Capítulo 09 - La fotografía del traidor

Chapter 09 - Capítulo 09 - La fotografía del traidor
La imagen podía mentir sin haber sido manipulada.
Ellie lo sabía. Una fotografía detenía un segundo y permitía que quien la mirara inventara todo lo anterior y lo posterior. Aun así, ver a Thomas entregando un sobre a Walter Vale le provocó una punzada física.
—Envíamela —dijo.
Graham guardó el teléfono.
—No hasta que aceptes negociar.
—Entonces no te interesa la verdad. Te interesa el precio.
—Quiero salvar la empresa.
—Quieres conservarla.
Graham salió sin responder.
Daniel consiguió una copia de la fotografía mediante una solicitud urgente de prueba. Un experto confirmó que el papel y la emulsión correspondían a la época. No había señales visibles de montaje.
—Eso no demuestra el contenido del sobre —dijo Hannah.
—Ni quién escribió la nota —añadió Daniel.
Ellie amplió el fondo. La fotografía había sido tomada en un aparcamiento militar. Detrás de Thomas se distinguía una camioneta blanca y, reflejado en una ventana, el brazo de una tercera persona.
—Alguien los vigilaba —dijo.
Noah, instalado temporalmente en una habitación del despacho de Daniel, buscó archivos digitalizados de la empresa. Encontró facturas emitidas por Vale Quality Systems durante las semanas previas a la muerte de Thomas. Walter había rechazado tres lotes de piezas. Arthur ordenó aceptarlos de todos modos.
—Walter y Thomas estaban del mismo lado —concluyó Hannah.
—Probablemente —dijo Ellie—. Pero necesitamos probar qué llevaba el sobre.
Susan recordó que Arthur conservaba álbumes con fotografías de reuniones y obras. Parte de su archivo había sido donado a una biblioteca universitaria. Daniel solicitó acceso.
Mientras esperaban, Hannah recibió una llamada de su despacho en Chicago. La suspendían temporalmente por «asuntos reputacionales». Un blog había publicado que ayudaba a su madre a extorsionar a Whitlock & Pierce.
—Papá ha hecho esto —dijo.
Ellie vio cómo su hija intentaba contener el llanto.
—Lo arreglaremos.
—No quiero que lo arregles. Quiero dejar de ser una pieza entre vosotros.
—Tienes razón.
Hannah se sorprendió otra vez. Había esperado una orden, no una aceptación.
—Vuelve a Chicago si lo necesitas —continuó Ellie—. Este caso no es tu obligación.
—No pienso irme.
—Entonces quédate porque lo eliges, no porque sientas que debes compensarme.
Hannah la abrazó con fuerza.
Aquella noche, Celeste llamó desde un número desechable.
—Graham tiene la fotografía, ¿verdad?
—Sí.
—La utilizó contra mi padre durante años. Le dijo a mi madre que Walter había vendido una ruta militar a cambio de dinero. Ella murió creyéndolo.
—¿Qué había en el sobre?
—Informes de calidad y el dinero recuperado. Mi padre iba a entregarlo a un agente federal.
—¿Cómo lo sabes?
—Encontré su agenda. Pero falta la página de ese día.
—¿Quién tomó la foto?
—Arthur. O alguien contratado por él.
Celeste respiró hondo.
—Mañana Marcus presentará al consejo un informe que acusa a Graham de ocultar pasivos. Quiere destituirlo y nombrarme presidenta provisional. Después venderá la división pública a su propia sociedad.
—¿Y tú aceptarás?
—Si no lo hago, publicará la fotografía y los registros de Thomas.
—Eso perjudicaría también a tu padre.
—Marcus cree que los muertos sirven mejor como culpables.
Ellie reconoció una frase que podría haber dicho Graham.
—Dame el libro de cuentas.
—No puedo entrar en la caja fuerte sin que él lo sepa.
—Entonces graba la reunión.
—¿Para ayudarte?
—Para ayudarte a decidir quién quieres ser cuando ya no puedas culpar a Graham.
Celeste cortó.
A la mañana siguiente, la reunión del consejo se celebró en la misma planta donde Ellie había llegado con el petate. Esta vez entró con un traje azul prestado por Hannah y el colgante de Thomas bajo la blusa.
Los miembros del consejo evitaban mirarla. Graham ocupaba la cabecera. Marcus estaba a su derecha. Celeste, a la izquierda.
Daniel presentó el acuerdo de participación y la orden judicial. Ellie tenía voz y voto.
Marcus sonrió.
—Perfecto. Así la coronel podrá presenciar cómo salvamos la empresa de la mala gestión de su esposo.
El informe financiero era devastador. Deudas ocultas, proyectos deficitarios, garantías personales y préstamos respaldados por la póliza de Ellie. Graham había maquillado cifras durante tres años.
—¿Niega estos datos? —preguntó Marcus.
Graham miró a Ellie antes de responder.
—No. Pero fueron medidas temporales para proteger empleos.
—Desvió fondos del plan de pensiones —dijo una consejera.
—Los repuse.
—Con un préstamo condicionado a la muerte o incapacidad de su esposa —añadió Daniel.
Los murmullos crecieron.
Marcus propuso destituir a Graham y nombrar a Celeste presidenta provisional. Necesitaba dos tercios de los votos. El treinta y uno por ciento de Ellie bloqueaba la mayoría.
—Coronel —dijo Marcus—, su marido la traicionó. Vote con nosotros y tendrá acceso inmediato a sus acciones y a una compensación generosa.
Era una oferta diseñada para parecer justicia.
Ellie miró a Celeste.
—¿Qué ocurrirá con la división de contratos públicos?
—Se venderá para estabilizar el grupo —respondió ella.
—A Dale Strategic Holdings.
Celeste no contestó.
—La empresa de tu hermano.
Marcus cerró la carpeta.
—Eso está sujeto a valoración independiente.
Ellie se levantó.
—Mi voto es no.
Graham exhaló, casi aliviado.
—También voto a favor de suspender al señor Whitlock durante una auditoría externa —continuó ella—. Y de impedir cualquier venta a empresas relacionadas con miembros del consejo.
La cara de Graham cambió.
Ellie no lo estaba salvando. Estaba bloqueando a ambos bandos.
La propuesta obtuvo mayoría simple. Graham quedó apartado. Marcus perdió la venta inmediata. Se nombró una dirección temporal independiente.
Al terminar, Celeste siguió a Ellie hasta el ascensor.
—Ha cometido un error —dijo.
—No he venido a elegir entre dos ladrones.
—Marcus no se detendrá.
—Tampoco yo.
Las puertas comenzaron a cerrarse. Celeste introdujo la mano y las abrió de nuevo.
—Encontré la página de la agenda de mi padre.
Le mostró una fotografía en el teléfono. La anotación decía: «T.H. trae pruebas y 120.000. G.W. conoce ruta. No confiar».
Debajo había una hora y un lugar.
Ellie sintió frío.
La hora era posterior a la muerte oficial de Thomas.
May you like
—Eso es imposible —dijo.
—A menos que la hora de su muerte fuera falsificada.