Globalnewsdesk

Capítulo 02 - El mensaje que no debía existir

Chapter 02 - Capítulo 02 - El mensaje que no debía existir

Daniel fue conducido al despacho para prestar declaración por separado.

No estaba detenido. La agente explicó que necesitaban esclarecer lo ocurrido y que Valerie podía solicitar una orden de protección de emergencia. Patricia protestó por la palabra protección, como si fuera una acusación más grave que el empujón.

—Mi hijo no es un delincuente —dijo.

La agente miró el suelo manchado.

—Eso lo decidirá la investigación.

Valerie fue atendida por un sanitario. Tenía una contusión en la cadera y una herida superficial en la cabeza. Nada roto. Nada que pareciera suficiente para quienes solo creían en el daño cuando dejaba huesos visibles.

Natalie se quedó a su lado.

—Lo siento —susurró.

Valerie observó la puerta cerrada del despacho.

—¿Por esta noche o por todas las anteriores?

Natalie bajó la mirada.

—Por ambas.

Robert permanecía sentado al extremo de la mesa. Se había quitado la chaqueta y parecía diez años mayor. Cuando Valerie se acercó, él intentó ponerse en pie.

—No hace falta —dijo ella.

—Debí intervenir.

—Sí.

Robert asintió, como si agradeciera que no lo absolviera.

—Patricia me dijo que era una discusión entre vosotros.

—Siempre te dice lo necesario para que no hagas nada.

Él apretó los dedos alrededor del bastón.

—Y yo siempre encuentro una razón para creerla.

Los policías solicitaron acceso al sistema de seguridad. Valerie entregó una copia protegida, pero no las claves principales. Angela había insistido en que cualquier acceso se realizara mediante orden formal para preservar la cadena de custodia.

La abogada llegó veinte minutos después.

Tenía cincuenta y dos años, el cabello gris recogido y un abrigo verde oscuro. No abrazó a Valerie. Le tocó el antebrazo y la miró a los ojos.

—¿Estás segura?

—Sí.

—¿Te mareas?

—No.

—Entonces vamos paso a paso.

Angela revisó el intento de acceso a la nube. La dirección IP correspondía al despacho de Daniel, pero el usuario utilizado era el suyo.

—Yo no estoy conectada desde aquí —dijo.

—¿Alguien tiene tu contraseña?

—Nadie debería.

El matiz no pasó inadvertido.

Valerie abrió el historial. La contraseña se había introducido correctamente al primer intento. Después, el sistema solicitó un código enviado al teléfono de Angela y la sesión quedó bloqueada.

—¿Te llegó el código?

Angela buscó su móvil.

No estaba en el bolso.

Recordó haberlo dejado sobre la mesa de entrada cuando el mayordomo le quitó el abrigo. Fueron al vestíbulo. El teléfono seguía allí, pero la pantalla mostraba una notificación eliminada.

—Alguien lo tocó —dijo.

La cámara del vestíbulo había dejado de grabar durante seis minutos.

Patricia se acercó, acompañada por su abogado de familia, Howard Crane.

—Esta casa está llena de fallos técnicos desde que Valerie decidió gestionar la seguridad como si fuera una aficionada.

Angela la miró.

—Curioso que los fallos aparezcan justo donde usted los necesita.

Howard intervino.

—No vamos a aceptar insinuaciones.

—Perfecto. Aceptaremos registros.

La policía ordenó que nadie abandonara la casa hasta terminar las primeras entrevistas. Patricia pidió medicamentos para la tensión. Robert dijo que estaban en el armario del baño principal.

Natalie se ofreció a buscarlos.

Volvió con el frasco y una carpeta azul.

—Esto estaba detrás de las medicinas de papá.

Patricia se puso rígida.

La carpeta contenía copias de contratos de Blackwood House, transferencias a sociedades desconocidas y un borrador de poder notarial firmado supuestamente por Robert. El documento le concedía a Patricia control total sobre sus acciones por incapacidad médica.

Robert leyó la fecha.

—Yo estaba en Londres ese día.

Howard tomó la carpeta.

—Podría ser una copia de trabajo.

Angela se la retiró.

—Ahora es evidencia potencial.

Valerie hojeó los contratos. Encontró su nombre en tres garantías personales. Una aseguraba un préstamo de doce millones de dólares a una sociedad llamada Wintermere Consulting.

—Nunca he oído hablar de esta empresa.

Natalie levantó la vista.

—Yo sí.

Todos la miraron.

—Wintermere paga los gastos personales de mamá desde hace años.

Patricia dejó de fingir calma.

—No sabes de qué hablas.

—Vi las facturas cuando trabajaba en contabilidad.

—Trabajaste tres meses y te despidieron por incompetencia.

—Me despediste porque pregunté por los pagos a Saint Orla.

Robert frunció el ceño.

—¿Qué es Saint Orla?

Natalie abrió la boca, pero Howard golpeó la mesa con la palma.

—Esta conversación termina ahora.

La agente se volvió hacia él.

—No decide eso.

El abogado recogió su maletín.

—Mi cliente no responderá más preguntas sin una citación formal.

Patricia se levantó.

—Nos vamos al piso de arriba.

—Nadie se va todavía —dijo la agente.

Por primera vez, Patricia pareció comprender que el apellido Blackwood no controlaba aquella habitación.

Angela llevó a Valerie a una sala pequeña junto a la biblioteca.

—Necesito preguntarte algo desagradable.

—Hazlo.

—¿Conocías Wintermere?

—No.

—¿Firmaste alguna garantía en blanco durante el último año?

Valerie recordó una carpeta presentada por Daniel después de una cena. Le dijo que eran renovaciones de seguros para varios hoteles. Ella estaba cansada y firmó tres páginas marcadas con adhesivos amarillos.

—Firmé documentos sin leerlos completos.

Angela no la juzgó.

—Eso puede explicar una firma real en un contrato distinto.

—¿Cambiarían páginas?

—O habrían utilizado la firma para crear un anexo.

Valerie se sentó.

Había pasado meses diciéndose que era prudente, que estaba recopilando pruebas y esperando el momento correcto. Aun así, su propia necesidad de evitar otra discusión había abierto una puerta.

—El mensaje que me enviaste —dijo—. “¿Mordió el anzuelo?”. Si lo filtran, parecerá que organicé todo.

Angela asintió.

—Quería que Patricia hablara de las cuentas. No que Daniel te hiciera daño. Lo dejaremos claro.

—La gente creerá lo que sea más cómodo.

—Entonces tendremos que mostrar algo más incómodo.

El teléfono de Angela vibró. Era un correo automático del sistema de nube.

El intento de acceso había activado una copia de emergencia de todos los archivos vinculados a la cuenta de Daniel.

No solo había vídeo.

Había grabaciones de audio de los últimos noventa días en las zonas comunes, configuradas por Daniel cuando instaló un asistente doméstico para controlar luces y climatización. Él nunca desactivó la opción de diagnóstico.

Angela abrió una de las carpetas.

La primera grabación era de tres semanas antes.

Se oía la voz de Patricia:

—En Navidad, haz que pierda el control. Si parece inestable, el consejo aceptará retirarle el voto.

Daniel respondió:

—¿Y si no lo pierde?

—Entonces perderás tú el control. Pero procura que parezca culpa suya.

Valerie sintió un frío distinto al miedo.

No había sido una explosión espontánea.

Habían preparado la escena.

Sin embargo, la grabación continuó y apareció una tercera voz.

Era Angela.

—Antes de hacer nada —decía—, necesito saber cuánto está dispuesta a pagar.

May you like

Valerie miró a su abogada.

Angela había dejado de respirar.

Related Stories

Other posts