.
—Lo sabías entonces. Solo no querías aceptar cuánto.
Natalie asintió.
Mark había diseñado una transferencia de prueba. El pago de cien mil dólares entró en su empresa y salió casi completo hacia una cuenta controlada por investigadores. Los cinco mil restantes cubrieron gastos documentados.
—Entonces no aceptó el soborno —dijo Valerie.
—Lo aceptó para seguirlo —respondió Angela—. Y no me lo contó.
El alivio no borró el dolor.
La tercera memoria se abrió con una contraseña escrita en la carta: SAINTORLA1989.
Dentro había un mapa de archivos físicos escondidos en propiedades de Blackwood House. Mark había marcado uno como “prueba de mando”. Se encontraba en la mansión familiar, dentro de la caja de adornos navideños.
Regresaron con una orden.
El árbol seguía encendido. El comedor estaba vacío y la mancha del gratinado había desaparecido del mármol. El personal guardaba los adornos de repuesto en un almacén junto a la capilla privada.
Natalie encontró una figura de ángel con una base más pesada que las demás.
Dentro había una memoria diminuta.
El archivo principal era una reunión grabada en el despacho de Patricia. Participaban Howard, Daniel y un consultor del consejo.
Patricia hablaba con claridad.
—Si Valerie denuncia, activamos la adenda. Si no denuncia, usamos el vídeo para demostrar que tolera un matrimonio conflictivo y no tiene criterio. De cualquier forma, Daniel toma su voto.
Daniel preguntaba:
—¿Y después?
—Después firmas la venta de la división de residencias a Wintermere.
—Dijiste que Wintermere era solo una consultora.
—Es lo que necesitas seguir creyendo hasta que firmes.
Valerie vio cómo Daniel comprendía, incluso en la grabación, que su madre también lo estaba utilizando.
Howard intervino:
—Cuando todo termine, la responsabilidad penal recaerá en él. Los correos están preparados.
Daniel se levantó de la silla.
—No voy a ir a prisión por vosotros.
Patricia respondió con una serenidad aterradora.
—Entonces aprende a controlar a tu esposa.
La fecha era de tres meses antes.
Daniel había tenido tiempo de advertir a Valerie.
En lugar de hacerlo, intentó cumplir el plan.
El teléfono de Valerie sonó.
Era él.
—No cuelgues —dijo—. Mi madre ha vaciado las cuentas y Howard ha desaparecido. Tengo una prueba que no está en los archivos de Mark.
—Entrégala a la policía.
—No puedo.
—¿Por qué?
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Daniel respiró.
—Porque demuestra que fui yo quien falsificó la primera firma de tu padre.