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Capítulo 12 - Después del funeral

Chapter 12 - Capítulo 12 - Después del funeral

Thomas fue trasladado a un hospital bajo custodia federal.

Los médicos confirmaron lesiones cerebrales antiguas, años de sedación excesiva y períodos prolongados de aislamiento. Podía reconocer rostros y recordar escenas concretas, pero confundía fechas. Hablar lo agotaba. Cada respuesta exigía paciencia.

Ellie permaneció junto a la cama durante la primera noche.

No intentó llenar diecinueve años con preguntas. Le contó cosas sencillas: que su madre había muerto tranquila, que Hannah era arquitecta, que el viejo granero de Kentucky se había convertido en una escuela. Thomas escuchaba con los ojos cerrados y a veces apretaba su mano.

—Pensé que estabas muerto —dijo Ellie.

Él la miró.

—Yo también.

La frase contenía una vida entera.

A la mañana siguiente, Samuel y una neuropsicóloga realizaron una entrevista grabada. Thomas recordó la emboscada, el fallo de dirección y el puesto médico. Recordó a Graham tomando la bolsa.

—Le dije… entrégala —murmuró.

—¿Volvió a verlo? —preguntó Samuel.

Thomas asintió.

—Después… habitación blanca. Arthur dijo funeral. Dijo Nell lloró. Graham vino de noche.

Ellie se acercó.

—¿Cuánto tiempo después?

Thomas cerró los ojos, buscando.

—Flores muertas. Televisión… tu uniforme. Graham dijo que no podía sacarme. Dijo que padre vigilaba.

Graham no había descubierto a un desconocido seis años atrás. Había visto a Thomas poco después del funeral.

Daniel llamó a los abogados de Graham. Dos horas después, él llegó escoltado por un investigador federal.

En la sala privada, Ellie colocó la grabación delante de él.

—Mírame y vuelve a mentir.

Graham escuchó la voz débil de Thomas. Su rostro se descompuso.

—Fui una vez —admitió—. Arthur me llevó.

—Acabas de decir durante días que no sabías que estaba vivo.

—Mi padre afirmó que Thomas había sufrido daños irreversibles y que sacarlo pondría en peligro a todos. Dijo que los militares habían confundido los cuerpos después del ataque y que corregirlo provocaría una investigación internacional.

—¿Y qué hiciste?

—Le pedí que lo trasladara a un hospital mejor.

Ellie se levantó.

—Luego volviste a casa y dormiste a mi lado.

Graham empezó a llorar.

—Tenía treinta y nueve años. Mi padre controlaba la empresa, las cuentas, la casa. Amenazó con acusarte de participar en el robo de Thomas. Dijo que perderías tu carrera y a Hannah.

—Así que elegiste por mí.

—Elegí a nuestra hija.

—No pronuncies su nombre para limpiar lo que hiciste.

Hannah estaba en la puerta. Graham no sabía que había llegado.

—¿Me elegiste? —preguntó—. ¿Cuando dejaste que mamá enterrara a su hermano vivo? ¿Cuando falsificaste su divorcio? ¿Cuando usaste mis palabras para declararla incapaz?

—Hannah, yo…

—No me elegiste. Me utilizaste como explicación.

Graham se cubrió la cara.

Ellie no sintió satisfacción. Había esperado el momento en que él quedara reducido por la verdad, pero verlo solo produjo cansancio.

—¿Por qué seguiste pagando después de la muerte de Arthur? —preguntó Daniel.

—Porque Marcus encontró los registros. Me dijo que, si dejaba de hacerlo, revelaría todo. Después compró la residencia y tomó el control del paciente.

—¿Celeste sabía que Thomas estaba vivo?

—No. Creí que cuanto menos supiera, más segura estaría.

Ellie soltó una risa incrédula.

—También la protegías.

—La amaba.

Celeste, que esperaba en el pasillo, oyó la frase. Entró sin permiso.

—No. Amabas que yo no conociera todas tus mentiras.

Graham levantó la vista.

—Celeste, no es el momento.

—Nunca era el momento. Ni para dejar a Ellie, ni para contarme quién era Thomas, ni para admitir que mi padre murió por las mismas pruebas que tú escondiste.

Se quitó la alianza y la dejó sobre la mesa.

—He entregado al fiscal los correos con Marcus.

Graham se quedó inmóvil.

—También estás implicada.

—Lo sé.

—Irías a prisión.

—Puede que sí.

Por primera vez, Celeste no parecía calcular el efecto de sus palabras. Parecía una mujer cansada de mantener una postura que ya no sabía sostener.

El fiscal ordenó detener a Marcus por obstrucción, secuestro civil y manipulación de pruebas. Pero cuando los agentes llegaron a la clínica, él había desaparecido. Encontraron documentos quemados y un disco duro destrozado.

Noah recuperó parte de la información. Había transferencias a jueces, médicos, administradores y empresas pantalla. Una de las cuentas receptoras pertenecía al doctor que certificó la muerte de Thomas.

También halló un calendario compartido entre Marcus y Celeste.

Una cita llamó la atención de Hannah: «Entrega E.W. — jueves, hangar 4».

—E.W. soy yo —dijo Ellie.

Daniel revisó la fecha. Era el día siguiente.

Celeste negó con fuerza.

—No sé qué significa.

Noah abrió el archivo adjunto. Contenía una copia del pasaporte de Ellie, un plan de vuelo privado y una autorización médica falsa para trasladar a una paciente con «crisis psiquiátrica aguda» fuera del estado.

—Pretendían llevarte a una clínica —dijo Hannah—. Igual que a Thomas.

Celeste se acercó a la pantalla.

—Marcus preparó esto sin mí.

—Tu nombre está en la cita —respondió Daniel.

—Porque quería incriminarme o porque esperaba que lo ayudara.

Ellie la observó.

—¿Lo habrías hecho?

Celeste tardó demasiado en contestar.

—Hace una semana, quizá.

La honestidad volvió a ser brutal.

El agente federal recibió una llamada. Marcus había utilizado una tarjeta en un motel cerca del aeropuerto. Un equipo salió a buscarlo.

Mientras todos se movían, Thomas comenzó a agitarse en la cama. Ellie regresó a su lado.

—Está bien. Estoy aquí.

Él negó y señaló el colgante.

—Dentro.

—¿Dentro de qué?

Thomas tocó la estrella de plata.

—Abre.

Ellie examinó el colgante. Siempre había creído que era una pieza maciza. Thomas presionó la punta gastada y una pequeña tapa cedió.

En el interior había un rollo diminuto de película fotográfica.

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Thomas sonrió por primera vez.

—Arthur nunca la encontró.

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